Raíces
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Opinión
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Sin abejas no hay dinero, ni comida.

Diseño: Grupo AM

La sociedad y los productores, percibimos (de manera indirecta y automática) que la producción agrícola depende de cinco factores:

Cantidad de producción. La cantidad de alimentos que producimos para alimentar a todo el mundo y la rentabilidad que debe de haber para los que producimos alimentos.

Calidad de la producción. La calidad que la gente espera, qué “tan buenos y bonito” se saben y ven los productos.

Tiempos de producción. Las fechas en las que producimos, la importancia del clima en esas fechas, la importancia de cuando lo necesitamos, etc.

Seguridad de la producción. Tener certeza de que habrá alimentos para todos

Sostenibilidad de la producción. Saber que seguiremos produciendo alimentos y que podremos darles a todos durante varios años, utilizando prácticas agrícolas y ambientales buenas para todos.

En todos estos puntos, los insectos y en particular las abejas juegan un papel fundamental. 

Estos pequeños “bichos” pesan alrededor de 200 miligramos y miden aproximadamente 15 milímetros, pero forman parte del ejército de polinizadores que aporta más de 200 mil millones de dólares al año a la agricultura mundial (algo así como ¡tres billones ochocientos mil millones de pesos!). 

Debido a su importancia económica y a los cinco factores anteriormente presentados, la presencia de estos amiguitos, la sustentabilidad de la producción de miel y el cuidado del medioambiente, serán necesarios para poder seguir produciendo una gran cantidad de alimentos de buena calidad.

Los ecosistemas agrícolas cuentan con una amplia diversidad de organismos que contribuyen a su productividad y sostenibilidad. Entre ellos están los polinizadores, que son animales que transportan el polen de las partes masculinas de las plantas a las femeninas, asegurando así la formación de frutos o semillas. 

“Tres cuartas partes de los cultivos de los que se alimenta el hombre dependen de la polinización para producir sus frutos”.

Entre los cultivos importantes en México que requieren polinizadores están: el frijol, el chile, el tomate, el jitomate, entre otros. Además, cultivos como la alfalfa de la cual se alimentan los hatos ganaderos dependen directamente de la polinización para producir semillas.

Los polinizadores pueden ser tanto vertebrados como invertebrados. Entre estos últimos, el grupo más importante está formado por los insectos, sobre todo las abejas o miembros de la superfamilia apoidea, con más de veinte mil especies, entre ellas la citada abeja melífera. 

Mariposas, polillas, moscas y escarabajos que se alimentan de néctar (mariposas) o polen (escarabajos), también pueden ser polinizadores eficientes. 

Entre los vertebrados, el néctar es la principal fuente de energía para ciertas aves, como los colibríes americanos, las aves del sol africanas y los comedores de miel de Oceanía.

Algunos mamíferos como ciertos murciélagos de los trópicos, son importantes polinizadores de agave, ceiba o kapok, pitahaya o dragon fruit y de varias especies ornamentales.
 
En líneas generales, aproximadamente 70 por ciento de las plantas cultivadas en el mundo dependen de los polinizadores para la producción de frutos y semillas; ese valor oscila según las regiones. Se estima en Europa equivale a 84 por ciento mientras que en México representa un 85 por ciento.

La polinización en muchos países es una herramienta de manejo en la que abejas melíferas, abejorros y otra limitada cantidad de especies son compradas y alquiladas por agricultores para suplementar la fauna polinizadora local. Esta práctica sugiere que ya no hay suficientes polinizadores silvestres para asegurar una adecuada polinización de todos los cultivos durante el año, especialmente en esos países donde la prestación del servicio de polinización por abejas melíferas está bien desarrollada.

Desde hace un par de décadas en Europa y Norteamérica comenzaron a desaparecer abejas y abejorros. Incluso algunas especies fueron declaradas en peligro de extinción. Esta situación ha provocado severos daños al ecosistema, ya que al romperse la interacción planta-polinizador, el vegetal no se reproduce y no se generan frutos de consumo para ningún organismo.

Con situaciones como la agricultura masiva sin buenas prácticas, la deforestación y el desarrollo urbano en regiones antes silvestres, los polinizadores han visto disminuidas sus poblaciones al no encontrar recursos alimenticios, sitios de nidificación y recursos para hacer sus nidos. Esto mismo se ve reflejado directamente en la disminución de especies de plantas polinizadas que anteriormente crecían libremente.
 
