Personas que han hecho historia en Irapuato
Personas que han hecho historia en Irapuato

Personas que han hecho historia en Irapuato

Opinión
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Parte 5

Javier Martín Ruiz.


Continúo escribiendo algo de la historia de tantas personas que fueron base para que disfrutemos, al menos parte de nuestra ciudad, y de que nosotros seamos mejores como seres humanos. Ahora lo hago sobre la vida y obra de un matrimonio que fue ejemplar:  el de Don Manuel Vargas y su esposa, Doña Guadalupe Chávez de Vargas, y los patrocinios realizados por ellos que aún los recibimos afortunadamente. Los dos nacidos en esta ciudad de Irapuato, personas ricas y generosas decidieron desprenderse de parte de sus bienes para realizar una causa noble: la construcción de un hospital. Humanitarios de corazón, habían visto la carencia de una institución que cubriera la necesidad de contar con un espacio para la atención de los enfermos.


Así fue como donaron el terreno y dinero para la construcción de un servicio de beneficencia pública el que llevó por nombre “Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe” en honor de su bienhechora, el que fue atendido por las religiosas de la ‘Congregación de las Josefinas’, conocidas como ‘Madres de la Caridad’ y médicos altruistas, como el Dr. Carlos Dávila, uno de los varios que daban consulta gratis todos los días, desde el año de 1906 y a lo largo de algunos años.


 El año de 1915 las ‘Madres Josefinas’ fueron sustituidas por enfermeras civiles. El hospital fue inaugurado el día 30 de septiembre de 1905 por el Señor Obispo de León Don Leopoldo Ruiz y Flores, y apadrinado el acto por la señora Doña María Coronel de Obregón y su esposo, el Licenciado Joaquín Obregón González, Gobernador Constitucional del estado de Guanajuato (1893-1896), la Señora Guadalupe Ramírez de Covarrubias, la Señora Mercedes Covarrubias de Ayala, el señor Jesús Covarrubias y Don Melchor Ayala, Jefe Político de Irapuato (1905-1910).


Encargados de dar realce al evento fueron los señores Don Manuel M. Vargas, Don Francisco C. Ibarra y Don Francisco Montes de Oca. Don Manuel Vargas había fallecido por lo que la señora Guadalupe Chávez asistió sola a la ceremonia.  El hospital fue el tercero con el que contó Irapuato y fue llamado ‘Hospital Civil’ y estuvo construido en la ‘Calzada de Guadalupe’, esquina con la calle 20 de noviembre, número 73. Posteriormente fue cambiado a su lugar actual, entre las ‘Avenidas Guerrero y Reforma’ y la calle ‘Reverte mexicano’. Generosos siempre, la señora Guadalupe Chávez participó proporcionando donativos, el pago del aceite de la Lámpara del Santísimo en el templo de Nuestra Señora de la Soledad y otras más obras de cariño en favor de la gente menesterosa. Por su parte, Don Manuel Vargas, su esposo, cubría, además de otras obras de entrega, el pago de maestras del Colegio de la Enseñanza.


Bienhechores en la educación, la salud y en la vida religiosa, este matrimonio de Don Manuel Vargas y su esposa, la señora Guadalupe Chávez, son personas ilustres y así debemos reconocerlos porque sus obras continúan beneficiando a muchos irapuatenses.


El siguiente personaje del que comentaré algo lo es Don Antonio de Retana ya que, aunque no nacido en Irapuato, su actividad produjo que Irapuato fuera reconocida como ‘Capital mundial de las Fresas’ y veamos el porqué. Don Antonio trajo a Irapuato en el año de 1871 los primeros bulbos de fresa, los que durante muchos años fueron cultivados a gran escala. En los años ochenta el cultivo se intensificó, beneficiado con los estudios del clima hechos por el señor Oscar Droegue, alemán, botánico experto, quien aseguró que las tierras y el clima de Irapuato eran propicios para el cultivo de toda clase de hortalizas y flores, muy particularmente para los cultivos de fresas y nardos cuyos cultivos sobrepasaría al de otros lugares, ya que el transporte de ferrocarril, ya existente en Irapuato, hacía más fácil y rápido el mercado de ellas.


