Eyaculación precoz
Eyaculación precoz

Eyaculación precoz

Opinión
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Psicología

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Si a 8 años de casados la mujer le dice al hombre que eyacula demasiado pronto, ¿es problema de él, o de ella?
OPINIÓN


El problema es para los dos. Con frecuencia, se refiere a hábitos y expectativas; ambos esperan del otro: Hazme feliz. Ella espera más y le reclama a él por haberse quedado incompleta, insatisfecha. Él espera más de ella y siente injusto el reclamo. Hasta aquí, no se atisba una solución en el horizonte; estamos en el terreno de las acusaciones mutuas: Tú tienes la culpa. No, la culpa es tuya.
Podemos estar de acuerdo en que una relación sexual ocurre entre dos y es resultado de lo que hacen los dos. Todo el día y todos los días, no nada más en los momentos de intimidad. Hay quién dice que en toda relación la responsabilidad es de 50% y 50%, pero tal vez sea más exacto afirmar que es 100% y 100%: cada uno interesándose y colaborando con su cien por ciento, su capacidad total. Pero...
Como dije arriba, puede ser cuestión de hábitos y expectativas. Un hábito es una costumbre. Por ejemplo, quizá en la juventud se recurría con frecuencia al rapidín, obligados por la clandestinidad, y el cuerpo se acostumbró a las prisas.
Una expectativa es un pensamiento de anticipación que va a compararse con la realidad: esperar un traje rojo y que me regalen uno azul; esperar una niña y que nazca un niño; esperar un diez de calificación y sacarme nueve... Un regalo, un nacimiento y una buena nota son situaciones buenas y adecuadas para sentir felicidad; sin embargo, esperar algo distinto ocasiona insatisfacción, desencanto, que lo que se tiene no se aprecie o se disfrute menos. También puede suceder en el tema que nos ocupa.
En la actualidad, el cine, la TV, la pornografía y otros medios de comunicación han elevado las expectativas sobre la relación sexual y alentado el hazme feliz hasta puntos inalcanzables. Hacen creer que el sexo debe ser indefectiblemente un éxtasis en el que no interfiere nada, ni el estado de ánimo, ni el cansancio, ni las preocupaciones, ni las diferencias culturales, ni lo que pasó a la hora de la comida, ni las dificultades económicas, ni tantas cosas que sí tienen influencia. Con tales expectativas, ni él ni ella están preparados para disfrutarlo como podrían.
Una preparación remota para un buen sexo sería no dejar asuntos cotidianos pendientes, dándoles solución inmediata, definitiva y satisfactoria. Si uno llegó tardísimo, se le olvidó un compromiso, no cumplió una promesa, etc. Hablarlo enseguida y llegar a un acuerdo que no sea fingido. ¿No es posible? Entonces, al menos, que el acuerdo sea una tregua (posponer, no abandonar el asunto), para dejarlo fuera de la cama, porque interfiere.
Un tratamiento recomendado consiste en que ambos lleguen al acuerdo de no tener relaciones sexuales completas durante, digamos, un mes. En este lapso, ambos se van a la cama a sentir la mutua cercanía, se tocan, se besan, se dirigen uno al otro hacia el tipo de caricias que prefieren y les gustan. Si la erección está a punto, se detienen hasta que se calma, luego vuelven a comenzar. Es importantísimo que no haya penetración, aunque sientan deseos, puesto que se trata de romper con los hábitos y expectativas previos y establecer otros nuevos, que incluyen tanto dominar las reacciones de los cuerpos como la capacidad para observar lo que ocurre y hablar de ello sin apasionamientos. Cuando vence el plazo, pueden o no tener relaciones completas y, en caso de que se considere necesario, repetir el tratamiento.


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