Las amigas

Las amigas

Opinión
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Soy testigo

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Puede creerse que soy afortunada, que todo gira muy bien a mi alrededor, que todo brilla cual calor y luz de un sol; que todas las personas que se acercan a mí son mis aliadas, son mis amigas y ciertamente así lo es.



Pero existe una amiga muy especial, esa amiga que siempre está, esa amiga que solo se aparece ante el dolor o una situación de sufrimiento; es más, segura estoy que todo el mundo cuenta con una amiga como la mía; ella es leal, es una conmigo, siempre que puede está, pero sobre todo en las circunstancias adversas.



  Sinceramente a veces quisiera que no viniera y me acompañara, quisiera gritarle “¡vete!, ¡vete! Y no vengas”, pero ella se siente con todo el derecho de presentarse y de acosarme, arbitrariamente se instala dentro de mí, no le importa cómo se encuentren mis emociones ella solo llega y anida en mi alma como si ésta fuera su hogar, se hospeda por tiempo indeterminado, puede ser dos días, una semana o quizá hasta meses.



Sí, hace de mi interioridad su hogar, un hogar donde ella llega sin avisar y se posesiona de todo mi ser, de mis emociones, mis percepciones, mi sentir y mi interpretar; se posesiona de mi ánimo de vivir y de actuar, ella es como una reina: no permite que nadie la interrumpa, de mí chupa, absorbe  vida en abundancia, el final de su presencia no lo alcanzo a visualizar, me siento tan cansada cuando  ésta, que no puedo decidir, ni actuar, ni pensar.



Lo extraño es que mi amiga, de nombre tristeza, no llega sola, suele acompañarse de la melancolía así la tristeza, sin preguntar, abre la puerta y muy lentamente las dos entran a mi interioridad y yo sin saber cómo deshacerme de tan pesadas visitas, me desespero y me hundo más en los brazos de mi amiga la tristeza.



La presencia de la tristeza se refleja cuando mi cabello está escurridizo, cuando al verme al espejo y éste me devuelve la visita de mis invitadas, se reflejan la tristeza y la melancolía, también siento su presencia cuando en mis ojos llueve y sobre mis mejillas corren las gotas de la lluvia que empapan mi pecho.



Por más que busco la manera de amar a mi amiga la tristeza y de hacerme una con ella, no puedo porque siempre que lo intento, más se va metiendo en mi interioridad y su permanencia se torna más larga.



Ante su arbitrariedad, ella trata de que yo entienda el motivo de su visita y empieza a hablar y hablar del ayer, de las ilusiones perdidas, de los proyectos fallidos, de los amores idos los cuales dejaron un bello recuerdo, me habla de las pasiones sentidas, me habla de las traiciones familiares, y una vez que se cansa de evocar los recuerdos. entonces suavemente me habla del ahora. 



Cuando la tristeza se va y me deja sola, empiezo a recobrar la calma y el amor por mi vida y me doy cuenta de todo lo que he vivido y me digo: “¡Bravo!, ¡soy una mujer que puedo decir: Soy testigo de toda la emoción y las pasiones sentidas!



Soy testigo de todas las lágrimas derramadas por el precio de vivir, también soy testigo de las risas contagiadas, de los amores correspondidos, de las entregas sin medida y sin título honorífico.



¡Bravo!, ¡bravo tristeza! porque una vez más estuviste conmigo, porque no me huyes, porque entras sin tocar la puerta, porque me escuchas, me abrazas y me vuelves en tu calor, gracias a todas las experiencias sufridas, lloradas y experimentadas, gracias a esto puedo tener más capacidad para sentir y oler el dolor de los otros.



Por ser una misma tú y yo, tenemos algo en común y es la fidelidad de la una hacia la otra, eres dependiente de mí y yo de ti. Tú no me abandonas y yo no me encuentro sola. 


 


PSIC. MARITZA  NASSER
 Telf. 7 12 34 61