Horas de trayecto, sin comida, sin salones, parte de la historia en 34 años como docente
Horas de trayecto, sin comida, sin salones, parte de la historia en 34 años como docente

Horas de trayecto, sin comida, sin salones, parte de la historia en 34 años como docente

Huasteca
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Nicolás de la Cruz, profesor jubilado de educación indígena, nos comparte una pequeña porción de lo que vivió como maestro.

Recordó que durante más de tres décadas tuvo que caminar entre 12 y 15 horas para llegar a su centro de trabajo.

El profesor jubilado Nicolás de la Cruz Hernández recuerda que su labor educativa inició con un contrato de cuatro años en la comunidad de Ilamatlán, Veracruz. Afirmó que ese hecho determinó su vocación a favor de niños y adolescentes en centros educativos de distintas entidades del país.

Recordó que durante más de tres décadas tuvo que caminar entre 12 y 15 horas para llegar a su centro de trabajo.

“A veces no podíamos llegar a la casa por la lejanía y dejar a la familia era doloroso, sobre todo cuando se tienen 16 años de edad y debes enfrentar lo desconocido”, precisó.

Comentó que la profesión de maestro le dejó muchos recuerdos satisfactorios y reconoció que gracias a ello aprendió muchas cosas que le permitieron ser un mejor ser humano.

“Nadie nace sabiendo, en el camino uno se forma, como maestro aprendí a respetar a nuestros semejantes”, asienta.

El vecino de la comunidad de Tepetitla, en Yahualica, dijo que su labor docente fue muy satisfactoria porque le permitió sacar adelante a sus hijos y demás familiares que siguieron sus pasos.

“Es bonito porque había mucha hermandad entre todos, todos llevábamos itacate en hojas de papatla y la comida era para todos sin ningún distingo”.

El maestro jubilado se quejó de la falta de capacitación que hubo en su tiempo con los planes educativos que cambiaban constantemente y no les permitían finalizarlos, pues frecuentemente se buscaba otra manera de impulsar la educación de niños y jóvenes.

“Yo estudié mejoramiento profesional, por lo que la educación Normal la hice en doce años, además no teníamos salones y debíamos andar de un lugar a otro”, destacó.

Recordó que en algunos lugares donde fungió como docente la gente era tan pobre que no había nada para comer por lo que debían sufrir con los vecinos del lugar las carencias y otras necesidades.

“Sufríamos con ellos, recuerdo que en Santa Teresa que cuando no había carretera, la gente hacia una salsa de chiltepín y la bajábamos con un trago de aguardiente, aunque llevaras dinero no había qué comprar, ni comer”.

De la Cruz Hernández se quejó de la pensión que están recibiendo ahora, pues asegura que cuando estaba en funciones ganaba mejor y tenía otras prestaciones.

“No entiendo por qué de jubilado gano menos, trabajé muchos años y me entregué en cuerpo y alma a la enseñanza durante 34 años y lo que me dan no alcanza porque de viejo vienen las enfermedades”, explicó.

Dijo estar satisfecho de ser maestro, al grado que si volviera a nacer seguramente se decidiría nuevamente por la docencia.

“Estoy orgulloso de ser maestro bilingüe y gustoso de seguir sirviendo”, concluyó Nicolás de la Cruz, docente jubilado de educación indígena que, a pesar de los 34 años de servicio que brindo a la sociedad, su labor no es reconocida como esperaba.


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