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Morena, el nuevo viejo PRI.

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 “Es déjà vu, otra vez”
    Yogi Berra


Esta escena ya la había visto, decimos cuando un flash de una imagen presente hace revivir otra época, otro momento en nuestras vidas. “Déjà Vu” vino del francés y se popularizó en varias lenguas. 

Cuando vemos a Andrés Manuel López Obrador surgen imágenes relámpago del populismo priista de los años setenta, solo que recargado. Veamos:

Entonces era el mito de todas las bondades de la Revolución Mexicana, el ideario que daba sustento a la dictadura que se renovaba cada seis años. De todos los populistas, quien mayor drama y desastre impuso fue José López Portillo. 

Un hombre ilustrado, conocedor y maestro de la teoría del Estado. Escritor versado en la historia y la filosofía, comenzó su sexenio citando a Heráclito: “Todo fluye, nada es estático, nadie se baña dos veces en el mismo río”, contestó cuando algún reportero le preguntaba sobre su ascenso al poder. 

Con el país dolido, lastimado y espantado por las locuras de Luis Echeverría, López Portillo llamó a la unidad y en uno de los discursos más sentidos que haya dado un presidente, pidió perdón a los pobres y hasta lloró. 

Todos estábamos de acuerdo que los pobres eran quienes peor la habían pasado después del desastre de la devaluación de 1976 y la crisis económica. 
Recuerdo que mi padre mandó grabar ese discurso en una lámina, como un trofeo de la inteligencia y la elocuencia política. Su optimismo era inagotable. 

El primero de diciembre del 76 comenzaba el último sexenio de gran expansión económica. En ese tiempo se descubrió la riqueza petrolera en Cantarel y López Portillo abrió la cartera de Hacienda, en la creencia de que teníamos que “administrar la abundancia”. Fueron 5 años de prosperidad. Había que crecer la participación del Estado como motor de la economía. 

El Gobierno invertía en todo, desde hoteles y acereras, hasta plantas de autobuses, complejos turísticos y una política exterior activa y cara. México iba al reencuentro de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que levantaba el vuelo mítico de los ancestros. 

Iraq se peleaba con Irán en una guerra que disparaba los precios del petróleo al equivalente de unos 400 dólares actuales. Todo era Jauja. Jimmy Carter, el entonces presidente de Estados Unidos, visita México y con su bonhomía y sencillez, acepta regaños de López Portillo. Creíamos que el petróleo nos daría abundancia perpetua. 

El remedio para los precios caros son los precios caros. El petróleo se desfondó después de la guerra de Medio Oriente y nuestro petróleo cayó sin remedio. Había contratos con clientes que se rompieron como el cristal. Enfurecido, el emperador mexica, culpó al director de Pemex, Jorge Díaz Serrano, y lo despachó porque había cedido al mercado, amenazó a los compradores, quiso torcer el brazo a los precios y a la fortuna que se reían de él y del país. 

Para tapar el hoyo del ingreso petrolero (era más del noventa por ciento de nuestras exportaciones), comenzó a imprimir dinero y a pedir prestado. En un cándido error dijo a principios de 1982 que “defendería al peso como un perro”. Se refería a la virtud canina de la lealtad. 

El 18 de febrero del 82 vino la devaluación y nuestra moneda cayó el 72. El emperador había dicho lastimeramente que un “presidente que devalúa es un presidente devaluado”. Lo que hizo después fue la decisión populista más grande de la historia reciente. (Continuará)