La mejor versión de ti

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Opinión
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¿Qué es la depresión?

FOTO: am


Seguramente muchas veces te has sentido desanimado, angustiado, con esa sensación que te oprime el pecho. Sientes que no puedes respirar, sudas, estás preocupado sin saber la causa.

Estás nervioso, solo tienes ganas de llorar, estás irritable, con cansancio, fatiga, ha disminuido tu amor propio, te sientes solo, quieres dormir todo el tiempo, te sientes vacío, estás más sensible de lo normal, intolerante, irritable, te enojas con mucha facilidad, has perdido el interés en lo que antes te emocionaba o te apasionaba…

¿Te suenan algunos de estos síntomas? ¿Te identificas con más de dos? Si es así, te sugiero seguir leyendo, ya que en muchas ocasiones la vida, tal cual es, nos lleva a vivir de prisa. Nos lleva a esforzarnos para trabajar mucho más que las generaciones de antes, porque las oportunidades son distintas.

Para brindar sustento personal o familiar, sea cual sea la necesidad, cualquier propósito, cualquier circunstancia o, incluso, la preocupación de garantizar recursos para la vejez o alguna enfermedad.

Cada día nos preocupamos y nos presionamos más por producir un mayor ingreso económico y es así como desarrollamos la idea de que tenemos que trabajar más, incluso para tener un ahorro, pues pensamos que puede surgir una emergencia. Actualmente tener un trabajo no basta, a veces tenemos dos o cubrimos turnos dobles, pero le buscamos, lo intentamos.

También existen más preocupaciones. Como la que tienen los que son padres hacía sus hijos, para que sean personas de bien, que estudien, se preparen. A otros les preocupa su realización personal, la situación del país, etc.

A todos nos preocupan cosas distintas, por lo mismo, cada día dormimos menos, porque nos aceleramos, queremos soluciones inmediatas que no están en nuestras manos y somos cada vez más pesimistas.

Vivimos preocupados por un futuro que no existe porque no ha llegado. Desconocemos la forma correcta de balancear nuestras emociones. Sufrimos por el pasado que ya no va regresar ni a cambiar. Se nos olvida disfrutar del aquí y el ahora, de este momento que es el presente.

Ya no sonreímos por las pequeñas cosas que nos brindaba la vida, la naturaleza, los chistes de los niños, los consejos de los abuelos. Porque el estrés, el desánimo y la apatía se han apoderado de nuestras mentes y poco a poco nos han sumergido en ese estado de tristeza profunda, que nos acongoja, que no sabemos explicar ni exteriorizar, que nos quita todas las ganas de luchar por nuestros sueños. Es más, ya ni siquiera nos dan ganas de soñar. Porque la realidad es tan cruel, tan amarga, que se ha robado nuestra voluntad.

Cuando se está pasando por esta situación, muchos se empiezan a refugiar en algún vicio, como si fuera un aliciente, para tratar de sobrevivir el día. Porque muchas sustancias estupefacientes nos hacen fugarnos de la realidad.

Algunas veces suelen ser pasajeras. En otros casos se instalan y van creciendo día a día. Se alimentan de nuestros malestares o dolencias, nos van hundiendo, llevándonos directo al camino de padecer una severa depresión.

La depresión, cuando se detecta a tiempo, es más fácil de combatir o erradicar que cuando se hace más aguda, pero nada es imposible, mucho menos con el apoyo y comprensión de nuestros seres queridos y de la mano de los profesionales en la salud mental.

La depresión se está apoderando de las personas. Muchas de ellas no se han dado cuenta o no lo quieren hacer, que están deprimidas, ya que no es necesario vivir una desgracia o una pérdida para estarlo.

Se piensa que si estas triste y no paras de llorar, es porque seguramente ya tienes depresión, pero está va más allá de sentir nostalgia, melancolía, dolor, sufrimiento, ansiedad, entre otros síntomas.

La depresión es silenciosa. Llega, se instala, nos comienza a incomodar, después nos empieza a asfixiar y es entonces cuando ya no podemos más, buscamos la ayuda de los demás.

Aunque nunca es tarde para reconocer, no esperes a que se detone. A los primeros síntomas pide ayuda. No tengas miedo de mostrar lo que sientes, no eres frágil, muchos menos eres débil, porque al final nadie está en tus zapatos como para tener el derecho a juzgarte.

Desde hace años, decían que la depresión sería la enfermedad del siglo XXI. Efectivamente ha ido en aumento, cobrado más fuerza; incluso, mucha gente ya se ha autodiagnosticado con depresión, por lo que leen en el Internet.

Cada vez nos volvemos más carentes de esa fuerza interior que nos impulsaba a ver la vida con ojos de esperanza, a sentirnos positivos a pesar de las adversidades, a creer que todo lo malo que nos ocurría, venía como un aprendizaje, que sabíamos secarnos las lágrimas y seguir sonriendo, que quizás nos deteníamos en el camino para hacer una pequeña pausa, para recobrar la fortaleza y salir adelante.

Es un tema muy extenso, lleno de complejidad y de matices, pero intentaré sintetizar. Supongamos que un día te levantas con el mejor ánimo y con una gran “actitud”. Estás decidido a comerte el mundo. Estás contento y de repente comienza a llover e, inmediatamente, tu “súper actitud” es tirada por un mal clima.

¿No sabes qué pasó?, no sabes la razón, pero te sientes triste y desanimado en cuestión de segundos. No hay ninguna acción que te regrese la sonrisa al rostro, simplemente declaras que será un mal día.

Debemos de ser conscientes que ninguna buena actitud puede ser sostenida si no tienes el conocimiento pleno de tus emociones, de cómo procesarlas, cómo manejarlas y cómo madurarlas.

