En el Nombre del Arte VII

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Opinión
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Cervantes, el Quijote, la creación y el cliché.

Diseño: Grupo AM

Miramos hacia cualquier lado y encontramos sin duda repeticiones. Los clichés nos persiguen. Es la vida que nos ha ha tocado vivir. Nuestras circunstancias, como escribiera Gasset. El caso es que en casi cada palabra que escuchamos en los medios, notamos un cliché. En cada escena de una película, encontramos una repetición de una escena anterior, en la música que escuchamos hay un canon, una resolución previsible y escuchada tantas veces en tantas otras voces. Un cliché, un evento artísticamente usado por otros antes, y que ante la repetición inmunda ha perdido gran parte de  su sentido.

Si enciendes la televisión puedes entender en unos minutos la trama; el cliché por excelencia: buenos y malos, héroes incomprendidos, protagonistas en la búsqueda de si mismos. Fábulas moralizadoras. Clichés, clichés para todo, y casi nada de creatividad. Eso es lo que quiero platicarte hoy, amable lector. Los grandes, fueron creadores definidos por lo que fueron y por lo que crearon, los chiquitos, pequeños imitadores aspirantes a la grandeza que se quedaron en medio del camino. Clicheteros.

Crear es ser. Así, Shakespeare fue Romeo y fue Julieta. Fue Hamlet, fue Otelo y Desdémona. Cervantes fue el Quijote y fue Sancho. Dostoyevsky fue Rascolnikov y fue Sonia. Mozart fue Papageno y Papagena, personajes de su Flauta Mágica, y Freddie Mercury fue "just a poor boy". El que crea es en su creación. Pero parece que la formula del fin del siglo XX y de principios del XXI no es la creación. Es la imitación. Basta ver que la cartelera tiene cada mes un nuevo remake, una nueva forma de llevar a la pantalla una historia que ya contaron, una readaptación de una obra de teatro, una nueva versión de una obra maestra de la música. Esta es la generación del Cliché. Cada día enterramos más profundamente el Genio de la creatividad.

Pero no siempre fue así. No. Desde el renacimiento hasta la década de los 70’s del siglo XX, el ser humano pasó por la etapa más creativa de su historia, y una de sus obras más creativas en la literatura es sin lugar a dudas, el Quijote de la Mancha. ¿Por qué hablar del Quijote? Porque es el anti-cliché por excelencia, es creatividad y creatividad, originalidad pura. Yo amo el Quijote, una vez me invitaron a un programa de TV para hablar de esta obra, y fue el momento más dulce y memorable que tuve como profe de Literatura, pero mi mejor exposición sobre el tema, la realicé en un vuelo que venía de muy lejos a la CDMX, y se las quiero compartir.

Estaba cansado como pocas veces y me esperaba un vuelo de 5 horas. Todo pasó en el avión. Yo estorbaba. No terminaba de acomodarme, empujé un poco, creo, a todos a mi alrededor. Mi maleta de mano no terminaba de entrar en el mínimo compartimiento de arriba, y ya había desesperado a todos. Un hombre de unos 60 años, lanzó un suspiro y me dijo a mi, pero como diciéndole al aire: “Qué poco caballeroso” yo lo hacía esperar de más en el pasillo mientras me acomodaba. Pedí disculpas y me excusé diciéndole que cada día de mi vida intentaba un poco ser caballeroso, que las mujeres y los hombres que me criaron lo exigieron, el hombre rió y se sentó a mi lado. Era mi compañero de asiento

Teníamos ganas de hablar, así que el tema que nos unió, fue la caballerosidad. Comencé platicándole que mi primer acercamiento a la palabra “Caballero” la había tenido muy niño, tal vez a los 4 años cuando mi abuelo me dio un libro del Quijote con los grabados de  Doré, que recuerdo como si lo hubiera visto ayer, y el viaje completo se trató del Quijote.

Yo le dije que para mi el Quijote era sobre todas las cosas un libro sobre valor, independencia, originalidad y lucha, por supuesto, el hombre me explicó que desde su punto de vista, se trataba de todo, menos de eso, así que le conté mi historia.

Mi abuelo me dio el libro cuando yo aún no sabía leer. Solo podía interpretar los grabados de Doré. (Los más hermosos grabados de la tierra, junto con los de la Divina Comedia). Así que Por supuesto, cuando mi abuelo me explicó los grabados,  me contó la versión "Ramos-Jácome" del quijote. En esta versión Don Quijote era lo que en mi casa llaman un verdadero Fregón. Honorable, valiente, bravío, justo, respetuoso, agradecido, sabio. . .

En resumen, el viejo a más de flaco era picudísimo (en palabras de mi abuelo). Mientras le conté a mi compañero de viaje la versión de mi abuelo de la obra, parecía que estaba dando una función de humor. Los vecinos de los asientos de adelante se sumaron. “El Quijote es un conjunto de aventuras burlescas” Si, cualquier experto lo confirmaría. Si, y no, porque las pequeñas estatuas del quijote que se miran en los libreros de los hombres y mujeres que he admirado me confirman otra cosa. Me han han dicho: “¡Mira!, que quien me admira es un soñador, un idealista, que sueña y trabaja por un mundo mejor”

En la versión Ramos-Jácome de la obra, el Quijote se enfrenta a los gigantes, y los deja reducidos a molinos de viento, se torna en liberador de presos, en sabio consejero en amores, en libertador de reinos. Pero es el primer acto de la obra el más significativo de todos. Me explico. El Quijote decide, si, DECIDE qué desea ser. No emprende un viaje para encontrarse ni para conocerse. Se conoce y ha decidido quién y cómo desea ser, y perdónenme, pero esa decisión nada puede tener de burlesco. Es la decisión más importante en la vida de cada ser humano. Decide que quiere velar las armas para ser nombrado caballero. Decide tratar de “Señor” a un posadero, y de “Damas” a las prostitutas. Decide iniciar una cruzada contra lo tiránico, contra la injusticia, contra el daño; contra todo lo terrible. Y es el conjunto de decisiones que toma el que definió la versión que mi familia decidió otorgarme, y lo comparto en las siguientes letras.

En esta versión Ramos-Jácome del Quijote, Alonso Quijano (nombre verdadero del personaje) decide vivir de forma honorable. Dice lo que hace y hace lo que dice; pues desde su mirada, nada vale más en el mundo que la palabra de las personas, porque en ella comienza su honor. Explica que podríamos perderlo todo. Realmente todo. Dinero, trabajo, negocios, relaciones, tiempo, y hasta reputación, pero si nuestra palabra vale, la empeñamos, y podemos recuperar o reemprender y volver a tener dinero, trabajo, negocios, relaciones, tiempo, y hasta reputación. No, no le veo lo burlesco.

En el Quijote que me contaron –recuerde el lector, que yo aún no leía- Alonso es valienteEnfrenta su miedo y lo vence, es más grande que el más grande de sus miedos.  Para tomar decisiones y para mantenerse firme en ellas, para hacerse respetar y hacer respetar sus opiniones y sus puntos de vista, para perseguir lo que anhela y para defender sus ideas y sus ideales. El quijote explica que tener valor no es dejar de tener miedo, es vencerlo.

Cuando el Quijote salva al mozo Andrés de los azotes de sus amos el Quijote es justo. Dar a cada uno lo que necesita y le es correspondiente es uno de los anhelos más grandes de quien se precia humano. Y Cervantes es tan humano cuando lo propone, Alonso Quijano es bravo, Saca del fondo de si la fuerza para no desistir, para no detenerse, para volver a ponerse de pie por mucho que duela, o por mucho cansancio que acumule. Cervantes explica: la bravura distingue al que inicia el camino del que lo termina, al que inicia la lucha de el que la gana, al que comienza a subir la montaña de el que celebra en la cima. Insisto, no le encuentro lo burlesco. Lo que encuentro es una Obra Maestra del pensamiento Universal, si, en un empaque que agradaba, y que era muy fácil de leer.

El Quijote es leal. Resguarda bajo cualquier tempestad dentro o fuera de él la fidelidad que debe, guarda lealtad a aquellos con los que ha adquirido un compromiso. Es respetuoso. Se da la oportunidad de considerar el valor que tienen por si mismas las personas. Es generoso y da lo que tiene, no lo que le sobra. Alonso Quijano, el Quijote de la Mancha es agradecido y explica por lo menos dos veces en la novela (la versión de 1615) que tener gratitud habla siempre de una noble cuna, y que somos gracias a los que nos han permitido ser, tenemos, gracias a los que nos han ayudado a tener.

Pero sobre todas las cosas, Don Quijote es libre y defiende la libertad con todas sus fuerzas. Es libre de creer, es libre de decidir, es libre de hacer, y aún cuando deja de serlo cuando está preso es libre en cómo enfrentarse a ello. Para Don quijote la Libertad no termina. Él es libre sobre todas las cosas, consciente de que el alma humana requiere de la libertad como el árbol de los rayos de luz, pero en contra de lo que todos piensan, la libertad comienza en nuestro interior, en las ramas y las raíces de nuestro ser.

Humilde, sabio y feliz, el Quijote es todo un caballero. Con eso terminé mi charla de avión. ¿Eres un caballero? Me preguntó mi compañero de avión. Lo intento. Lo intento en serio le dije. Vale la pena intentarlo. Terminó el viaje y resumimos: La lectura es un acto de interpretación y de contexto. Yo miro un atisbo de la grandeza del espíritu humano. Hay quien mira una crítica social. Hay quien solo ve una obra burlona de las antiguas obras de caballeresca. Todo esto se escribió hace 503 años. Si. Hace 25 generaciones de seres humanos, cuando aún no caía Tenochtitlán y la Reforma protestante aún no comenzaba.

¿Por qué hablar de clichés y del Quijote? Las películas son clichés de otras películas, unas de otras, y de tiempos pasados. Las propuestas de los candidatos de nuestra frágil democracia son clichés unas de otras, de estos tiempos y de tiempos pasados. Hemos perdido la originalidad. Vivir en casas repetidas y mirar programas repetidos nos dieron la costumbre (muy mala) de tener pensamientos repetidos.

¡Volvamos al Genio de crear! Y si es posible pongamos en acción algunas de las cosas que nos enseñó el Quijote, que nada mal le vienen a nuestros días.

Creativamente: José Luis Ramos Ortigoza.