El verdadero miedo

El verdadero miedo

Opinión
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Acento de Mujer.


La ignorancia de un votante en 
una democracia, pone en peligro 
la seguridad de todos.

John F. Kennedy


 


Es época de promesas. Las personas que aspiran a un puesto público tratan de ganar votos a toda costa. Quien ha ofrecido a diestra y siniestra lo más descabellado es el candidato a la presidencia de la República, López Obrador. Está pintando el mundo mexicano como una Pejelandia que se acerca más a una fantasía que a una realidad. Ante tanta “generosidad” y vaticinios de un México transformado en el que no habrá pobreza, ni políticos corruptos, la gente lo sigue embelesada, tratando de tocar aunque sea el vehículo que le transporta.


Se ha formado una horda implacable dispuesta a atacar y agredir a quienes discrepen de su supuesto salvador.



¡Eso sí da miedo! Las y los seguidores de AMLO van con todo y contra cualquiera que se oponga. Esa irracionalidad que les mantiene hechizados les hace seguir ciegamente a su flautista que como las ratas de Hamelín, lo siguieron rumbo al despeñadero. Lo malo es que ahí caeremos todas y todos si es que no hay voto razonado.



El famoso filósofo griego Sócrates tenía sospechas de la democracia, le veía defectos. Su ejemplo de comparar a la sociedad con una barca lo deja muy claro. Si tienes que hacer un viaje en navío, ¿quién te gustaría que estuviera al mando? ¿Cualquiera?, o personas educadas y conocedoras en el tema de la navegación. La respuesta obvia es las que saben y conocen cómo guiar un barco. Entonces, cuestiona Sócrates, ¿por qué seguimos pensando que cualquier persona tiene la capacidad de juzgar quién es apto para gobernar el País?


Dejar al mando a quienes no saben conducir el navío es peligroso y no lleva a buen fin.



Votar es una habilidad. Sócrates nos advierte: dejar que la ciudadanía vote sin educación es irresponsable y es como dejar a quienes no saben conducir el navío. En estos últimos días varios empresarios han alertado a sus trabajadores sobre tener un voto razonado y no votar por emociones de ira, frustración, decepción, sino que piensen y analicen las mejores propuestas y por quien tiene la preparación que pueda llevar al país al desarrollo que se requiere.



Se explotan los sentimientos y necesidades de la ciudadanía para decir y prometer supuestos beneficios que a la larga son perjudiciales.


Hay que temerle a la demagogia, ya que hay quienes explotan la ignorancia de las y los votantes. El ejemplo del filósofo griego es muy claro al imaginar un debate entre el dueño de una tienda de dulces y un doctor. El primero dirá que el médico causa dolor, no dejará comer muchas cosas y recetará pociones amargas. El dueño de la tienda ofrecerá dulces que gustarán, aunque a la larga sean dañinos a la salud.


Ese es el engaño de la demagogia.



Dejar que la ciudadanía vote sin educación es irresponsable. Se debe ejercer la democracia intelectual y no la democracia por derecho. El voto razonado que se conecta a la sabiduría es el que nos puede salvar. El verdadero miedo es que nuestro destino esté en manos de personas que voten guiadas por sus emociones, sin hacer un análisis profundo sobre el perfil y aptitudes de quién esté apto para gobernar dentro del marco de la legalidad, con respeto a las instituciones y con apego a los derechos humanos.


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