La Marcha del Silencio

La Marcha del Silencio

Opinión
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Hay eventos, símbolos, memorias, causas, que han unido en la historia reciente de México a la izquierda mexicana. Si por ésta entendemos a la corriente de pensamiento e ideología que piensa en el bien común antes que en el individual y que le da al Estado, el rol de garante de los derechos de las mayorías sobre las minorías. Nos acercamos rápido al 2 de octubre del 2018 y serán 50 años de aquel hecho de represión gubernamental al movimiento estudiantil que buscaba libre expresión, garantías y libertad a los presos políticos. Estamos cerca, pues, del evento más emblemático de la izquierda en sus reivindicaciones contra el Estado mexicano.


Pero hoy será la izquierda –al menos esa parte que forma Morena toda vez que está integrada también por ex priístas impresentables y ex panistas renunciantes a sus ideas-, la que conmemore, la que traiga al presente al 2 de octubre en sus 5 largas décadas que no hicieron olvidarla brutalidad. Era septiembre, hace 50 años, que el movimiento estudiantil organizó la gran Marcha del Silencio. Fue esa manifestación convocada por los integrantes del movimiento de 1968 en la Ciudad de México. Hace 50 años era el viernes 13 de septiembre. Era la protesta por el desalojo violento de la Plaza de la Constitución (Zócalo), donde se dieron detenciones arbitrarias, brutalidad policial y algunos enfrentamientos del movimiento estudiantil contra los Granaderos y el Ejército Mexicano.


La Marcha del Silencio ese viernes fue convocada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) en una manifestación ordenada, sin consignas, sin gritos, pacifista, más elocuente que las palabras de los mítines. Era la respuesta en silencio al silencio de Díaz Ordaz en su informe de gobierno apenas 12 días antes. La marcha tenía como inicio el Museo de Antropología en Chapultepec; allí miles de personas acudieron a la convocatoria marchando con su protesta. Era el preludio de la matanza de Tlatelolco.


El orden, la coincidencia, el coraje, todos hechos silencio fueron impresionantes, lapidarios, en una protesta para el gobierno de quien la historia señala como el responsable de la represión: Díaz Ordaz. Fueron todas las escuelas de la UNAM, del Politécnico, donde los estudiantes marchaban con cintas adhesivas sobre los labios. Estudiantes, padres de familia, trabajadores, sindicatos, todos unidos también en la primera movilización masiva que registraba nuestra historia en contra de un gobierno mono partidista y represor.


Marcharon alrededor de 200,000 personas para colmar el Zócalo de la Ciudad de México. Esa enorme cantidad de manifestantes inhibió seguramente las acciones de hostigamiento y agresión que utilizó Díaz Ordaz contra el movimiento. En el mitin final, se repitieron las demandas del movimiento estudiantil en el pliego petitorio. Era el movimiento popular que exigía romper el sistema de poder tradicional del PRI. Al igual que en otras capitales mundiales, los estudiantes cuestionaban el sistema político monolítico y exigían espacios de expresión y la derogación de leyes que limitaban la asociación.


A 50 años de distancia, México es otro. Los indicadores de pobreza no son peores. La humanidad ha tenido gracias a los avances tecnológicos y a la urbanización, incrementos de los estándares de vida. Estudios de la ONU como el Informe Mundial de Desarrollo Humano, comprueban que las sociedades industrializadas han incrementado la esperanza de vida, de ingreso per cápita y de escolaridad, los componentes básicos del Índice Mundial de Desarrollo Humano. México tiene libertades que surgieron de las sucesivas reformas políticas; los medios de comunicación participan de la dinámica de mercado para ofrecer información, funciona el sistema electoral, la economía funciona lentamente y el reto es reducir las brechas entre los más ricos y las mayorías pobres.


Las causas estructurales que provocaron el movimiento estudiantil del 68 han sido atendidas en general, aunque el sistema político se autodestruyó inundado de corrupción. El sistema de partidos tradicionales colapsó emergiendo un partido que al igual que el PRI, concentra el poder en solo dos manos, pues hoy, el Presidente electo tiene al igual que en antiguo PRI, todo el poder.


La Marcha del Silencio vista a 50 años, es el mayor referente de un pueblo que en forma organizada reclama a sus autoridades los básicos de la convivencia social. Exactamente 50 años después,  México, se prepara para un cambio de régimen que promete transformar el sistema político, económico y social. Morena se apropia de las banderas que tuvo la izquierda histórica o al menos de algunas de las que planteó con sus muertos. La diferencia es que ahora, la izquierda será gobierno y tendrá la responsabilidad de responder a las reivindicaciones sociales que entonces, marchando, en la enorme marcha del silencio de septiembre de 1968.



* Director de la Universidad Meridiano
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