Desde el proyector
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Opinión
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La cocina del cine.

Diseño: Grupo AM

Ver una película, la que sea, es entrar en un proceso de emociones y sensaciones que en determinado momento pueden o no incidir en nuestro accionar inmediato o futuro. No me detendré a explicar este punto, sobre el cual abundan muchos y muy interesantes textos, incluso algunos de carácter científico.

Y esto de las sensaciones que provoca el cine, ya sea una buen o mala película, para mí es más perceptible cuando veo algo en pantalla que tenga que ver con la gastronomía, con la cocina, con la repostería o con cualquier platillo.

Nunca olvidaré el tremendo antojo que me provocó la película Chocolate (Chocolat), producción del año 2000, basada en la novela homónima de Joanne Harris. Esta cinta protagonizada por la bella Juliette Binoche, estimuló mis ganas de beber  y comer chocolate. A medida que avanzaba la función, mi antojo por chocolate blanco, amargo, oscuro, etc., iba en aumento. El antojo fue tal que una vez finalizada la proyección, me apresuré con mis acompañantes a comer y beber chocolate.

Una extraordinaria película, quizá una de las primeras que me mostraba el maravilloso mundo del cine de autor, es: El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (The Cook, The Thief, His Wife and Her Lover), filme de 1989, dirigido por el maestro Peter Greenaway, con música de mi admirado Michael Nyman. Esta película es una rara y perturbadora mezcla de gastronomía, erotismo, engaños y crimen.

Hay otros casos que lejos de causarme un antojo, me han provocado lo contrario. Tal es el caso del excelente documental del 2004, Super Size Me. Dirigido y protagonizado por Morgan Spurlock, quien nos muestra a través de un experimento consigo mismo, los enormes riesgos a la salud física causados por el consumo de comida rápida, en este caso, de la más famosa cadena de hamburguesas norteamericanas.

Hoy abundan las películas inmersas en un contexto gastronómico, muchas de estas pretensiosas y llenas de clichés. Para mí, la mejor, es la insuperable Como agua para chocolate, dirigida por Alfonso Arau; basada en la novela del mismo título, autoría de Laura Esquivel. Una nostálgica historia de amor, en medio de las más tradicionales recetas de la cocina mexicana de principios del siglo XX, que nos provoca ganas de oler y probar el recetario de la película.

Mención aparte merece el corto Quarume (2018), de Arturo Marcos Merelo. Un Fascinante viaje a la gastronomía callejera de Palermo, Italia; en medio de un caos emocional. Esto, presentado mediante un discurso que rompe paradigmas narrativos.

La comida ha sido un personaje casi imprescindible en el cine. Ya sea el típico mole poblano, la ratatouille francesa y hasta la mítica royale with cheese. La cocina, siempre será un buen pretexto para contar una historia en el cine.


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