Un rincón donde convivir con cóndores es un privilegio

Un rincón donde convivir con cóndores es un privilegio

Viajes
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Dos días en San Pedro Mártir para seguir el vuelo de esta ave y aprender los secretos del Universo.

Descubre el refugio del cóndor.


Sus brillantes plumas negras están recibiendo un baño de sol. Necesita calentar su cuerpo para ir en busca de su presa, oculta entre las montañas de la sierra de San Pedro Mártir. 


A sus espaldas, cinco expedicionarios observan sus movimientos, intentan mantenerse en silencio para no interrumpirle, lo que no saben es que el cóndor americano tiene una vista y oído tan privilegiados que ha detectado su presencia muchos metros atrás.


Unos minutos y el ave despliega sus alas, su envergadura supera los dos metros de largo. Está listo para emprender el vuelo y perderse en el cielo despejado del Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, en Baja California.


Néstor lleva a los expedicionarios hacia otro mirador. Como guía y experto en observación de aves, sabe dónde será el siguiente punto para encontrarse con el cóndor americano. Pero, primero, deben internarse entre los senderos de la sierra para instalar el campamento, donde pasarán una noche vigilando el cielo nocturno.


Después de armar las casas de campaña y consumir un refrigerio, los viajeros emprenden una caminata cuesta arriba de cinco kilómetros. Llevan binoculares por si encuentran águilas, halcones y, quizá, algún borrego cimarrón. Todo depende de la suerte.


En el trayecto hay varios miradores, el guía no necesita valerse de carnada para atraer a los cóndores. Se calcula que en San Pedro Mártir habitan más de 100 ejemplares y son parte de un programa de rescate de la especie entre México y Estados Unidos. A finales de la década de los ochenta se estimaba una población de 27 cóndores. El programa ha sido un éxito, según cuentan. Prueba de ello es que los visitantes pueden observar en un solo día entre cuatro y siete ejemplares.


Estrellita dónde estás


De regreso al campamento, ya están listos los asadores y los montoncitos de leña para las fogatas. Mientras el sol se oculta, el ulular de las lechuzas se escucha por toda la sierra, igual que el cricar de los grillos. Las primeras estrellas se asoman, los guías instalan los telescopios para admirarlas.


Conforme la noche avanza, el manto estelar es cada vez más tupido. A medianoche se apagan las fogatas para observarlo mejor y en silencio. El staff reparte chocolate caliente para contrarrestar el frío. El termómetro siempre llega a descender por debajo de los cero grados.


San Pedro Mártir es uno de los mejores sitios para observar el cielo nocturno. Enlistado como Patrimonio de la Humanidad, es la sede del Observatorio Astronómico Nacional, operado por los astrónomos de la UNAM. Los avistamientos siderales no están permitidos ahí, pero sí se pueden visitar las instalaciones de día.


La mañana siguiente, los viajeros se dirigen hacia al observatorio. Ahí los recibe un astrónomo para explicarles cómo funcionan los telescopios y los tipos de constelaciones que se observan en la región. Desde su mirador se alcanza a ver la unión entre el Pacífico y el mar de Cortés.


Rumbo a Tijuana


El fin del viaje incluye una parada en el pueblo San Vicente Ferrer para visitar los restos de algunas misiones construidas por frailes dominicos. Néstor los lleva a comer burritos de machaca y taquitos de birria.


Durante el regreso a Tijuana, de donde parte la expedición, se contemplan los paisajes de la carretera federal, siempre flanqueada por cerros y un mar infinito.


Quién te lleva


Cucapah Tours. Los precios parten de una tarifa base de mil 600 pesos por persona, por dos días. La cifra incrementa si el viajero requiere de accesorios para acampar.


La expedición incluye transportación local desde Tijuana, alimentos, guía y seguro de gastos médicos mayores. La mejor temporada para ver al cóndor es de abril a octubre.


www.cucapah.com