Caen seducidos por un soldado
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Una combinación de danza, canto y elementos multimedia se presenta en El Teatro del Bicentenario con la obra de Ígor Stravinski

Con la combinación de danza, música, elementos multimedia y narración, la compañía MXTeatro presentó la puesta en escena “La historia del soldado”, de Ígor Stravinski, Foto: Cortesía


Con la combinación de danza, música, elementos multimedia y narración, la compañía MXTeatro presentó la puesta en escena “La historia del soldado”, de Ígor Stravinski, en el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña, en homenaje al centenario del estreno mundial de la obra.
Escrita originalmente por Charles Ferdinand Ramuz “La historia del soldado”, está basada en unos cuentos rusos clásicos de Aleksander Nikolayevich Afámásiev y es adaptada al español y dirigida escenográficamente por María Morett.
El montaje cuenta las andanzas de un joven soldado bajo el argumento de saber diferenciar entre apreciar las cosas no materiales que realmente nos llenan, como el amor o la felicidad, y el tener todas los deseos materiales, pero sentirse vacío por dentro; así como las consecuencias amargas de algunas decisiones que se toman.
Un ensamble compuesto sólo por un fagot, violín, contrabajo, percusiones, una trompeta, trombón y un clarinete; bajo la batuta de Enrique Barrios, se situó en el foso y junto a ellos se instalaron tres hombres encargados de la narración del texto y de dar voces a los personajes. En tanto, sobre el escenario, tras una pantalla que proyectó la ambientación escenográfica conforme avanzó la historia, los actores, con pasos de baile y sin decir ni una palabra, contaron la historia.
Un soldado carente de riquezas materiales, pero alegre por tener junto a él un violín, se encuentra con El Diablo, quien, aunque no sabe tocar el instrumento, le ofrece un trato: su pequeño y desgastado instrumento de cuerdas por un libro que predice y lleva al futuro y le dará dinero a quien lo lea.
El soldado acepta y pasan tres días juntos para que se enseñen mutuamente a usar sus nuevos objetos. A su regreso en su pueblo natal, con su novia y su madre, se da cuenta de que fue engañado y no fueron días sino años los que pasaron. Nadie lo reconoce y descubre que se ha quedado sólo, no obstante, El Diablo le recuerda que tiene el libro y con él puede tener muchas riquezas.
Así, el militar vive rodeado de lujos, joyas y dinero pero, al poco tiempo, cae en cuenta de que aunque tiene todo, a la vez no tiene nada y en una danza, musicalizada en tonadas tristes y lúgubres, expresa su pesar.  Decide vagar de pueblo en pueblo y así llega a una localidad donde la hija del rey está terriblemente enferma y se ofrece la mano en matrimonio de la princesa, a quien logre curarla.
Desesperado por recuperar su violín, el soldado reta al Diablo en juego de cartas y aunque el militar pierde todo su dinero, emborracha al viejo y logra tener de vuelta a su apreciado instrumento. Toca una dulce melodía, capaz de sanar a la princesa, con quien sincronizadamente danza para dar a entender que el amor es correspondido.
En tanto, El Diablo quiere recuperar lo que le pertenece, sin embargo, se da cuenta de que no puede hacerle nada al joven en tanto el amor lo proteja y jura que cuando salgan del reino pagará con desgracia.
Un día la soberana le pide que le hable de su pasado y le pide que le presente a su madre, el soldado duda, pero la ansiedad por volver a ver a su madre lo persuade y decide ir a su pueblo natal, sin esperar la amargura que les espera.
Al cruzar la frontera del reino, el soldado y su mujer pagan al Diablo. Iluminados por una luz roja y con movimientos donde no logran encontrarse el uno al otro; el soldado y la princesa expresan su condena. 
Cientos de asistentes aplaudieron al elenco y a los directores musicales, de iluminación y escena, por el montaje.


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