El cuadro surrealista de una selva mexicana 

El cuadro surrealista de una selva mexicana 

Opinión
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Crónicas viajeras

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Hace cinco décadas había un inglés bastante excéntrico. De esos que tenían tanto dinero como complejos. El hombre tenía Tocs como para regalar. También tenía un grupo de amigos tan excéntricos cómo él. O incluso más. Vivían en un viaje perpetuo entre la realidad y los sueños y nos regalaron una corriente artística: el surrealismo. 
Pues este hombre, llamado Edward James, se impregnó de la locura de sus amigos Salvador Dalí, Leonora Carrington, Pablo Picasso... Vino a México, buscó un lugar dónde plasmar su locura y lo encontró en la Huasteca. 
Se pasó los siguientes treinta años haciendo un cuadro surrealista en el que él pudiera meterse. Esto se traduce en una construcción sin ton ni son, semi cubierta por la vegetación de la selva. 
Escaleras infinitas que llegan a ningún lado, esculturas que buscan camuflarse con las plantas. Fuentes y columnas que infringen la ingeniería misma. Todo rodeado por un lugar paradisíaco en el corazón más profundo del centro del país. 
Señor MoMA, quítese que usted no tiene un cuadro surrealista en donde sus visitantes puedan meterse. 
El lugar enamora, pero la obra de un hombre no compite con el sueño que es pasar unos días por la selva mexicana. Las cascadas son mejores que cualquier siesta. 
Los árboles son más altos que cualquier sueño. Y la naturaleza, con muy poca influencia del hombre, es más hermosa que cualquier obra colgada en un museo. 
Ojalá que como cuidamos un cuadro cuidásemos un río. 
Saludos desde el paraíso surrealista