Historia de las elecciones
Historia de las elecciones

Historia de las elecciones

Opinión
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Parte 1

Javier Martín Ruiz.


Según las circunstancias que estamos viviendo debido al cúmulo de preguntas que, sin respuestas muchas de ellas, tenemos sobre las próximas elecciones en los tres niveles, federales o nacionales, estatales y municipales, presento, me cuestiono o  las propongo: uno, ¿por quién votar?, si no conocemos bien a cada candidato, sus principios, honestidad, probidad, estudios y conocimientos profesionales, experiencias en el campo de la administración pública; dos, ¿entregaron la declaración legal de su patrimonio económico y está abierta al conocimiento de toda la población?; tres, por obligación, ¿resistiría, o se  opondría cada uno de los candidatos a una auditoría fiscal?; cuatro, ¿ha entregado, cada uno de los candidatos, documentos oficiales de antecedentes no penales, de ellos, su equipo de trabajo y compañeros de partido para puestos de elección popular, y no?; Cinco, por escrito, ¿pueden señalar ‘qué van a hacer’ y ‘cómo van a realizar o cumplir’,  con cada promesa o compromiso oral hecho, en beneficio de la población y sostenible en los tres o seis años de su gobierno?; Seis, cada candidato, por escrito, ¿puede señalar que sus relaciones con autoridades y/o naciones (en caso de autoridades federales), no pondrán en peligro la paz y economía mexicana? Y si no lo hiciera, por escrito, ¿Cómo se juzgaría –civil o penalmente-, él mismo?  Para conocer más el proceso de elecciones y orientarnos mejor, presento la siguiente información, la que aparecerá en los consecutivos dos domingos, en este estimado Diario.


Historia nacional. De los 21 procesos electorales que se realizaron en el siglo XX, considerando el de 1900 como el primero y el del año 2000 como el último, en 10 de ellos se suscitaron problemas graves. ¿A qué personaje corresponde esta declaración?: "Nuestra situación era sumamente desventajosa porque nuestros adversarios contaban con todo el elemento oficial, en el que se apoyaban sin escrúpulos. En México, como república democrática, el poder público no puede tener otro origen ni otra base que la voluntad nacional, y ésta no puede ser supeditada a fórmulas llevadas a cabo de un modo fraudulento". Es de Madero y proviene del manifiesto que acompañaba al plan de San Luis en 1910. Palabras más, palabras menos, en 1929 José Vasconcelos, candidato de oposición, también utilizó los mismos términos: usurpación, fraude, soberanía popular, voluntad nacional, corrupción. De los 21 procesos, en 10 de ellos se suscitaron problemas graves: movimientos armados, asesinatos políticos, persecución de opositores y denuncia de fraudes. A pesar de que el ‘voto popular directo fue establecido en la Constitución de 1917’, las elecciones solían dirimirse con balas y no con votos. La democracia era sólo una figura retórica. En 1910, Madero, candidato anti reeleccionista, junto con muchos de sus partidarios fue encarcelado y las elecciones favorecieron a Porfirio Díaz, con un Congreso que validó el proceso electoral y la séptima reelección del dictador; el resultado final fue el inicio de la revolución. En 1920, el presidente Carranza intentó imponer un candidato civil frente a la popularidad de Obregón y terminó dos metros bajo tierra; en 1924, la imposición de Calles fue acompañada por la revolución delahuertista y una terrible purga revolucionaria; para la sucesión de 1928, además de dos candidatos de oposición asesinados por el gobierno un año antes -Francisco R. Serrano y Arnulfo R. Gómez-, el presidente electo, Álvaro Obregón, también cayó asesinado.  En 1929 fue creado el partido oficial bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario -cambiaría su denominación a Partido de la Revolución Mexicana (1938) y Partido Revolucionario Institucional (1946)-, llevó a la presidencia al candidato oficial, Pascual Ortiz Rubio, derrotando al candidato de oposición José Vasconcelos.  Las dos elecciones más escandalosas hasta antes de que el fraude fuera institucionalizado por el sistema político surgido de la revolución fueron las de 1910, cuando Madero fue candidato y la de 1929, cuando José Vasconcelos aceptó encabezar la oposición; en ambos casos, los dos candidatos denunciaron el fraude, desconocieron al gobierno y se proclamaron presidentes de la nación.


El 5 de octubre de 1910, desde San Antonio Texas, Francisco Ignacio Madero dio a conocer el plan de San Luis. En el célebre documento que dio origen a la revolución mexicana, Madero expresó: "haciéndome eco de la voluntad nacional, declaro ilegales las pasadas elecciones y quedando por tal motivo la república sin gobernantes, asumo provisionalmente la presidencia de la república, mientras el pueblo designa conforme a la ley sus gobernantes. Para lograr este objeto es preciso arrojar del poder a los audaces usurpadores que por todo título de legalidad ostentan un fraude escandaloso e inmoral". Diecinueve años después, en 1929, José Vasconcelos denunció un magno fraude, y el 1 de diciembre proclamó el plan de Guaymas desconociendo a los poderes de la Federación y a los poderes de los estados y municipios: - "que desde hace 30 años han venido ensangrentando al país, robando el Tesoro público y creando la confusión y la ruina de la Patria, y que han pretendido burlar el voto público en la elección presidencial última". Vasconcelos se declaró presidente electo y decidió marchar al extranjero, definiéndose a sí mismo como; "el hombre que quizá por primera vez en nuestra historia tuvo el triunfo en una elección presidencial, casi unánime". Aunque la historia no es cíclica, es indudable que hay similitudes en ambos casos que van más allá del discurso: una crisis generalizada provocada en buena medida por la falta de sensibilidad política del gobierno establecido; la percepción de una parte de la sociedad que considera imprescindible la caída del gobierno para plantear una nueva relación entre el ciudadano y el poder, y la seguridad de los caudillos que encabezan el movimiento de que hablaban en nombre del pueblo. Al lanzarse a la contienda electoral, los partidos que postularon a Madero y a Vasconcelos no tenían representación en el Congreso, ni gubernaturas, ni presidencias municipales, ni gozaron de recursos públicos para sus campañas políticas, ni podían manifestarse libremente. Los espacios democráticos estaban totalmente cerrados. Ambos fraudes fueron plenamente documentados: elección de estado -con el carro completo para el gobierno y su candidato-, robo de urnas, encarcelamiento de partidarios e incluso el asesinato de algunos; incendio de casillas, amenaza a los electores, y el aval del poder legislativo, al servicio del gobierno, al calificar las elecciones. Dentro del caos generado por la revolución y el caótico proceso de reconstrucción del país, la democracia no tuvo cabida más que como letra muerta dentro de la constitución. Los hechos demostraron que era el tiempo de las balas y no de los votos. No despertemos al tigre.


Termino. Continuaré con la historia de las elecciones y votaciones en nuestro estado de Guanajuato y el municipio de Irapuato. Como siempre, acepto críticas constructivas para este trabajo de reflexión e información histórica.


 


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