En el Nombre del Arte XII
En el Nombre del Arte XII

En el Nombre del Arte XII

Opinión
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De película.

Diseño: Grupo AM

Hay una serie divertidísima de memes (ideas repetitivas, concretas y virales) que han circulado en los últimos días acerca de lo que van descubriendo los Millenials. Me he reído a carcajadas. Pero el tema más interesante es que es cierto, y ni se diga al hablar de cine. No los tocó el Cine de Arte, fueron una generación de puros éxitos comerciales, así que hoy he decidido, recomendar 4 películas que considero indispensable mirar, para poder entendernos mejor.
 

Vanilla Sky/ ”Cada minuto es una oportunidad para cambiarlo todo”

Se puede vivir una vida entera dormidos. Cegados de nosotros mismos, por miedo, por necedad, por inconciencia, y hasta por propia y entera voluntad. Esa es la premisa fundamental de David, el protagonista, interpretado de forma soberbia por Cruise, quien a lo largo de un camino de despertares de si mismo concluye que: “Lo dulce no sería tan dulce, si no fuera por lo amargo”

¿Qué es la felicidad para ti? Le pregunta una mujer desequilibrada al hombre con la vida perfecta, poco antes de hacerla completamente imperfecta. Basada en una obra española de nombre “Abre los Ojos” Vanilla Sky es una oda al inconsciente con inmensos vuelcos de trama, para contar esta historia se ha recurrido al sueño lúcido, a un trágico accidente de auto y hasta a la criogenia de perros y humanos.

Las referencias artísticas van de Bukowsky a Monet (de su pintura icónica, el nombre de la cinta) Las musicales, de Joan Osborne a los Beach Boys, pasando por REM y los Rolling Stones. La más destacada, para mi, “The Nothing Song” de Sigu Ros. Lo digo sin temor a equivocarme: Es una verdadera joya.

Cinema Paradiso/ “La espera bajo el balcón no puede ser justa si a quien aguardas no te hace mejor la espera.”

Alfredo, un hombre bueno, -que no es lo mismo que un buen hombre- sabio y amoroso, encargado del único cine de una pequeña comunidad italiana le cuenta una historia a Totó, su joven ayudante:

“Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más adorable, e inmediatamente el soldado se enamoró, pero no podía aspirar a ella.  Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que no podía vivir sin ella. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: "Si puedes esperar por 100 días con sus noches bajo mi balcón yo seré tuya". Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos... luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Las aves se posaban en su cabeza, las abejas lo aguijoneaban, pero él no se movía. Después de 90 noches, se veía seco y pálido. Y todo ese tiempo, la princesa lo observaba. Cuando la nonagésima novena noche llegó... el soldado se levantó, tomó su silla, y se marchó... Totó preguntó: ¿Qué? ¿Justo al final? Alfredo le respondió: Justo al final, No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descrifrarlo, me lo dices.

Pocos años después, Toto ha aprendido un poco más sobre la vida y presenta su interpretación sobre el final de la historia. Una noche más y la princesa hubiera sido suya. Pero no había manera de quedarse con una persona tan cruel. No pudo ahorrarle ni una noche de sufrimiento. Debía irse. Al menos durante 99 noches, él vivía con la ilusión de que ella estaba allí, esperando por él.

Totó no entiende lo suficiente del mundo, o lo entiende como pocos y se lanza a esperar día y noche en el balcón de su amada, a la que solo le basta verlo una noche para entregarle su amor.

El amor es puro. Son los años los que lo contaminan. Nacemos para soñar, y para amar nuestros sueños. Nacemos para amar a nuestros congéneres. Nacemos para amar el arte, y como en el caso de Totó en esta cinta, para amar el Cine. Si queremos sentir emociones cargadas de nostalgia y sentimiento, si queremos hablar de amor al cine y en el cine, la película por excelencia es la obra maestra de Giuseppe Tornatore Cinema Paradiso.

Los Amantes del Círculo Polar/La vida es un círculo. El Amor también

El amor hace círculos. Sus protagonistas creen que avanzan, creen que trazan una línea recta. Pero no. Casi siempre dan círculos. Círculos en los que los actos se repiten. Porque le dan a los personajes que van entrando a sus vidas, el protagonismo y los visten con las virtudes y los defectos de protagonistas que ya se han ido. Los disfrazan de épocas que han terminado.

En este mullido colchón de círculos que van y vienen se desempeña la historia de amor de Ana y Otto. Un amor capicúa, como ellos mismos lo definen. Y en la confluencia filosófica de tan complejo escenario de didáctica amorosa, algo tan mundano como no mirar al cruzar la calle puede romper el nudo de la historia.

Una oportunidad de amar que se presenta varias veces en la vida. En la niñez, en la adolescencia y en la adultez, y al final, es imposible coincidir. Y es que, ¿Quién no entiende de eso? A veces uno de los que ama está listo, otro no. A veces los papeles se dan la vuelta. A veces ninguno está listo. A veces ambos dejan de estar listos. Ana y Otto, en ese coincidir y no coincidir terminan siendo, Los Amantes del Círculo Polar.


El Lado Oscuro del Corazón 2/ El amor es caminar juntos en una cuerda floja: cada quien parte de su lado para encontrarse en el centro.

El amor es un acto de circo en la cuerda floja. Si, es verdad. Un acto que se ejecuta por dos personas que pocas veces han subido a ella, y eso, si lo han hecho, ha sido para andar con las manos, tirar a alguien o para dejarse caer de pánico.

Cada uno de los amantes habrá de recorrer la mitad del camino, pues suben ambos, en postes diferentes –en vidas diferentes-, y cada quien es dueño de su parte del camino, y de su parte del acto.

Al centro tendrán las manos, el uno las del otro para equilibrarse, pero su mitad del camino, esa, esa solo es de cada quien. El amor es un acto en la cuerda floja. Es puro riesgo y equilibrio, es emoción y gozo, y es, cuando está bien ejecutado, digno de todo esfuerzo.

No, en esta cuerda floja nunca brilla más un ejecutante que el otro. Sin el trabajo coordinado de ambos, el acto completo se va al piso. Ninguno de los ejecutantes debe depositar su equilibrio en el otro, pues es la forma más segura de que caigan, cada quien es dueño de su equilibrio, y cuida del otro. El éxito del acto radica en la interacción por el acto en sí. Nada es culpa de nadie. Nada es discusión, pues en la cuerda floja de nada sirve discutir, de nada sirve culpar.

El amor es un acto de circo. Sí que lo es. O por lo menos es lo que nos propone la visión de El Lado Oscuro del Corazón 2.

Mis queridos amigos, tiene tanto que decirnos el cine, más de un conflicto de nuestras vidas podríamos resolver si miramos nuestra vida a través de la lente con la que se filmaron estas películas.

 

Cinéfilamente: José Luis Ramos Ortigoza.


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