Se queda atrás el Campo en avance tecnológico

Se queda atrás el Campo en avance tecnológico

Negocios
|

Derivado de los recortes presupuestales, los planes de trabajo del INIFAP se ven afectados

Foto: Archivo


Cerveza, trigo y el maíz de las tortillas, provienen de semillas mejoradas que fueron obra del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), que cada año recibe menos recursos presupuestales.


Derivado de los recortes presupuestales, los planes de trabajo se ven afectados y México se retrasa en la generación de las tecnologías aplicadas al campo, advierten especialistas.

Uno de los aportes más interesantes por el Instituto, han sido las variedades de semilla de cebada, destinadas para la producción de la cerveza, destacó Mauro Zamora, investigador en el INIFAP de este cereal.

Actualmente Grupo Modelo utiliza las variedades de cebada Alina, Armida, Esperanza y Esmeralda, las cuales fueron liberadas por el INIFAP, y los productores las siembran en Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Estado de México, Zacatecas, Durango y San Luis Potosí, según información proporcionada por el área de agronegocios de la empresa.

En cuanto al maíz, este organismo desarrolló los padres o semillas progenitoras que vendieron a las empresas semilleras para que crearan sus propios híbridos y con ellos conseguir el maíz que se requiere en alimentos como las tortillas, tamales o atole, refirió Juan Virgen, investigador de campo experimental Valle de México del instituto.

"(Los híbridos) son para el consumo de la industria de la masa y de la tortilla, es para consumo humano. Hemos estado trabajando con alrededor de 31 empresas (semilleras) en esos estados (centro del País, incluida la CDMX), siendo las principales Agrícola El Caudillo; Semillas El Trébol; Granos y Semillas El Ocotal e Impulsora Agrícola La Laguna", explicó Virgen.

Asimismo, el 99 por ciento del trigo cristalino, usado para las pastas de consumo humano, que se produce en el País, se consigue a partir de las semillas que fueron liberadas por el INIFAP, refirió Guillermo Fuentes, investigador en el campo experimental Norman E. Borlaug de dicho instituto.

Sin embargo, en 2018 el presupuesto aprobado para el INIFAP fue de mil 548 millones, es decir, 77 millones 367 mil pesos menos que el de 2014, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda.

El instituto requiere alrededor de 103 millones 900 mil pesos para la reparación de infraestructura de los campos experimentales, así como para el mantenimiento y compra de equipos de laboratorio, según información de los diversos campos a nivel nacional recopilados en el "Plan estratégico especial del INIFAP".

En el plan se detalla que las instalaciones de algunos centros de trabajo están deterioradas y requieren remozamiento para su adecuado funcionamiento (incluyendo sistemas de riego y oficinas) y por ejemplo, sólo para el Campo Experimental Norman E. Borlaug se necesitarían 4 millones 800 mil pesos para el periodo 2018-2019.

Asimismo, en el campo experimental Todos Santos, en Baja California Sur, se demandan algunas maquinarias como sembradoras y trilladoras, por lo que se requiere un monto de 20 millones de pesos.

Además, ya fueron cerrados dos campos experimentales, uno ubicado en Valle de Juárez, Chihuahua y otro más en Tecamachalco, Puebla, destacó Ramón Garza secretario general del sindicato independiente de investigadores del INIFAP.

Derivado de los recortes presupuestales, los planes de trabajo se ven afectados y México se retrasa en la generación de las tecnologías aplicadas al campo, refirió Garza, quien también es investigador en el campus experimental Valle de México.