Te menciono algunos consejos para ocuparte en lugar de quejarte. Necesitas ponerle acción a tu vida para que la situación cambie y puedas lograr encontrar tu estabilidad.

Lo primero que debes de hacer es pedir ayuda. Puedes consultar a un especialista, ya sea un psicólogo, psiquíatra o especialista en la salud mental. No es porque estés “loco”, sino que ellos podrán darte un diagnóstico más acertado, a través de pruebas, exámenes, análisis médicos, para poder descubrir a ciencia cierta si tienes una depresión o no.

Si la tienes, te darán las herramientas necesarias para saber cómo tratarla, cómo combatirla, los especialistas pueden saber si algo de lo que haces la está provocando.

Por ejemplo: ellos pueden saber si la desate un medicamento que tomes; insisto, para salir de una depresión no basta tu buena actitud, claro que ayuda, pero no es suficiente, porque también depende de la química en nuestro cerebro. Si está funcionando bien, es decir, si el cambio de los circuitos neuronales podrían estar provocando la enfermedad.

Te sugiero que aprendas a identificar de las razones verdaderas y las imaginarias, para que no sufras por lo que tu mente imagina, por algo que no está sucediendo y no sabes si va a suceder. Ya que en la mayoría de los casos, no sucede.

Para que no influya en ti lo externo, lo que no está en tus manos, para que no te sientas mal, piensa si la lluvia, por ejemplo, es una buena razón para que estés triste o solo un detonante de lo que traes dentro, ya que en el fondo, cualquier emoción que sientas necesitas expresarla y atenderla antes de que se convierta en algo más grande y difícil de manejar.

Trata de no pensar todo el tiempo en lo mismo, en lo negativo. Porque tu solito comienzas a sentirte culpable, enojado, insatisfecho, etc. Tú estás creando a tus propios fantasmas, no vas a ganar nada, al contrario te sentirás más desgastado y sin energía para hacerle frente a cualquier situación.

Algunas personas necesitan tocar fondo para reconocer que sí están deprimidas. Solo así serán capaces de realizar un cambio en su vida, aunque este conlleve tocar un fondo causado por el dolor, el cual es necesario cuando no quieres entenderlo por la buena.

No esperes a que algo malo pase para ponerte las pilas. Existen personas que solo saben que ya no se quieren sentir así, que ya quieren vivir en plenitud, con calidad de vida, pero en ambos casos, pedir ayuda es igual de importante.

Deja de enfocarte en lo que no tienes, en tus problemas. Mejor comienza a contar lo que sí tienes. Lo que sí puedes lograr. No dejes de lado las cosas buenas que vives. No dejes de agradecer por todo lo que tienes para que logres un equilibrio, ya que estando más tranquilo podrás encontrar muchas alternativas de solución a los problemas.

Cada persona es distinta, su umbral del dolor es mayor o menor, pero sea cual sea tu capacidad de afrontar lo que te sucede, te propongo algo que es muy liberador: escribir como parte de un desahogo necesario.

Recuerda que una mente saturada de emociones negativas no verá la forma de solucionar aquello que la inquieta, por eso planteo este otro ejercicio, que consiste en trasladar tu problema hacía otra persona.

Imagina que alguien, que no eres tú, está pasando por esa situación, ¿qué le aconsejarías?, ¿qué le recomendarías? Así te será más fácil ver que sí tiene solución y puedes salir adelante.

También te recomiendo que hables, que platiques lo que te está sucediendo. Hacerlo te servirá para restar el peso con que lo ves. Una mente ensimismada se hace daño, se autolastima, es autoagresiva, es necia, no quiere salir de ese estado. Mientras más hables, escucharás otras voces que no son solo la tuya, brindandote consejos.

Nunca te quedes con lo que sientes, acércate a personas que estén dispuestas a escucharte, incluso si necesitas ir a una terapia, está bien que acudas a un psicólogo.

Haz ejercicio. Si no naciste siendo el más deportista, con una buena caminata con ritmo, que haga que te canses físicamente, es más que suficiente para liberar endorfinas. Es como comerse un chocolate, ya que es considerado el mejor antidepresivo natural.

Arréglate, aunque no tengas ganas, aunque no tengas planes para salir. Arréglate para ti, para que te gustes a ti, para que te encuentres más virtudes que defectos. No te quedes a personificar la tristeza. Si te arreglas, lo que veas en el espejo te gustará.

Realiza una lista de todas las cosas buenas que te han sucedido, deja de estar revisando lo malo, “donde pones tu atención es lo que crece”. ¡Enfócate en lo positivo!

No dejes de hacer actividades, lleva una agenda, organiza tus tiempos, muchos confunden depresión con el aburrimiento.

Come sano, recuerda que no solo el cuerpo necesita nutrientes, principalmente el cerebro requiere esos nutrientes, para estar bien incluso emocionalmente.

Ten una actividad que te relaje. Algunos pintan, otros tejen, son actividades que sirven para la concentración y ayudan a combatir la depresión.

Cuando no estés bien emocionalmente bien, evita las bebidas alcohólicas, porque el alcohol deprime.

No busques excusas para aislarte o dañarte más. Nadie va a vivir por ti, no hay nada mágico, pero con la ayuda necesaria lograrás activar tú voluntad para mejorar o cambiar cualquier situación que no te guste.

No tengas miedo de estar contigo, no lo confundas con soledad, regálate ese momento de amor propio, corrígete pero no te juzgues tan fuerte, no seas tan duro contigo.

Y, finalmente, rodéate de gente positiva. No te compares con nadie, se tú y se siempre la mejor versión de ti.