La mejor versión de ti

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Opinión
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La culpa.

Diseño: Grupo AM

Yo diría que la culpa es una de las peores emociones que podemos experimentar y como todo en un concepto polarizado nos lleva siempre a magnificarla. De esa forma nos cegamos más, no podemos ver que si es llevada de una manera racional nos permite aprender muchísimas cosas, por lo pronto la principal: evitar a toda costa cometer el mismo error que provocaron nuestros actos.

Se dice que a partir de los dos años de edad ya somos capaces de tener conductas de reparación de daño. Un ejemplo, el niño que le pega a la mamá logra entender que hizo mal, pero es hasta los cinco años que ya se aprende sobre qué es la culpa y cómo prevenirla o evitarla.

La culpa es una emoción muy compleja, en muchos casos difícil de descifrar porque es un árbol con varias ramas, entre ellas, la moral, el cuestionamiento acerca de la propia existencia y sin duda lo que nos produce, que es sentir mucha pena.

Para mitigar el malestar de la culpa, mucha gente recurre a varias acciones, como pedir perdón o hacer promesas que en algunas ocasiones no se cumplen. Tratan de reparar el daño hecho. 

Algunos, de acuerdo con sus creencias religiosas, acuden a platicar con sus guías espirituales, todo con tal de sentir alivio momentáneo, pero insisto, si no vemos a la culpa como una enseñanza, podríamos siempre sentirnos mal con nosotros mismos porque en muchas ocasiones la culpa nos provoca ser exageradamente duros, críticos, llevándonos a juzgarnos muy fuerte. Al maximizarla o generalizarla le ponemos más carga a la circunstancia real.

Psicológicamente se cree que hay dos tipos de culpa, la constructiva y la que no sabes manejar, la que se te sale de control, esa culpa a la cual no te puedes adaptar, también dicen que hay personas que carecen de toda culpa convirtiéndose en cínicos.

Cuando la culpa es constructiva nos ayuda no solo a la reparación personal, sino a pensar en no seguir lastimando a las otras personas, surge cuando realmente se experimenta un verdadero arrepentimiento, nos hace mejorar en todos los aspectos, no se basa en reparar el daño mediante algo material, porque honesta y personalmente, este truco de comprar el perdón me parece un tanto falso.

La culpa que se nos sale de control, que se nos sale de las manos, nos lleva a obsesionarnos, principalmente en quedar como buenas personas ante los demás, a quedar como personas incapaces de cometer situaciones o errores con mala intención. 

A toda costa nos lleva a hacernos los buenos, este tipo de culpa también nos hace prometer y no cumplir, nos hace convertirnos en nuestro propio verdugo, castigándonos, jugando el papel de víctimas o mártires, nos obliga a sentirnos tan abajo moralmente que creemos que sufriendo repararemos los daños.

No olvidemos que muchas veces actuamos también en defensa personal, es decir, no verás cómo te humillan o te hacen groserías sin que tu amor propio salte a la defensa, sin que seamos agresivos, pero no vamos a permitir que violen nuestros derechos individuales,  quedándonos inmóviles, con tal de no ocasionar un problema que después nos genere culpa.

Pero, ¿cómo poder balancear la situación? Siempre piensa antes de actuar, piensa que tus palabras son también un arma, que las palabras edifican o destruyen, entonces no es conveniente decir cosas que van a herir al otro, yo creo que más bien debes de buscar la mejor forma de decir las cosas, en la que no quedes como alguien que permitió que pasaran sobre él, porque también eso después genera culpa, una culpa más fuerte que va contra ti, pero no te vayas del otro lado donde ya tu ley sería ser colérico, agresivo. 

Parece complicado pero simplemente vámonos a los principios básicos, no hagas lo que no quieres que te hagan, no dejes que el miedo te impida dar pasos acertados hacia el bienestar común, donde tienes la capacidad de no pisar al otro ni dejarte pisar, bajo una armonía sutil.

Otra forma de equilibrar la situación es reflexionar ante lo que se va a decir o se va a accionar, y llevar a cabo las virtudes, que para mí más bien son dones, como la tolerancia, la prudencia, la paciencia, y la responsabilidad personal. En algunas ocasiones existimos personas que trabajamos día a día en estos “dones”, es un poco difícil al pensarlo, pero teniendo la intensión y practicándolos, los podemos ir alcanzando.

Recuerda que toda convivencia se basa en lo que uno hace y lo que lo otros hacen, solo eres responsable de lo que tú haces, si las personas cometen errores contigo, mejor evítalas, porque nadie cambia, es una regla de oro, no analices tanto en por qué te hicieron eso o te dijeron aquello, suelta lo que no te sume, suelta lo que no te pertenece, recuerda la historia… en esta vida las acciones son como un regalo, si las recibes, si las aceptas, te pertenecen, sino sigue siendo de la otra persona. 

Sé cauteloso contigo para que no termines haciendo cosas que lastimen a otros pero sobretodo que te terminen lastimando más a ti.

Todos los días, al amanecer, tenemos la oportunidad de modificar nuestros actos por iniciativa propia, como todo para lograr un mejor funcionamiento, debemos de practicarlo y así podrás convertirte en la mejor versión de ti.