La hora de los sensatos
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La hora de los sensatos

Opinión
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DESDE BERNALEJO


El semanario de instrucción religiosa “El domingo” (tres del junio que pasó) anotó que el Papa Francisco, hablando sobre algunos principios para el futuro de Europa, pronunció algo que viene muy bien para los momentos que vivimos en México: “favorecer el diálogo -cualquier diálogo- es una responsabilidad fundamental de la política, pero, lamentablemente, se nota demasiado a menudo cómo ésta  se transforma más bien en un lugar de choque entre fuerzas opuestas. Los gritos de las reivindicaciones sustituyen a la voz del diálogo. Desde varios lugares se tiene la sensación de que el bien común ya no es el objetivo primario a perseguir, y ese desinterés lo perciben muchos ciudadanos…”. Sin tener como país la exclusividad en este tipo de andares, la cita de la Santa Sede viene muy bien para entender los turbulentos discursos que llenan plazas y deforman las peroratas anheladas por los oyentes.
Pero bueno, al agarrar el micrófono parece que, por principio, ya no se debe pregonar la sentencia de que todo tiempo pasado fue mejor. Y hay que pensar que lo que sí se puede jurar sobre una biblia es que el paso de los días, meses, años y siglos han dejado una profunda transformación a las diferentes maneras de hablar y de vivir.  Morar ahora bajo el influjo de una especie de vorágine trastoca en segundos y minutos usos y costumbres, sin aviso previo alguno. Y hace que hombres, sociedades y autoridades vivan improvisando a matacaballo las formas de irse hacia el mañana. Hoy, en el caso de nuestro bello país, se desconocen en buena medida detalles enigmáticos que develarán su impacto, agradable o funesto, en la vecina distancia de los próximos amaneceres. ¿Terminará el Tratado de Libre Comercio? ¿Las armadoras de automóviles dejarán de operar en nuestro país? ¿Se robotizará buena parte del trabajo humano? ¿Se logrará frenar la inexorable marcha depredatoria del hábitat  nacional? ¿El hampa bajará el tono de sus insurrecciones? ¿La canasta básica disparará hacia el alza sus precios? ¿Se devaluará hasta lo indecible el peso mexicano? ¿Qué es lo conducente para quitar la mancha social de la pobreza?
Delante de la incertidumbre que casi nos roza el cuerpo debemos concluir que Yogi Berra tenía razón al mencionar que el futuro no es lo que solía ser. Hoy hemos arribado hasta un oscuro cruce de caminos en donde reina el barullo del escepticismo. Como lo registró Leopoldo Abadía en un libro de su autoría: por un lado, unos señores, y unas señoras, hablan y hablan y hablan; y, por otro, muchos señores, y muchas señoras no se lo creen y no se lo creen y no se lo creen. Sugiere el mismo Abadía: ha llegado pues el tiempo de solicitar que sólo hablen los sensatos.


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