Edgar-Botín

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Opinión
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De seguridad pública, mejor ni hablamos. Los robos a casa habitación están a la orden del día, los homicidios dolosos se han incrementado.


En la ciudad de Guanajuato residen los poderes estatales del estado y aparte de ser la capital, es reconocida como “Patrimonio Cultural de la Humanidad”. Este municipio concentra historia y cultura centenaria. Sin embargo, desde hace varios trienios se ha destacado por poseer los peores gobiernos municipales del entorno, colonizados por una casta política depredadora y voraz. 


Esta condición se ha mantenido gracias al pacto que se trabó entre gobernadores panistas y un priísmo de la más baja ralea, que ha desgobernado a la comunidad, logrando para una camarilla, poder y negocios, ante la negligente mirada de los ejecutivos estatales, que nunca han respingado por los abusos y expolios infringidos a los capitalinos.


El caso extremo se presentó en 2015, con el acuerdo entre el candidato panista a la diputación estatal y el PRI capitalino, para cederle la plaza municipal al aspirante Edgar Castro a cambio de la victoria panista en la diputación. Así llegó Alejandro Navarro a la curul local. Cosas del destino, el próximo alcalde, es causa eficiente del actual desgobierno que padece el municipio.


Ahora, a manera de muestra, analicemos la negligencia con la que se conduce el gobierno que encabeza Edgar Castro Cerrillo. 


El ejecutivo estatal ha trabajado de manera profesional, generando el Plan Estatal de Desarrollo 2040, mientras que los principales municipios guanajuatenses actualizaron sus planes de ordenamiento territorial y ecológico para cumplir con las nuevas disposiciones vigentes. 


En tanto, el municipio de Guanajuato se negó a publicar el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) manufacturado por la UNAM en 2011. No les gustó a las autoridades acostumbradas a la discrecionalidad para negociar usos de suelo. 


La enfermiza ambición sobre los terrenos aledaños a los escabrosos cerros que circundan a la ciudad por su flanco sur, continúan siendo la manzana de la discordia, entre un puñado de propietarios abusivos y el pueblo de Guanajuato.


Presionados por la obligación de actualizar la regulación urbana y ecológica, el ayuntamiento 2015-2018 inició los trabajos del Plan de Ordenamiento Ecológico y Territorial (POET). 


Pero incómodo por tener que sujetarse a criterios técnicos, el ayuntamiento, a instancia del alcalde Castro, terminó destripando la semana pasada el POET y despidiendo a la Directora del Instituto de Planeación del Municipio (Implan) por querer cumplir con sus funciones. 


Definitivamente el gobierno-botín que tenemos instalado en esta capital estatal, no acepta ningún instrumento de regulación, optan por el desorden urbano y  descarada negociación de usos de suelo. Los moches son el instrumento corruptor que ha seleccionado el funcionariato cuevanense, ávido de extraer rentas del servicio público.


Pero al tiempo que se genera una dinámica perversa en el gobierno, sus efectos se dejan sentir, implacables, bajo el desorden provocado. Todo languidece ahogado en un tráfico caótico. La nula planeación urbana y la desatención al cuidado del medio ambiente se hacen patentes. 


Los autos desbordan los estacionamientos citadinos y afean el paisaje arquitectónico que nos ha encargado cuidar la Unesco, mientras se permite deteriorar la imagen urbana con toda clase de anuncios comerciales. La venta en las calles, de chucherías y garnachas, es fomentada sin límite alguno. 


Ni siquiera han podido poner orden en la utilización de la vía pública para instalar  mesas y sillas de bares y restaurantes. El servicio de transporte urbano, se presta con unidades desvencijadas, viejas y contaminantes. 


Continúa el oprobioso tiradero municipal a cielo abierto, prohibido por la regulación ambiental, que contamina con sus lixiviados el cauce del principal cuerpo de agua de la región; así como el ineficiente servicio de limpia que mantiene focos de infección y proliferación de roedores por toda la ciudad. 


De seguridad pública, mejor ni hablamos. Los robos a casa habitación están a la orden del día, los homicidios dolosos se han incrementado.


La corrupción impuesta desde la administración, consume el patrimonio de la humanidad inexorablemente, produciendo a su vez pobreza, para los desorientados habitantes de este municipio, acostumbrados, extrañamente, a ser mal gobernados y saqueados por una camarilla de abusadores.


El señor Navarro, que propició con su contubernio con el PRI, que Edgar Castro llegara al gobierno, paradójicamente será el próximo alcalde de Guanajuato. Recibirá el novel ayuntamiento un municipio en estado crítico, sin instrumentos de ordenamiento territorial, ecológico y de movilidad. 


Le tocará padecer el desastre que él contribuyó a instalar en el gobierno local. Pero también, el próximo ayuntamiento, tendrá la oportunidad de reencauzar al municipio, siempre y cuando abandone las malas mañas, colocando en los puestos claves a personas honestas y de buena fama pública que contribuyan a construir confianza con los ciudadanos. Solo así.


Advertimos que el tiempo apremiará al próximo cabildo, si durante el primer trimestre de gobierno no expiden la regulación necesaria para gobernar la mancha urbana que les corresponde. Sin POET y Plan de Movilidad,  pasados por el rasero de la participación ciudadana, la nueva alcaldía apuntará a ser una peor copia del nefasto gobierno-botín con que  Edgar Castro termina su trienio. ¡Horror!