Rumbo nuevo

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Opinión
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Las nuevas estrategias contra el crimen organizado toman forma y adquieren densidad. Las explico, contextualizo y comento. 


Para Lorenzo, José y Juana Inés.



Las nuevas estrategias contra el crimen organizado toman forma y adquieren densidad. Las explico, contextualizo y comento. 


Los dos anuncios más relevantes los ha hecho Alfonso Durazo, futuro secretario de Seguridad Pública: se quitará centralidad a la captura o eliminación de los grandes capos y se dará prioridad al desmantelamiento de los negocios y las finanzas de las bandas criminales. Fuentes de alto nivel me comentan que los Estados Unidos está, en términos generales, de acuerdo con el viraje. 


El cambio de rumbo se complementa con otros comunicados del lopezobradorismo: las fuerzas armadas seguirán en las calles e irán regresando a los cuarteles en la medida en la cual se vayan regenerando la Policía Federal y las policías estatales y municipales. También se fortalecerá la atención a víctimas creándose comisiones de la Verdad para los casos más paradigmáticos. 


Copar y secar las arterias de las bandas criminales ya ha probado su eficacia. Sin embargo, es una estrategia seguida con poco entusiasmo por los gobiernos porque interfiere con el funcionamiento de la economía de mercado. Tuvieron que darse los ataques terroristas a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, para que Washington y Londres se lanzaran contra las redes de financiamiento de Al Qaeda y con ello limitaron seriamente su funcionamiento. México se embarca en ese camino. 


Ya bosquejaron los pilares de la estrategia; falta que la implementen sabiendo que habrá una feroz resistencia de los afectados. El crimen organizado ha crecido tanto en México por el tamaño de las redes de complicidad y corrupción con los sectores privados y públicos, por nuestra ubicación geopolítica, por las raíces que tienen en la economía formal e informal y por su base social. Sabemos todo esto pero ignoramos cuál es su verdadero tamaño, alcance y capacidad de resistencia.  


Hay indicios de que es el poder fáctico más poderoso. Basta con acercarse a los procesos legales contra los grandes capos del crimen o de la corrupción para constatar, por ejemplo, su capacidad de maniobra. Las sofisticadas estrategias legales se benefician de expedientes perdidos, alterados o falsificados y de procesos judiciales que se aceleran, frenan o concluyen sin explicación aparente. 


También puede constatarse la formidable base social que tiene a su disposición la delincuencia. Dependiendo del municipio, lo común es que entre 20 y 30% de la población tenga simpatía por valores anticívicos. Esas ideas luego toman diversas expresiones organizadas. Es el caso con una franja del comercio informal o con esas multitudes que salen a enfrentarse a policía y milicia para proteger a los huachicoleros transformados en próceres comunitarios. Por doquier asoman las colas y los bigotes de la delincuencia organizada.  


¿Tendrá el nuevo gobierno la capacidad para coordinar las diversas secretarías de Estado un día sí y otro también?, ¿tejerá una estrategia nacional capaz de concentrarse en zonas geográficas específicas?, ¿incorporará el conocimiento y la experiencia acumulados por universidades y organismos privados?, ¿convencerá a los Estados Unidos de la urgencia de frenar el contrabando de armas y el lavado de dinero? Morena tiene la voluntad para hacer todo eso y más, pero navega por las aguas de un poder fragmentado. Controla el legislativo y los primeros niveles del ejecutivo federal, pero gobierna en solo 5 entidades. Las otras 27 están en manos de la oposición. 


Ante tanta complejidad tal vez sería aconsejable que pusieran el acento de la nueva política en las entidades donde tienen más capacidad de maniobra. La Ciudad de México, Morelos, Tlaxcala y Veracruz podrían convertirse en laboratorio para probar las metodologías y ensayar las que permitan recuperar espacios cedidos a la delincuencia y construir o consolidar los “islotes de paz”. 


Por ahora, es motivo de celebración el cambio de estrategia y el involucramiento del presidente electo. También alienta el perfil de quienes ocuparán los nuevos cargos (es acertado el fichaje de Santiago Nieto como titular de la estratégica Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda). Hay razones para la esperanza. Disfrutemos el momento. 
 
Twitter: @sergioaguayo
Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz.