La calle de Ocampo

La calle de Ocampo

Opinión
|

Continúo platicando sobre la historia de la calle de Ocampo en nuestra ciudad...

Arq. Javier Martín Ruiz


Buenos días. Continúo platicando sobre la historia de la calle de Ocampo en nuestra ciudad. En el anterior artículo relaté la vida de Melchor Ocampo a quien se le otorga el honor a esa calle de recibir su nombre, dada la calidad humana de él, que hizo historia en México. Me impresionó mucho la película realizada sobre su vida, caracterizada por el excelente actor Rafael Sánchez Navarro. La recomiendo ampliamente.  Ahora relatare algo más de la historia actual de la calle, lo que hago de memoria, dado que nací en la calle de Allende, continuación de la calle de Ocampo, en ella crecí y viví más de cuarenta años, lo que me permitió conocer su historia naturalmente, sin necesidad de estudio, por la convivencia y los comentarios escuchados, lo que transcribo para convertirla en historia escrita. En la esquina de esta calle con la Avenida Guerrero (anteriormente conocida como ‘calle del camino real’), se encuentran dos casas, una frente de la otra. En una de ellas vivió la familia Zuloaga Albarrán muy conocida por cuanto a que, la señora Lucita Albarrán de Zuloaga entre otras cosas, fue descendiente directa (consanguínea) de Francisco Hernández, el estanciero español quien recibió los primeros terrenos para formar la ‘Estancia para la cría de ganado mayor y menor’ el 30 de abril de 1956, base del nacimiento español de nuestra ciudad de Irapuato; además, fue madre de una numerosa familia muy conocida y apreciable en Irapuato y alrededores; rica la herencia recibida de sus ancestros en terrenos, a través de su esposo, Don Martín Zuloaga, quien fue presidente municipal de Irapuato a mediados del siglo anterior, donó al estado de Guanajuato más de cuarenta y cinco hectáreas (por el año de 1937), de las muchas más que poseía, para que en ellas se construyeran ‘Los Viveros Revolución y centro recreativo y unidad deportiva’, el cual fue el primero en el estado y uno de los más importantes en la república, pues su finalidad era la de sembrar y donar en todo el estado plantas de ornato y árboles para reforestarlo. Además, la unidad deportiva fue una de las más importantes en la república, entre otras unidades más, contaba con el Estadio Revolución, con la primera pista Olímpica del estado y la segunda o tercera de la república; se construyó una alberca olímpica con graderías echadas en sus lados (en su lugar se encuentra el Hospital Civil o general), además, contaba con canchas de frontón, de basquetbol, plaza de Toros la ‘Revolución’, teatro al aire libre, un incipiente zoológico, canchas de futbol de tierra, cancha de béisbol, y para los niños, columpios, resbaladillas sube y bajas, etc. Más elementos ofrecía para servicio y deleite de chicos y grandes. Entiendo y entendemos que todo evoluciona, pero, entiendo y entendemos que debe ser para bien; esto lo señalo porque, poco a poco, en el tiempo, tan significativa unidad fue siendo mutilada, ofreciendo en términos generales, en sus terrenos, servicios para particulares y destruyendo en aquel entonces (y actualmente no tenemos mucho de qué presumir), un gran pulmón citadino y la pérdida de esa gran e irreparable unidad deportiva. En su lugar se encuentra el ‘Parque Irekua’, verde, pero sin servicios como los que existían en ese espacio. Frente a esta casa, inhabitada e ideal para que fuese convertida en un museo de nuestra ciudad, tan pobre en espacios culturales, vivía el Doctor Alfonso Herrera Zubieta, prolífico padre de una gran y muy respetable familia, además, poeta de altos vuelos; casa que conserva un hermoso pequeño patio con arquería en dos de sus lados.


 Le sigue por la calle Ocampo, un pequeño terreno baldío que funcionaba como salida del Cine Club que se encontraba por la Avenida Guerrero.  Seguían terrenos y construcciones que fueron propiedad de la señora viuda de Monet; actualmente son ocupados por el consultorio del Doctor Servando Castillo, la Librería Castillo, anteriormente espacio en el que Don Esteban Rosales vendía hielo y el refresco Orange Crush (‘Nevería el Popo’). Le sigue una construcción de tabique de barro recocido rojo, un negocio propiedad de las hermanas Morena y Güera Catillo con su nombre ‘Agencia Catillo’ en el que venden artículos excelentes como básculas de mano, planchas, etc., anteriormente, en esa negociación la señora Monet (toda ella muy pintada y llamativa), vendía los más variados artículos para molinos como, cedazos, etc. Frente a esta esquina existía una tienda muy conocida, ‘La Princesa’, propiedad de Don Juanito Juárez, en la que vendía artículos para regalos, misales, cirios, etc. En la esquina siguiente, con la calle de ’Colón’, había una pequeña tienda atendida por una señora abuelita bellísima, derechita, con su vestido negro con bolitas blancas, largo hasta los tobillos, cuello alto hasta su piocha; sus hijas, Elenita, vestida siempre de enfermera, colocaba inyecciones ahí o en las casas donde eran solicitados sus servicios, y su otra hija creo recordar que trabajaba en el Centro de Salud. Entre las calles de ‘Colón’ y la actual ‘Juventino Rosas’ (anteriormente la ’Colonia Chambón’), vivieron muchas familias entre las que nombro a la Rivera, Alcocer, un tiempo Don Antonio Ramírez, Marcos Ceballos, otro pequeño tiempo, Don Pedro Martínez Vázquez con su esposa la señora Otilia Herrera y sus hijos pequeños; una pequeña casa fungía como convento de las ‘Religiosas del Santísimo Sacramento’  cuya superiora local fue un tiempo Superiora General de esa Congregación de vida contemplativa, la Madre Consuelo de Alba, tía mía, de gran, enorme espiritualidad.


Termino con una reflexión sobre la violencia que estamos viviendo y en las muchas acciones, así lo siento, como la de ‘machacar’ sobre lo sucedido el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y sobre los 43 jóvenes muertos en Ayotzinapa .Esto no beneficia a nadie y se perjudica mucho, empezando con los promotores pues ellos mismos se están violentando, con sus manifestaciones violentan a la población, no resuelven nada y, lo vemos, los familiares de esos jóvenes de Ayotzinapa y los muchos, muchos jóvenes que a lo mejor no conocen  bien lo que sucedió ese 2 de octubre, enarbolan banderas, con pancartas exigiendo ‘justicia’, sin, así lo creo, que con esas manifestaciones, lo que producen es más violencia, perjudicial para ellos, sus familias y nosotros en general. Acepto críticas constructivas para este artículo.


 


[email protected]