Los primeros plantíos de que se sabe fueron en la ‘Hacienda de San Juan de Retana’, en ‘el jardín de Retana’ y en la ‘Huerta de Moussier’, posteriormente, en las orillas del ‘rio Silao’, lo que actualmente es el ‘Blvd. Díaz Ordaz’, a la altura de su cruce con la ‘calle Bolívar’. Las primicias de estos plantíos fueron dedicadas a ‘San Antonio de Padua’ en su ‘Capilla del Camposanto’ (lo que anteriormente era un huerto conocido como ‘Monte de las Cruces’ en el cruce de los actuales Blvd. Torres Landa y avenida Independencia y que, a un lado de la capillita de adobe dedicada a ‘san Antonio de Padua’ y destruida por la inundación habida en Irapuato el 18 de agosto de 1973, en parte de ese huerto se enterraban a los fallecidos, por lo que era llamado como ‘camposanto’), lugar ocupado actualmente por el templo del mismo nombre y el edificio del ‘Centro de Salud’, sobre el ‘Blvd. Juan José Torres Landa’.


Fue tanta la actividad que tuvo Irapuato con la producción de flores que fue conocida como ‘La ciudad de las Flores’ y ‘La ciudad del Nardo’, pues la mayor parte de sus habitantes se dedicaban al cultivo de la flor, y en todas las festividades no podía faltar el nardo como adorno. El cronista nato de Irapuato, Don Eduardo M. Vargas Galeana, señalaba que pocos lugares de la república mexicana rivalizaban con Irapuato en el cultivo de los nardos. La esbeltez de su tallo, el color de la florecilla y, sobre todo, su fragancia, atraían la atención de todos cuantos los veían y olían.


Era notable el movimiento del embarque de nardos en trenes hasta la frontera norte y puertos en ambos océanos. Había muchas personas que, sin importar distancias, venían a comprar la planta y comenzar ellos igualmente el cultivo de la planta. Con esta información nos damos cuenta que Irapuato ‘siempre ha sido más importante que lo que le hemos otorgado o reconocido’.  Espero que, ‘reflexivamente’ le otorguemos más trabajo y reconocimiento a nuestra ciudad y personas que siguen haciendo historia en Irapuato. Igualmente, las Religiosas que atendían el Colegio de la Enseñanza (el edificio actual que ocupa la Presidencia Municipal) tomando en cuenta la gran cantidad que había en Irapuato de moras, en la que sabemos se cría el gusano de seda, dedicaron parte del tiempo de las educandas a tejer ropa de seda, producto de ese animalito.


Fue tanta la calidad en el tejido de ese material natural que llegaron a ganar premios a nivel nacional.


Aún más, Irapuato se distinguió por la gran cantidad de árboles frutales, los que cubrían gran parte de sus terrenos; limas, naranjas, limones, peras y más árboles frutales proliferaban en Irapuato. Y más todavía, desde el arribo a Irapuato de los primeros bulbos de fresa, surgieron muchos artesanos para fabricar canastas de palma que sirvieran como recipiente de ellas. Con escritos mensajes productivos debemos alentar, las autoridades respectivas a la cabeza, tanto el sembradío de árboles frutales y de moras para crear fuentes de trabajo y así reducir notablemente la pobreza entre las clases indigentes. Y no se diga de la calidad de los tejedores de canasta de palma y sombreros, los que, en talleres apropiados y con maestros competentes, alentar el trabajo de ese material para, igual, hacer crecer el patrimonio económico de los pobladores de la región. Seguramente, al leer esta información, Atala Solorio Abreu, directora del IMCAR, activa y entusiasta como siempre, pondrá manos a la obra creando un taller para los tejedores de palma. Termino. En mi siguiente escrito continúo comentando sobre más personas notables en nuestra ciudad. Como siempre espero críticas constructivas a este trabajo y me suscribo como guía y conferencista.


 


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