Aprende a lavar frutas y verduras

Aprende a lavar frutas y verduras

Salud
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No basta con ponerlas bajo el chorro del agua.

Una mala higiene en la cocina puede acarrear malestares gástricos. Foto: Especial.


Según la Agencia de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), “en el medio ambiente —suelo, polvo, agua de riego...— puede haber microorganismos patógenos y elementos químicos que en ocasiones pueden contaminar las frutas y verduras”


“Caemos en la inconsciencia de no limpiar correctamente las frutas y verduras”, advierte el dietista-nutricionista Juan Revenga. 


Lo cierto es que pocas veces reparamos en que una mala higiene en la cocina puede acarrear malestares gástricos, dolores abdominales, reacciones en la piel o enfermedades como listeriosis, infección provocada por la bacteria listeria monocytogenes.


Entonces, ¿hay un truco para cada tipo de alimento? El problema, según Revenga, “no es cómo lavar los vegetales o si hay que utilizar algún desinfectante, sino que muchas veces ni siquiera se hace”, dice Marián García, doctora en Farmacia.


Hay quien piensa que si se lavan muchos las frutas y verduras pueden perder nutrientes en el proceso. La farmacéutica recuerda que “no es así. La merma de propiedades se produce con una mala conservación —hojas deterioradas o vegetales pochos que contaminan otros sanos— o en una cocción en la que tiramos el caldo, que atesora hasta un 30% de estos nutrientes, pero no por eliminar mecánicamente los restos de suciedad donde están los microorganismos o elementos químicos”.


Limpiarse las manos, usar utensilios impolutos y evitar los jabones.


“Lo primero, limpia comenzando limpio”, sentencia Revenga: “Para manipular cualquier alimento es obligatorio que se haga con las manos bien limpias”.


“Además debemos utilizar una superficie de trabajo y un menaje también limpios”, continúa Revenga. “Si se va a pelar el producto, ha de lavarse antes; de este modo el cuchillo o la hoja del pelador no entran en contacto con una piel contaminada y evitamos que puedan dejar restos de esa contaminación —química o bacteriana— en la pulpa ya pelada”, prosigue.


¿Hay que usar algún producto? “El chorro de agua corriente no esteriliza los alimentos (no garantiza la completa eliminación de todos los micoorganismos)”, admite Revenga, “pero sí ha demostrado ser una medida eficaz para reducir de forma importante su presencia así como para la de los posibles pesticidas”.


Revenga indica que no hay que dejar que el jabón ni los detergentes entren en contacto con los alimentos. “Se deben lavar solo con agua, de forma concienzuda si fuera necesario, lo que incluye el frotarlos con un cepillo suave o trapo limpio”, apunta. Finalmente, Marián García aconseja secarlas: “A ser posible, con papel de cocina: si lo hacemos con un trapo puede estar contaminado”.


Ambos subrayan que no hace falta utilizar productos extra aparte del agua. La estadounidense FDA (Food and Drugs Administration) recomienda no usar jabón o pastillas esterilizadoras. 


“A veces se habla de hipoclorito sódico (lejía) o vinagre, pero las autoridades sanitarias no les dan mayor eficacia. Incluso si tenemos ciertos alimentos mucho tiempo en remojo con estos productos, se pueden multiplicar las bacterias”.


¿Cómo hacerlo?


No es lo mismo limpiar un brócoli, que tienden a romperse, que una papa. Revenga, también autor de “Adelgázame, miénteme”, da las pautas para limpiar correctamente distintas verduras y frutas, según sus particularidades:


*Vegetales de hoja: Lave separadamente y de forma individual las hojas de lechuga y otras verduras bajo el chorro de agua corriente. Deseche las hojas exteriores si están feas y pochas. La inmersión previa de las hojas durante unos minutos en un recipiente con agua fría puede facilitar el ablandamiento de tierra y suciedad si están presentes. Séquelas con papel de cocina o use un centrifugador de verduras para eliminar el exceso de humedad.


*Setas: Límpielas con un cepillo suave o papel de cocina húmedo.


*Raíces y tubérculos (papas, zanahorias, rábanos, jengibre…): Enjuáguelos en agua, pélelos (si procede), después lávelos concienzudamente bajo el agua corriente y luego séquelos.


*Vegetales frágiles con ‘recovecos’ (coliflor, brócoli…): Sumérjalos en agua durante uno o dos minutos, después enjuáguelos bajo el chorro de agua corriente y séquelos.


*Manzanas, pepinos, peras y otros de consistencia firme: lávelos directamente bajo el agua, frótelos con un cepillo suave si fuera necesario y séquelos.


*Melones y sandías: Aunque está claro que no nos vamos a comer la piel, son productos que crecen en contacto con la tierra, con lo cual conviene lavar con agua y también frotar su superficie antes de abrirlos y luego secarlos. A la hora de cortarlos, utilice un cuchillo para cortar las tajadas y otro diferente para separar la pulpa de la piel.


*Frutas más o menos blandas (uvas, cerezas, ciruelas, moras…): Estas no deben lavarse hasta el momento de su consumo. Antes de guardarlas se debe revisar y desechar aquellos granos o ejemplares mohosos o que se encuentran en mal estado, porque estos podrían afectar al resto. 


Antes de consumirlos sumérjalos en agua y, posteriormente, enjuáguelos bajo el chorro de agua corriente.


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