Le afecta cobertura total

Le afecta cobertura total

Opinión
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Imaginen lo bien que le estaría yendo si no fuera Donald Trump… si no fuera un imbécil mentiroso.


Actualmente, se está llevando a cabo un poco de sana introspección en las salas de redacción en todo el país sobre si los principales medios deben cubrir todos los tuits y mítines del presidente Donald Trump. Mi respuesta: ¡absolutamente! En el plano profesional, es lo apropiado para nosotros y, como lo indicaron los resultados electorales de esta semana, también lo es en el plano político si queremos imponer límites al poder de Donald Trump.


Al parecer son las mentiras tóxicas, el acoso y el comportamiento poco presidencial que Trump exhibe tanto en sus tuits y mítines —que los medios reportamos incansablemente— lo que está disuadiendo a los republicanos más moderados y con más alto nivel educativo, así como a las mujeres suburbanas, que Trump necesitará para mantener la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, sin mencionar la reelección.


Así que continuemos con la cobertura.


La tasa de desempleo de Estados Unidos es del 3,9 por ciento, la inflación por el momento es moderada, el mercado bursátil sigue marcando récords y el presidente acaba de tener una cumbre en la que aplacó una crisis con Corea del Norte. Sin embargo, el promedio de encuestas más reciente de RealClearPolitics muestra que Trump tiene un índice de aprobación personal de tan solo un 43 por ciento, mientras que el otro 53 por ciento desaprueba su desempeño. Además, en una elección especial en Ohio el martes, el candidato republicano a la Cámara —al que apoyan Trump y toda la élite republicana— apenas rebasa a su rival demócrata en un distrito que no ha enviado a un demócrata al Congreso en más de tres décadas.


Esa no es buena señal para Trump ni para sus posibilidades en las elecciones intermedias, pero sí lo es para el pueblo estadounidense y los republicanos pensantes. Resulta que aún hay una cohorte de republicanos que no le ha vendido su alma a Trump de la manera en que prácticamente todos sus representantes electos en Washington lo han hecho.


Resulta que hay republicanos pensantes para los que el carácter, la decencia y decir la verdad aún son virtudes deseables en un presidente.


Resulta que hay republicanos pensantes que han observado las vociferaciones de Trump en Twitter, su desempeño perturbado en Helsinki y el veneno desenfrenado que lanza en sus mítines —así como la respuesta eufórica y ciega de su base de simpatizantes— y les parecieron desconcertantes e indignos de su apoyo. Esto es lo que nos dicen las encuestas y la mesa electoral.


Imaginen lo bien que le estaría yendo si no fuera Donald Trump… si no fuera un imbécil mentiroso.


Pero eso es exactamente lo que es. Así que continuemos con la cobertura.


El dominante hecho político de los primeros dieciocho meses de Trump en el cargo es que, a pesar de algunas tendencias económicas positivas en el país (y, claro, su papel preciso en la creación de las mismas sigue siendo tema de debate), el presidente no ha podido ampliar su coalición más allá de su núcleo del 40 al 45 por ciento. En parte se debe a que ni siquiera lo ha intentado. Pero también se debe a que las frases que le ganan aplausos, así como los comportamientos divisorios y abusivos que le parecen atractivos a su base, alejan a los republicanos suburbanos más moderados y con un mejor nivel educativo, y no hacen nada por atraer a demócratas independientes o conservadores.


Eso no quiere decir que los demócratas tendrán un camino fácil en 2018 o 2020. Aún necesitan candidatos atractivos. Pero sí me hace pensar que quiero una cobertura total de todos los discursos, mítines, tuits y declaraciones de Trump, porque son los que más revelan su carácter, que es el límite de su presidencia, y él parece poco interesado, o más bien incapaz, de cambiarlo.


Sí, quiero que todos los estadounidenses sepan que dos simpatizantes de Trump fueron captados en el último mitin del presidente, en Ohio, con camisetas que decían: “Preferiría ser ruso que demócrata”. Ese es un punto interesante. Si votan por Trump, estarán votando al lado de ese tipo de personas.


Quiero que todos los estadounidenses sepan sobre el tuit de Trump en el que califica al conductor de CNN Don Lemon, que es afroestadounidense, como “el hombre más tonto de la televisión” y afirma que Lemon hacía que LeBron James “luciera inteligente, lo cual no es fácil de hacer”. Lemon estaba entrevistando a James acerca de una escuela que acababa de abrir en Ohio para niños de escasos recursos.


Quiero que todos los republicanos que contienden para un cargo escuchen todas las sílabas de la arrogancia intimidante de Trump cuando advirtió en su mitin de Ohio que destruye a todos los políticos republicanos que se atreven a desafiarlo, diciendo: “Solo destruyo sus carreras porque dijeron cosas malas sobre mí, así que respondo y se van por el caño… y eso está bien”.


Quiero que estas cosas se escuchen y se divulguen de costa a costa. Porque, aunque estas palabras sí unen a la base de Trump, también unen a los demócratas y evidentemente avergüenzan a los republicanos moderados y alejan a los independientes.


El encuestador veterano Stanley Greenberg me dijo que está viendo señales de este fenómeno en sus grupos recientes de sondeo: uno fue con republicanos moderados, los cuales se sintieron “repelidos” por el comportamiento de Trump, y otro fue con “republicanos conservadores seculares”, la mitad de los cuales se sintieron igual.


Además, dijo Greenberg, los peores comportamientos de Trump —como cuando insultó a los heróes afroestadounidenses del deporte, amenazó a los conservadores que se atrevieron a enfurecerlo, elogió a Vladímir Putin y atacó al FBI— “les recuerda a los conservadores evangélicos sobre el pacto con el demonio que hicieron al apoyarlo. Verlo en todo su exceso, manía y ensimismamiento no los hace reconsiderar su decisión, pero sí los incomoda”.


En una elección cerrada no se necesitan muchos republicanos moderados incómodos que se queden en casa para hacer una gran diferencia. Eso es todo lo que estoy buscando, no un tsunami… eso no está sobre la mesa. Tan solo una pequeña ola de indignación entre los moderados del partido republicano es todo lo que se necesita para quitarles varios distritos claves a los republicanos y dárselos a los demócratas.


No hay duda de que la prensa no debe permitirse ser un accesorio en los mítines de Trump, y eso puede solucionarse utilizando una cámara de prensa conjunta que envíe información a todas las televisoras o que los reporteros simplemente se sienten donde están los asistentes de los mítines, no en una sección especial.


De cualquier forma, todo el país debe ver todos los tuits, todos los mítines, todas las palabras y todas las reacciones para que puedan preguntarse: “¿Este es el hombre que quiero que mis hijos vean como nuestro presidente? ¿Estas son las personas con las que quiero alinearme?”.


Es demasiado tarde para que la base de Trump considere estas preguntas, pero no me rendiría con sus simpatizantes pasivos. Las encuestas más recientes y las elecciones especiales nos dicen que no debemos darnos por vencidos.


Aún creo que muchos estadounidenses de todas las afiliaciones políticas son mejores que este presidente y que, cuando se les dé la oportunidad de afirmarlo, lo harán. ¿Serán suficientes? No lo sé.


Solo sé que el Congreso republicano y Fox News están demasiado sesgados para decirle a Trump “ya basta”. No obstante, hay republicanos moderados decentes que, aunque quizá nunca elijan a un demócrata, probablemente se indignen lo suficiente como para no ir a votar. Es la mayor esperanza. Así que mantengamos la cobertura total sobre nuestro presidente.