El lado obscuro del protagonista
El lado obscuro del protagonista

El lado obscuro del protagonista

Opinión
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Crónicas viajeras

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Hace unos 30 años, unos jovencísimos guionistas propusieron una historia a una gran compañía de dibujos animados llenos de hombres con traje y zapatos de charol. Les dijeron que su historia no cumplía con los requisitos del éxito taquillero. Lo sabían por las cuantiosas ganancias que llevaban acumulando en su cuenta bancaria vendiendo películas que marcarían a generaciones enteras.
Porque ellos sabían que para que un montón de niños se maravillaran al ver en la pantalla un castillo blanco en un fondo azul tenía que tener unos ingredientes secretos: un protagonista (o una), una canción diciendo lo que quiere lograr, un villano tan malo que todos puedan odiar, y canciones, muchas canciones. 
Pues este grupo creía en que había un lado B al éxito. Una forma diferente de llegar a la audiencia sin atosigarlos con tanta azúcar melosa. 
A estas alturas, sabrán que los hombres de traje son la compañía, casi monopolio, de Walt Disney. Y esos jóvenes irreverentes eran los chicos de Pixar. La historia que ellos proponían era Toy Story. Película que no tiene una canción, no tiene un villano malo malo, y lo más importante, el protagonista tiene claros y obscuros. 
Woody, ese amigo fiel que tiene una serpiente en su bota. Ese protagonista que conquistó nuestros corazones en los primeros minutos del film. Ese vaquero que jugó con Andy durante toda su infancia, es a todas luces una persona amable, un buen líder, un buen amigo… hasta que llega Buzz. Y todo su mundo se derrumba. Es capaz de mandar a su nuevo compañero a la casa del vecino. Porque todos somos amables cuando todo está en su sitio. 
Y creo que ese es el verdadero logro de Pixar. Nos enseñó que todos los personajes tienen una parte buena y una mala. Que no todo en la vida lleva música de fondo. Que los amigos, por muy fieles que sean, algunas veces cometerán errores. Errores grandes o errores pequeños. Y esto es así y hay que seguir. 
Pero lo más importante, lo que de verdad incumbe a cada uno de nosotros, es que nosotros también tenemos esas facetas grises, tirando a negras. Esas que no salen en una foto de Instagram. Esas que no salen en la primera cita. Esas que te tocan a la cabeza un domingo por la tarde y que te niegas a aceptar del todo. 
Así que, como Woody, a resolver nuestros fantasmas y seguir contando una historia esperando hacer que esos 80 minutos de película (o vida) valgan la pena. Y si lo logramos, puede ser que le enseñemos a los señores de Disney que no todo es como lo pintan. 


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