Ofelia, mujer de enorme dimensión

Ofelia, mujer de enorme dimensión

Opinión
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Recordar a quienes se han ido no es solamente un acto de fe o de la memoria, ya que representa valorar toda la herencia


“Al ver las hojas inertes
en el suelo, yo también 
me siento desprendido
del árbol que me nutrió
con su savia”.
Mayo y Covarrubias



                                                


Recordar a quienes se han ido no es solamente un acto de fe o de la memoria, ya que representa valorar toda la herencia que nos dejaron y que nutre e impulsa nuestro ser.
Dice ese enorme converso Chesterton, que el ser humano es eterno. Tiene razón. Y no únicamente por la cultura, costumbres, formas de vida que se nos legaron, sino además por ese espíritu que late, bulle y nos alimenta. 


La persona amada, en cualquier línea de descendencia, con una sonrisa, sus palabras, ejemplo, nos hace ser lo que somos, esto es personas. Para los creyentes los familiares resultamos, principalmente, asistentes del autor único, que es Dios.


En nuestras neuronas, el torrente sanguíneo, el tono de la voz, los gestos, el rostro con semejanza, sentimientos y aspiraciones llevamos un mucho o todo de los seres que nos dieron vida. 


Lo que nos dejaron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y demás antepasados, aquí lo tenemos no como fardo y sí a manera de herencia que hemos de agigantar y transmitir porque no somos más que un vehículo de la creación.


Khalil Gibran nos ubica y sacude cuando sostiene que: “Así como el amor os da gloria, así os crucifica; así como os da abundancia, así os poda. Va a lo alto y nos sacude en un abrazo con la tierra”.


Esta entrada es más que pertinente para rendirle tributo de respeto y admiración a Ofelia Álvarez Godínes, una mujer de enormes cualidades, como hay muchas en nuestro medio, con quienes convivimos, apoco sin que sacudan nuestra conciencia con su heróica forma de ser y proceder. 


Esta gran señora expiró a los 76 años, dejando a Arnulfo Pérez viudo pero con 10 hijos, 46 nietos y tres bisnietos que fueron el fruto del amor.
El padre y la madre procrearon, pero ella fue no solamente quien meció la cuna sino la portadora principal de los frutos del  amor. El dolor de dar a luz, toda madre lo compensa con la ilusión y una esperanza en esa nueva vida que florece.


Amamantar y acunar no es una acción mecánica y sí la actitud que despierta las fibras sensibles de la madre, quien adivina, intuye lo que ha de proveer. Los desvelos son parte de una aportación no únicamente obligada, sino entregada con regosijo.


Ofelia guió con mano sutil pero firme a sus retoños, incluso para su marido fue impulsora y, en mucho, puede decirse que ordenadora.
En nuestro universo, ciudad o barrio, lo sé y es para celebrarse, hay muchas damas que hacen del amor una herramienta, no virtual, sino real para edificar en los hogares el reino de la convivencia que se cimenta en la fraternidad.


Ofelia supo que lo providente de casa, vestido y sustento es necesario; había y hay que ganarlo con acciones cotidianas. No esperar el bien, sino merecerlo, labrarlo con visión y tenacidad. Un día y otro también, con la alegría de sustentar la vida. 
Resultó palanca para que Arnulfo fuera próspero y a cada hijo o hija les despejó el horizonte con consejos, impulsos mediante una energía contagiosa que parecía inagotable.


Tuvo tiempo para todo. Si Arnulfo le llevaba sus botines al cardenal Rivera Carrera, iba con él; que los zapatos a la medida al Delegado Apostólico o al mismo Santo Padre hasta Roma, ellas se organizaba para que su presencia alentara la generosidad. Nunca vio hacia atrás en la bondad y largueza para dar.


En su casa jamás faltó alimento incluso para los amigos que el matrimonio cultivó hasta contarse como espigas de un trigal.
Ya disminuída en su salud para nada desmayó. Se propuso impulsar la cofradía Sanantoniana.


Y lo logró al realizar grandes celebraciones. Todo con bombo y platillo, porque así como ella era generosa, de igual manera cosechaba las aportaciones de la gente que la vio siempre como un símbolo de la entrega absoluta a los suyos y a sus prójimos.


Esto quiere ser un muy humilde homenaje en la persona de Ofelia, a la mujeres que en el universo o cerca de nosotros, desde la escuela, laboratorio, empleo, trabajo que parece humilde o sea el hogar, son la palanca que nos mueve y hacen progresar. 


Esta dama nos demostró que la mujer vale más que el oro o los diamantes... ¡Vale gloria!