Las abejas son uno de los grupos más comunes de insectos de gran importancia ecológica y económica gracias a sus hábitos alimenticios; de ahí la relevancia de su estudio. Más allá de la comercialmente conocida apis mellifera (abeja de miel), se encuentran las silvestres que conforman aproximadamente 90 por ciento del total de las abejas del mundo.

Las abejas son los polinizadores más importantes. Hay más de 20 mil especies en el mundo, es decir, más especies que de mamíferos y pájaros juntos. El 95 por ciento de estas son abejas solitarias; las abejas que producen miel (melíferas) son solo una de estas especies y no son nativas de América. 
Las abejas productoras de miel tienen un comportamiento social (es decir viven en colonias) y poseen una especial división del trabajo. Una colonia de abejas melíferas puede contener entre 40 mil y 50 mil individuos. 

Otro grupo de abejas que tienen un comportamiento social son los meliponinos, llamadas comúnmente meliponas, no poseen aguijón, viven únicamente en zonas tropicales, son nativas del continente americano y además han sido aprovechadas tradicionalmente desde tiempos prehispánicos (su miel es deliciosa). En México existen 46 especies diferentes de meliponinos.

Muchas de las consecuencias predichas para el cambio climático, como el aumento de temperaturas, la modificación de pautas de precipitación y los fenómenos meteorológicos extremos, tendrán un impacto en las poblaciones de polinizadores (entre ellas las abejas) y afectarán a nivel comunidad, lo que se reflejará en tasas de extinción cada vez más altas para estos bichos.

Además de los efectos a nivel de especie, el cambio climático afectará con gran probabilidad a la interacción entre los polinizadores y sus fuentes de alimento. Es decir, a las flores en las plantas; ya que cambian, entre otras cosas, las fechas y los patrones de floración. 

Análisis recientes han sugerido que entre 17 y 50 por ciento de las especies polinizadoras sufrirán escasez de alimento en escenarios realistas de cambio climático, ya que prevén modificaciones en los patrones de floración de las plantas. Debido a estos efectos, se puede esperar la extinción de los polinizadores de algunos ejemplares. Se perderá casi la mitad del valor total de los cultivos dependientes de la polinización. 

El calentamiento global y el uso de pesticidas de manera desmesurado han mermado las poblaciones de polinizadores, afectando directamente en materia económica a la alimentación mundial.

Es por esto por lo que estamos ante un tema que puede resultar ser sumamente grave:
“La desaparición de insectos polinizadores conlleva de manera directa a un encarecimiento de algunos productos agrícolas o, incluso, dificultades de abastecimiento de alimentos en todo el mundo”.

Un equipo de científicos franceses (INRA) y un científico alemán (UTZ) han calculado que el valor económico mundial aportado por los insectos polinizadores, principalmente abejas, fue de 153 mil millones de euros (solamente) en 2005, en tan solo los principales cultivos que alimentan a la humanidad. Solo esto ya representa 9.5 por ciento del valor total de la producción agrícola mundial destinada para la alimentación humana durante ese año. 

En determinadas regiones de Norteamérica, Asia oriental y Europa, el valor de la polinización puede alcanzar los mil 500 dólares por hectárea (mil 170.50 euros), dinero que los agricultores (y la sociedad en general) perderán si se reducen las poblaciones de polinizadores.

A pesar de la importancia ecológica, económica y agrícola de los polinizadores, hasta el momento no se han hecho esfuerzos significativos que contribuyan a la conservación de las especies polinizadoras; en ese contexto es importante que de manera preponderante los gobiernos municipales, locales, federales, organizaciones civiles, universidades y la población en general desarrollen en conjunto planes y estrategias que ayuden a la conservación de estas especies, como: el uso responsable de productos agroquímicos, la realización de planes de ordenamiento territorial, la creación de planes de preservación de  hábitats naturales para su preservación y reproducción y, obviamente, el trato amigable hacia estos pequeños bichos.

Solo a partir de la puesta en marcha de este tipo de estrategias, será posible hacer frente a una problemática creciente. Por lo que es fundamental promover y convocar a que todas las instituciones y la población en general se sumen a la conservación de las especies polinizadoras.

La próxima vez que una abeja zumbe a tu alrededor, recuerda que muchos de nuestros alimentos dependen en gran medida de la polinización natural intermediada por estos amiguitos; un servicio clave que abejas y otros polinizadores prestan al ecosistema y a nuestra comida.

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