Empresarios y Gobierno
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Opinión
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Los empresarios pugnan por la visión del   laissez faire, laissez passer.


En México, a lo largo de la historia posrevolucionaria la relación entre los hombres del poder económico y el poder político ha tenido muchos matices: filias y fobias, encuentros y desencuentros, frías distancias y cálidas cercanías… los empresarios pugnan por la visión del   laissez faire, laissez passer y, contrariamente, algunos gobiernos pugnan por el intervencionismo de Estado en la economía. No hay amistades, hay profundos intereses.



Las organizaciones empresariales han desarrollado y fortalecido posicionamientos en torno a la dirección que debiera tomar el país, de acuerdo a las actuales circunstancias económicas y políticas globalizadas. El papel del Estado, como rector de la economía, ha sido la Litis permanente entre empresarios y Gobierno, que genera un clima de disidencia, confrontación y exigencias de cambios en políticas económicas del régimen en turno. 



Con las fatales experiencias vividas durante el gobierno de Luis Echeverría y la Expropiación Bancaria de López Portillo, nació una nueva actitud empresarial y que incidió en una nueva relación con el Gobierno. La Expropiación provocó una crisis, los empresarios se sintieron no representados y agredidos, lo que generó una decidida reacción que incidiría en cambios posteriores. Algunos de estos fueron: freno al Estado intervencionista y la intensa participación empresarial en los centros donde se toman las decisiones, para tutelar y defender la economía de libre mercado.



Se podría afirmar que desde la Revolución ha existido una crisis de confianza entre empresarios y Gobierno, que se ha prolongado en el tiempo hasta convertirse en un elemento omnipresente, estructural, que pareciera ser parte permanente de la Dialéctica histórica. De esta forma, los conflictos y contradicción entre el empresariado y el régimen político originaron un cambio en las necesidades de organizarse de parte de los empresarios y su representación para pugnar por más sociedad y menos Gobierno y establecer límites claros al corporativismo presidencialista.



Así las cosas, se podría hacer una glosa de las características de los organismos empresariales: los pragmáticos, que son negociadores y que apoyan frecuentemente decisiones e iniciativas gubernamentales y los antiintervencionistas y anti-centralistas, que en conflictos tienden a apropiarse del espacio público empresarial y converger con sectores de la iglesia y del Partido Acción Nacional, para oponerse al Gobierno, mediante el recurso ideológico de la amenaza socialista. Finalmente, está la cúpula de cúpulas: los cincuenta hombres más ricos de México: el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, CMN. 



Recientemente hemos sido testigos de los desencuentros entre el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador y el CMN. Antonio del Valle, uno de los integrantes, siempre se ha referido al CMN como una organización “discreta más no secreta”. El organismo surgió en 1962, como una estrategia de 12 empresarios encaminada a incidir en la política económica del gobierno de izquierda de Adolfo López Mateos e “influir en la sucesión presidencial,” lo que no es muy diferente de lo que actualmente los mueve. 



Andrés Manuel les llamó “minoría rapaz”. Estos se dieron por aludidos y reviraron diciendo que “AMLO era un populista y un peligro para México;” además, algunos de ellos mandaron cartas a sus empleados sugiriéndoles no votar por AMLO. No sé cuánto caso les hagan sus empleados en temas de conciencia electoral y en el ejercicio de una predilección y un derecho, pero esto produjo una fuerte confrontación entre el candidato puntero y los integrantes del CMN.



Los hombres de negocios sienten que no les alcanza para influir y evitar que llegue un hombre de Izquierda al poder. Por lo tanto, la materia del conflicto entre el candidato de Morena y el CMN es la sucesión presidencial y el futuro de sus negocios. Pero, estos mismos hombres de negocios, también tuvieron serios conflictos con un gobierno de Derecha, el presidente Felipe Calderón. 



En su momento, el Presidente denunció que: “Grandes corporativos le exigen al Gobierno cobrar impuestos en alimentos y medicinas a la gente más pobre y en cambio ellos no pagan.”  Arremetió contra las grandes empresas, porque dijo que “está bien que tengan actividades filantrópicas, patrocinen eventos deportivos y den algunas donaciones, pero también deben pagar impuestos, porque a la hora de ver sus cifras, rara vez pagan impuestos”: El Universal. 



De acuerdo a encuestas, López Obrador se mantiene muy delante de los otros candidatos. Durante la campaña, Anaya y Meade han hablado más de AMLO que de ellos mismos, lo cual me parece un grave error. Los organismos cúpula empresariales le han dado trato al candidato de Moreno como si fuera el destino manifiesto presidencial: Discuten las cúpulas con él temas como la decisión del nuevo aeropuerto la Reforma Energética y otros… La beligerancia y peso específico que le otorgan es de Presidente electo, no de candidato en juego. Esto, queda gravado profundamente en el inconsciente colectivo del pueblo.



México se encuentra en una difícil coyuntura: Las negociaciones del TLC, la guerra comercial arancelaria, la devaluación de nuestra moneda, la hostilidad de Donald Trump y las elecciones del primero de julio y todo lo anterior, en un marco de violencia e inseguridad que padece el país. Las elecciones pueden dejar un país dividido e ingobernable, para el que llegue a la Presidencia. Pero, ¿Quién controlará el Congreso? ¿Lo que queda del PRD seguirá en una alianza pírrica con el PAN, cuando no tienen nada en común? Las derrotas no unen, no tienen padre, son huérfanas. Probablemente, los perredistas migren a votar junto con Morena, cambiando así el balance de fuerzas en el Congreso.



Las circunstancias exigen prudencia de parte de los políticos y empresarios. Debe moderarse AMLO y los empresarios, no pueden ni deben agitar más las aguas. La reunión con CMN fue una exitosa, según dicen: de momento, se limaron asperezas y se establecieran compromisos. El Gobierno, del partido que sea, necesita de los empresarios, grandes y pequeños, porque son una parte del tejido social y la política tiene su base de legitimidad en la sociedad. Por su parte, los empresarios necesitan un Gobierno fuerte, que brinde gobernabilidad. 



Gobierno y empresarios deben de atender a sus responsabilidades históricas, cumpliendo cada uno la parte que le corresponde, sin invadir funciones y sin perder de vista la solidaridad, subsidiaridad y justicia social. La historia no es un destino ni menos aquello que nos hace: es lo que nosotros, juntos, hacemos, y esto es precisamente la buena política, la que conduce a acuerdos y soluciones.  



Los mexicanos necesitamos de la política. El hombre es un animal sociable. Solo puede desarrollarse en medio de sus semejantes. Pero también es un animal egoísta, dispuesto a la satisfacción de sus propios deseos. La política es necesaria para que los conflictos de intereses se zanjen de otra forma que no sea la violencia. Se necesita la política no porque los hombres sean justos, sino porque no lo son. No porque sean solidarios, sino para puedan llegar a serlo. 
 



 


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