La identidad en el aire

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Opinión
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Repetición, confort y garantía: las bandas de covers.

Diseño: Grupo AM

La escena musical local de Pachuca ha pasado por muchísimas transformaciones, desde la modalidad de las presentaciones hasta los mismos géneros que se tocan: alguna vez tuvieron su auge el metal y el punk, otras las tocadas multitudinarias y diversas.
 
Los lugares también han ido variando. Desde terrenos y casas hasta foros y teatros, sin olvidar los bares, establecimientos que tradicionalmente abren sus puertas a las propuestas musicales, buscando generar un ganar-ganar: que las bandas locales tengan donde presentarse y, a su vez, que ellos se vean beneficiados con el público que asiste a un show, consumiendo los productos de los que se nutre la carta del local o pagando la entrada.
 
Al revisar las carteleras recientes de dichos sitios, podemos comprobar una nueva tendencia: la apuesta que han hecho ha sido precisamente a los grupos que tocan covers, es decir, aquellos que no interpretan un material propio, su repertorio se compone de grandes éxitos de la historia musical. 

Cada vez son más y más los lugares que ofrecen tributos cada semana o bandas que simplemente están amenizando el ambiente, con las viejas fórmulas: buscando tocar la canción que todos conocen, el estribillo pegajoso o aquella melodía que nos genera el efecto melancólico de los viejos tiempos que ya se fueron.
 
¿Qué es lo problemático en todo esto? Si hay un público considerablemente grande que consume muy bien estas propuestas y por el otro lado los conjuntos que interpretan suelen ser realmente buenos, músicos consolidados, con una técnica importante y un set que dominan a plenitud. 

El peligro pasa por el abandono de la creación misma. Los músicos entran en una zona de confort donde ya no hay innovación, porque han asentado el éxito en la repetición de lo seguro, han dejado de arriesgarse y producir nuevas canciones, experimentar otros ritmos, se han olvidado de prácticas fundamentales como componer y producir. 

Otro efecto es la homogenización de las tendencias. Los bares, buscando siempre la ganancia económica, atravesados por la lógica de la competencia, empiezan a darle la preferencia a las bandas que tocan covers y pierden el interés en aquellas que se han esforzado en crear un material propio, siendo un mensaje claro: se premia a la repetición automatizada y se castiga a la creación artística.
 
Además de la experiencia del público, que ya no se interesa ni siquiera en saber el nombre de la banda que disfruta a través de sus sentidos, mientras toquen el éxito que piden todo estará bien y en orden. 

El respetable también se está anquilosando, cerrándose a conocer otras propuestas, ¿y de dónde vendrán los nuevos éxitos si no le damos la oportunidad a los sonidos propios de nuestro tiempo? ¿Cómo vamos a forjar una escena propiamente pachuqueña si nuestras bandas repiten hasta el hartazgo temas que ellos no crearon? Habrá que tener cuidado y estar siempre atentos, vigilar a qué puertos nos están llevando dichas rutas.