Morena, el nuevo viejo PRI (Segunda Parte)

Morena, el nuevo viejo PRI (Segunda Parte)

Opinión
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Perspectiva.


“Hagamos una tregua inteligente para recuperar serenidad y no perder el rumbo. 
Tregua que no sea renuncia o claudicación, sino oportunidad de reencuentro y reconciliación. Jamás olvidemos que aquí existieron nuestros padres, estamos nosotros y vivirán nuestros hijos”. 

José López Portillo
Discurso de toma de posesión. Diciembre de 1976



Después de su discurso inaugural, José López Portillo alivió con sus palabras el espíritu dividido y angustiado de la población. Crédulos como somos los mexicanos, apostamos por la esperanza, por el “reencuentro y reconciliación”, después de la corrosiva política de Luis Echeverría, con un tercermundismo tropical había acabado con “los ahorros de abuelita” (según palabras de Don Antonio Ortiz Mena, el ex secretario de Hacienda). Echeverría enfrentaba a obreros contra empresarios, a ejidatarios contra pequeños propietarios, mientras ganaba poder con el uso irracional de los fondos públicos. 



Para sacar al país del agujero, López Portillo acudió a lo mejor de su retórica y logró serenar al país. Los empresarios se entusiasmaron y comenzó una nueva época de armonía, hasta que la riqueza petrolera se tambaleó en 1981. A pesar de todo, fue el año en que más creció la economía, un 10 por ciento que no se volvió a ver. 



La tormenta estaba en el horizonte. La salida de capitales nacionales y extranjeros provocó una devaluación a la que se siguió otra más fuerte. En ese entonces se podía tener cuentas en dólares y había miles de millones sin respaldo de las reservas del Banco de México.  



El Gobierno no tuvo más remedio que convertir los dólares en pesos. Se inventaron los “mexdólares” con un valor de 70 pesos. El enojo de los ahorradores se dejó sentir. De inmediato comenzó la especulación y el dólar superó los 100 pesos. Muchos no quisieron ya guardar pesos y presionaron el tipo de cambio. 



Desde entonces los mexicanos no podemos tener en México cuentas de ahorro en dólares, euros o francos suizos. La larga tragedia de la mala administración aún limita nuestras libertades y unos cien mil millones de dólares de capital nacional se guardan en Estados Unidos, Europa y otros paraísos fiscales. 



Seis años después de pedir confianza, José López Portillo confiscaba la banca. No era tal cosa, porque la banca no era extranjera. Era una simple estatización. Todos los diputados aplaudían la medida, culpando a los “malos mexicanos” y a los “sacadólares” de la tragedia nacional. El Gobierno responsabilizaba a los bancos de ser promotores de la salida de capitales, cuando los verdaderos culpables eran el Presidente y sus funcionarios, quienes gastaban como Arabia Saudita.



Cuando asuma el poder Morena, (el nuevo viejo PRI), es probable que escuchemos la misma arenga, el mismo discurso y nos aliente un conciliador Andrés Manuel López Obrador. Por fortuna no somos el viejo México de un presidente que de un plumazo pueda congelar el ahorro, decretar control de cambios y expropiar la banca. Tampoco es un país con la prensa controlada ni la oposición subyugada. El nuevo viejo PRI llega a destiempo vestido de Morena, aún cuando los jóvenes que lo lleven al triunfo no sepan que están cometiendo el mismo error que sus padres y abuelos al aplaudir el caudillismo mesiánico. Por eso es bueno recordar la historia.