Triste sexenio
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Opinión
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Pero no sabían. Enrique Peña Nieto empezó con una aprobación ciudadana del 54% y cinco años después estaba en 26%.


Después de dos sexenios panistas (que lograron la hazaña de sacar al PRI de Los Pinos, pero decepcionaron), el retorno triunfal del PRI confirmó la alternancia democrática y asombró al lograr reformas importantes. Se dijo que habían vuelto los que sí sabían gobernar.


Pero no sabían. Enrique Peña Nieto empezó con una aprobación ciudadana del 54% (Consulta Mitofsky) y cinco años después estaba en 26%.


Había prometido “Mover a México”, y firmó ante notario 266 compromisos de su futuro gobierno. El primero fue “Crear la Comisión Nacional Anticorrupción”. Sigue en veremos. Y, según Transparencia Internacional, México cayó en el Índice de Percepción de la Corrupción del lugar 105 (2012) al 135 (2017), entre unos 180 países.


Había prometido “disminuir en al menos 50% la tasa de homicidios”. Pero, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, los homicidios dolosos aumentaron 18% de 2012 a 2017: de 59 a 69 diarios en el país. Y, según Alto al Secuestro el promedio de secuestros en los primeros cuatro años subió 20%: seis diarios contra cinco del sexenio anterior.


Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las violaciones a los derechos humanos en 2017 alcanzaron niveles nunca vistos. Según el Índice Global de Impunidad (Universidad de las Américas Puebla), México ocupaba en 2017 el cuarto lugar entre los países de mayor impunidad en el mundo.


Según la AMIS, el robo de vehículos asegurados aumentó 24% de 202 diarios en 2012 a 250 en 2018. Según la Condusef, las reclamaciones a los bancos, aseguradoras y otros servicios financieros por posibles fraudes se duplicaron de 2012 a 2017.


Peña Nieto llegó al poder a tambor batiente, y la tambora continúa. Según Fundar (“El gasto en publicidad oficial de 2013 a 2016”), el gasto aprobado en 2013 fue de $5.5 millardos, el ejercido $8.2 (casi 50% más). En 2016, se aprobaron $4.6, pero se ejercieron $10.7 (más del doble). Todavía no se sabe lo que costará las fanfarrias de 2018.


De marzo de 2012 a marzo de 2018, el porcentaje de rezagos en la Cámara de Senadores (donde pesa el PRI) subió de 37% a 98%. Los más significativos: transformar la Procuraduría General de la República en Fiscalía General de la República y nombrar fiscal anticorrupción.


Luis Videgaray anunció que “Mover a México” lo sacaría del estancamiento económico. El crecimiento se duplicaría, subiendo por lo pronto al 3.5% en 2013 y llegando al 5% en 2018, sin inflación. Pero no se movió el crecimiento, sino la inflación. Según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (Inegi), fue de 3.57% en 2012 y 6.77% en 2017. Paralelamente, el Índice de Confianza del Consumidor (Inegi y Banco de México) cayó de 99 en diciembre de 2012 a 85 en marzo de 2018.


Según el Banco, el precio del dólar subió 51%, de $13.01 al cierre de 2012 a $19.66 cinco años después. A pesar de lo cual, la balanza comercial pasó de un pequeño superávit en 2012 a un gran déficit en 2017.


Enrique Peña Nieto empezó con una aprobación ciudadana del 54% (Consulta Mitofsky) y cinco años después estaba en 26%. 


Según Pemex, la producción de gasolina cayó 40% de 2013 a 2017. Pero el robo se cuadruplicó de 2,612 a 10,363 tomas clandestinas. Y el precio de la Magna subió 70% de $10.81 el litro en 2012 a $18.50 en 2018.


Según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la deuda pública federal se elevó de 37% del PIB en 2012 a 46% en 2017.


Endeudamiento para el gasto, no para la inversión. Según el Inegi, la formación bruta de capital fijo del sector público bajó año tras año.


El gabinete presidencial ha sido inestable. De los 29 titulares iniciales sólo quedan seis. En los otros 23 despachos han estado dos, tres y hasta cuatro titulares.


Tonterías notables: Ridículas, como recibir en Los Pinos al candidato Trump. O el abordaje armado de yates turísticos para ver si habían pagado los 50 dólares de internación. O la segunda fuga del Chapo Guzmán. Hipócritas, como el impuesto a los refrescos para salvarnos de la obesidad. Vergonzosas, como ocultar lo sucedido con 43 normalistas asesinados. O aceptar de un contratista la construcción de casas para Peña y Videgaray, en condiciones muy favorables. Ineptas, como contratar y cancelar costosamente el proyecto del Tren de Alta Velocidad México-Querétaro. Trágicas, como el Paso Exprés de Cuernavaca a Acapulco con “una durabilidad de más de 40 años” que no duró ni 40 semanas, después de una veintena de muertos en la construcción y dos más al derrumbarse. Tragicómicas, como la toma militar del hospicio de Mamá Rosa que destruyó una obra social admirable.


Pero no todo fue negativo. Las reformas fueron buenas, en términos generales. El desempleo bajó del 5% (abril de 2013) al 3.4% (enero de 2018), según el Inegi. La pobreza extrema se redujo de 11.5 millones de mexicanos en 2012 a 9.4 en 2016, según el Coneval.


El sexenio no llegó a los niveles de Echeverría y López Portillo. Fue nada más un triste sexenio.


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