Fallas de origen

Fallas de origen

Opinión
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Las agencias estadounidenses enseñaron a los mexicanos a infiltrar, a espiar y a reprimir opositores pero no a transformar la información.


El gobierno que elegimos se propone “mexicanizar” la estrategia de seguridad con los Estados Unidos. El encuentro entre el secretario de Estado, Mike Pompeo, con Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard es el punto de partida para corregir fallas de origen en las relaciones con el vecino del norte, en esa materia.
Durante el sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) se afianzó la creencia de que todo lo proveniente de los Estados Unidos era positivo. La Dirección Federal de Seguridad se fundó en 1947 teniendo como modelo al FBI y los instructores provenían de esa corporación y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Aarón Navarro afirma en Political Intelligence and the Creation of Modern Mexico, 1938-1954, que los agentes mexicanos sentían tanta veneración por sus tutores que, además de imitarlos en la forma de vestir se apodaron a sí mismos como los “Jiménez” para imitar fonéticamente a los “G-men” (Government Men) nombre popularizado por Hollywood para referirse a los agentes del FBI.
Las agencias estadounidenses enseñaron a los mexicanos a infiltrar, a espiar y a reprimir opositores pero no a transformar la información en inteligencia. La CIA se hizo cargo de entregar los análisis sobre amenazas internas y externas a varios presidentes mexicanos. El resultado fue un colonialismo intelectual y una relación de dependencia que debe terminar por al menos dos razones. Somos un país soberano y una parte de los Estados Unidos nos considera su enemigo.
En el establishment de seguridad estadounidense hay dos escuelas. La línea dura está representada actualmente por Donald Trump quien nos trata como una amenaza que debe combatirse y contenerse. Otros proponen preservar un orden existente que les resulta beneficioso. Lo ejemplifico con la carta enviada a Trump en marzo pasado por diez generales y almirantes que dirigieron los comandos Norte y Sur. Le pedían a su presidente seguir en el TLC por razones de “seguridad nacional”. En juego estaba la preservación de la “estrecha colaboración” de México y Canadá, para combatir el “tráfico de drogas, el terrorismo, la ciberseguridad, el crimen organizado y la migración”.
El gobierno de Enrique Peña Nieto se ha distinguido por el servilismo hacia Washington. Si el gobierno electo el 1º de julio quiere construir un “modelo mexicano” para enfrentar al crimen organizado, tendrá que revisar a fondo lo que pasa en las relaciones de seguridad con el vecino. Ello supone ajustes conceptuales y operativos.
México necesita un relato que confronte, en los Estados Unidos, el discurso simplista de Trump que asigna toda la responsabilidad de algunos de sus problemas de seguridad a México. La tesis que debemos impulsar está basada en un hecho: los dos países son corresponsables del auge que vive el crimen organizado. En ese nuevo relato tiene que reconocerse que les enviamos drogas, pero también recordarles, que ellos tienen años vendiendo armas y equipamiento bélico a los cárteles.
La modificación de la narrativa conduce a cambios operativos. Uno indispensable es revisar los efectos positivos y negativos que tienen los Estados Unidos en nuestra seguridad. Esto significa que cuando reconstruyan y cambien el nombre del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) tendrán que revisar su agenda de riesgos para incluir a algunas instituciones estadounidenses. Es fundamental que demos seguimiento a lo que genera la Asociación Nacional del Rifle a la violencia en México.
La mexicanización de nuestra seguridad tiene que ser integral y un tema de discusión nacional, lo cual implica sacar de la opacidad las relaciones con los Estados Unidos en ese tema. Es decir, ¿a qué se refieren los diez militares cuando le dicen a Trump que quieren preservar la “estrecha colaboración” mexicana en el combate al “tráfico de drogas, el terrorismo, la ciberseguridad, el crimen organizado y la migración”?
La reforma “pacífica, pero radical” que promete el gobierno que acabamos de elegir, debe abarcar las relaciones de seguridad con los Estados Unidos. Y el encuentro del secretario de Estado, Mike Pompeo con Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard debería convertirse en el inicio de la remodelación de las relaciones de seguridad con el vecino, a partir de la tesis de que “México es primero”. 


Twitter: @sergioaguayo