Quitarse las máscaras

Quitarse las máscaras

Opinión
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Algunos llaman a los medios de comunicación el cuarto poder. Por distintas razones.


Algunos llaman a los medios de comunicación el cuarto poder. Por distintas razones.


Queda para la historia la épica frase atribuida a Emilio Azcárraga Milmo, quien liderara Televisa durante años y se autodenominaba como un “soldado del PRI”, que decía que “México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil”.


Los medios deberían ser contrapeso de los poderes institucionales: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.


Pero no siempre lo son, al contrario, en la mayoría de los casos han sido serviles.


Hace poco menos de una década, cobró fuerza la referencia de las redes sociales como el llamado quinto poder, sobre todo a partir de lo ocurrido en la Primavera Árabe, y la potencia que en esa coyuntura tuvo lo compartido, sobre todo a través de Twitter y YouTube, debido a la censura en los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio y periódicos) en países como Egipto y Marruecos, por mencionar a algunos.


En Estados Unidos, el uso de las fake news habría resultado clave para que una persona resultara electa a un cargo de alta envergadura, valiéndose de herramientas tecnológicas que pasaron por el uso de datos de Facebook y el empleo de sitios y páginas falsas que amplificaban noticias no verificadas que inducían a los ciudadanos a pensar positiva o negativamente sobre tal o cual personaje o partido.


En México, Facebook, por ejemplo, endurece cada vez más sus políticas para crear un perfil personal o una fanpage a raíz del desprestigio -y el desplome en el valor de sus acciones- que les acarreó lo ocurrido en la elección presidencial sostenida entre Clinton y Trump.


Pero eso no es impedimento para que páginas que operan desde la oscuridad intenten sesgar la forma de pensar de las audiencias e influyan en la conversación para que el usuario -al que ya se le muestran cada vez menos contenidos de noticias- quede atrapado en la red de la información, sin saber a quién le debe creer o no, por más famoso o no famoso que sea.


Aún así, considero que el mayor riesgo proviene de los medios ya establecidos, y de los que establecen alianzas, los cuales ante la coyuntura de un cambio de gobierno que reducirá a la mitad la publicidad oficial, volverán a sus viejas prácticas en las que la industria de los medios ya no vivirá del consumo de la publicidad a través de los contenidos, sino de los negocios alternos de los dueños de esos medios.


Por eso le recomiendo, apreciable lector, que antes de dar por válida cualquier información, trate de informarse quién está detrás del medio que ofrece la información que está consumiendo.


Por ejemplo, ¿por qué ataca Televisión Azteca al diario Reforma?, ¿qué dice Sergio Sarmiento de esos ataques?, mientras más información tenga, mejor será el criterio que podrá formarse y entenderá el trasfondo de los ataques.


En estos tiempos, créame, vale la pena saber si la televisora, la radiodifusora, el periódico o el sitio de Internet, son financiados por un grupo empresarial constructor, inmobiliario, del ramo de las telecomunicaciones, del sector turístico o hasta por políticos, como ocurre con el sitio Contra Réplica, en la Ciudad de México, creado por el exjefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, para defenderse de una eventual cacería del gobierno entrante de Claudia Sheinbaum, y para promover lo que pueda hacer en el Senado. Y así muchos casos más, que operan desde la oscuridad.


Ojalá los medios no tuvieran las máscaras, para que a usted no lo engañen. Quizá lo que en su momento dijo Azcárraga Milmo fue cínico, pero no mintió.
 
El autor es Director Editorial de Quinto Poder.