SI YO FUERA…

SI YO FUERA…

Opinión
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COMPROMISOS A CUMPLIR y POCOS DÍAS PARA DECIDIR…

Diseño: Grupo AM.

Estamos en la recta final de las campañas. Hemos sido testigos de muchos acontecimientos. Desde desafortunadas caídas hasta documentadas bienvenidas. Resbalones como el: “Escribí un libro, pero no me acuerdo cómo se llama”, hasta: “los ventiladores de energía ‘eótica’”. 

Y desafortunadamente, aun antes de la elección, una judicialización del proceso con demandas a última hora de un lado y del otro. Creo que, como todo en este proceso, son demandas mediáticas y de poco fondo que no llegarán a consecuencias mayores.  

Este escenario, en general, trae consigo muchas descalificaciones y pocas acreditaciones.  Desde mi punto de vista, una contienda poco propositiva y pobre que ha provocado más encono que análisis de la ciudadanía. 

Lo anterior, es lo que en el día a día y a lo largo del proceso percibimos, pero como cada columna intento hacerlo, quiero darles mi opinión de lo que en el fondo percibo.

Por un lado, parece que Anaya se quedó sin alianzas. Enfrenta traidores dentro de su partido a consecuencia, sin duda, de la forma en la que alcanzó la candidatura del frente.  Sus formas y su poca capacidad para acordar dentro de su partido, le están reportando un alto costo.

Por otro lado, indudable creo yo es esa alianza o pacto oculto a nivel federal que he venido comentado.  

Creía que solo un sector del PRI estaba dispuesto a pactar con Morena. Percibía que el grupo cercano al presidente Peña no estaba siguiendo al famoso PASTE POWER y sus aliados en esa negociación con AMLO para mantener el poder desde los congresos.  

Sin embargo, a consecuencia del poco arrastre que la campaña de Meade ha mostrado, nuevamente y ante la endeble figura presidencial, el llamado grupo Hidalgo marcó el sendero que el priismo nacional seguirá. 

El pacto se percibe con hechos como el notable cambio de discurso de AMLO. Ha dejado de lado términos como el “despeñadero”, “los meteremos a la cárcel”, etc.,  para asegurar ahora que no habrá acontecimientos ni acusaciones sobresalientes hacia las faltas de la administración actual.  

Intenta decirnos y condicionarnos a un teórico y coloquialmente llamado “borrón y cuenta nueva”. Bueno, hasta las televisoras dejaron de ser ese componente de aquel “complot del sistema” que tanto pregonaba.

Lo percibo también en acontecimientos locales como el reciente video del Gobernador del estado que intenta a título personal, desde su papel de gobernante, contradecir los planteamientos del candidato Anaya. 

Es evidente que al que hay que intentar debilitar es al segundo lugar y no al que supuestamente encabeza las preferencias.   

Se percibe también en la poca operación política que se reporta por parte del tricolor en los procesos locales y que pareciera permite el avance de Morena en Hidalgo, no así en los procesos para ocupar el Congreso de la nación, donde seguramente todos querrán tener el mayor control posible.

Quien no conoce o dimensiona el poder de operación del tricolor en el día de la elección, pudiera tratarme de loco o alucinado. Pero quien lo conoce sabe de la capacidad que tienen para, inclusive, diferenciar su voto duro hacia los diferentes cargos de elección en disputa, máxime si el “recurso” les llega a tiempo. Y es el único partido en México que tiene esa capacidad tan extraordinaria de operar el voto. Sin ser piropo.

Es así que el acuerdo se facilita. Lo único que tiene que hacer el tricolor para cumplir los acuerdos del pacto que observo es cumplir con lo que sabe hacer desde hace décadas; movilizar su voto duro.  

Con asegurar la movilización de ese voto, le aseguran a AMLO que el voto útil que pudiera darse hacia el indiscutible segundo lugar que ostenta Anaya, sea mucho más complicado.

Es decir, solo tiene que hacer lo que perfectamente sabe hacer.  No tiene, ni siquiera, que traicionar a sus incondicionales.  No tendrá que mandar señales comprometedoras a sus fieles.  

Negociaron con lo que saben hacer y con lo que les alcanza. Se fueron por el camino fácil.  Y eso ha sido tomado, al parecer, como suficiente por la contraparte del pacto. Como suficiente para permitir una suave y tranquila salida de los autores de todos y cada uno de los escándalos de corrupción por los que este sexenio se ha caracterizado. Evitaré mencionarlos, todos los conocemos.  

Si su plan se llega a consumar, no habrá ningún intento de terminar con la corrupción, sino por el contrario, de consumarla y aprobarla nuevamente desde la cúpula del poder. Con otra cara pero misma alma. Se unirán nueva y fraternalmente con el único objetivo de mantener el poder. Solo es un cambio de disfraz.

Por eso, SI YO FUERA un ciudadano que realmente busca un cambio, me la pensaría más de dos veces antes de definir mi voto. Analizaría cuál de las desnutridas opciones que tenemos, se acerca a lo que realmente deseo. En las elecciones presidenciales los arrepentimientos nos duran seis años y las consecuencias muchos más.