Los muertos vivos

Los muertos vivos

Opinión
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Acepto y comparto el significado de este día porque dentro de él se encuentra la razón principalísima por la que vivimos alegres...

Arq. Javier Martín Ruiz.


Luego de haber comentado con los lectores de este artículo de historia algo que conozco sobre las calles de Vallarta y Altamirano me dedico, en esta tenebrosa y lluviosa noche del primero de noviembre -día en que recordamos a las personas que, muertas, se encuentran gozando ya en el paraíso celestial con Dios Nuestro Señor-, a hacer unas reflexiones sobre este día, entre otras muchas razones porque, más enfáticamente, hoy hacemos memoria de  nuestros familiares o amistades que sabemos por la fe, se encuentran ya en el cielo, ajenos al dolor y las tristezas, gozando la vida eterna con su –nuestro-, Creador. Acepto y comparto el significado de este día porque dentro de él se encuentra la razón principalísima por la que vivimos alegres, trabajando, sufriendo muchas veces, dolorosos, decepcionados, angustiados, con sentimientos de culpa y/o más sentimientos por no ser comprendidos en muchas ocasiones, sí, pero siempre confiados y esperanzados de que, más allá de nuestra corta vida se encuentra otra llena de felicidad y gloria inmensa e inmortal. Día en que hacemos un reconocimiento a la vida en esta y en la otra; concretamente, el ‘día de conmemoración de la vida’.


Consecuencia de esta, mi creencia afianzada por la fe, pienso y propongo que iniciemos lo que puede convertirse en una tradición a muy corto plazo: una ‘fiesta a la vida’, en su honor, con música, fiesta y color; con desfile de cientos de personas disfrazadas de VIDA; ropa blanca, caras pintadas y sonrientes, danzas, las plazas y espacios abiertos con motivos a propósito todo de blanco; según las creencias, Misas en los templos de acción de gracias, de paz entre los hombres, lecturas de libros en lugares apropiados con y sobre temas en su favor; biografías de hombres notables: Gandhi, Nelson Mandela, Alberto Einstein, Miquel Ángel Buonarroti, Madame Curie, Teresa de Calcuta, Martin Luther King, El Dalai Lama, San Juan Pablo II, Gabilondo Soler Cri Cri, Mario Moreno, Ángela Peralta, Juventino Rosas; vidas de astronautas, escaladores de  montañas, atletas, artistas de cine y teatro, premios nobel, escritores, cantantes, bailarines y todas y tantas personas que han vivido historias, más impresionantes que las inventadas en novelas, las que demuestran que, más allá de los problemas, se encuentran sueños que se premian con arribos a las cimas de sus sueños. ‘La Cronquecion’. Esto lo señalo pensando y come ejemplo, el desfile, bailes, concursos y demás que desde no hacen muchos años han proliferado en homenaje o conmemoración a la muerte y no únicamente el día que conocemos como ‘día de muertos’ sino que, desde días, semanas y hasta meses anteriores a esta conmemoración, el culto a la muerte se ha convertido, no precisamente en ‘culto’, es decir, un acto profano sí pero lleno de respeto  a través del cual se rinde un acto de amor, recuerdo y conmemoración a nuestros ‘muertos vivos’ que, según costumbres ancestrales de varias culturas mesoamericanas principalmente, aunque no todas’, viven con sus muertos que vienen del más allá una noche en que se conjugan ritos, mezcla de oraciones,  llanto, plañidos, velas encendidas,  flores de cempasúchil, comida y bebidas (algunas embriagantes), y más fondos profano-religiosas.


Entiendo que las máscaras alusivas a la muerte, son muy atractivas, sugestivas y llenas de color y humor,  todas ellas partiendo de la ‘Catrina’ realizada por el gran, enorme grabador  de Aguascalientes, Guadalupe Posada, y su inmersión y universalización en el mural ‘paseo de un domingo en la Alameda’ pintado por Diego Rivera en el Hotel del Prado en la ciudad de México, con una aventura singular al ser desmontado y vuelto a colocar en otro sitio a causa de los sismos, creo que de 1976 o 1985, y que afectaron mucho a ese hotel, por lo que el mural se protegió, antes de demoler al hotel, cambiándolo a una nueva sede, la que desconozco el sitio. Los desfiles que se realizan en su honor aportan un momento de relajamiento y distracción ante los inquietudes e incógnitas en las que vivimos todos –o casi-, y que nos aquejan debido a los próximos cambios de poder en el Gobierno Ejecutivo de la República Mexicana. Las máscaras son motivo de exposiciones y hasta una película del agente 007 se realizó con el fondo macabro de un desfile ‘macro’ de muertes y calaveras en la ciudad de México. Hasta aquí voy bien. Lo que sigue tiene su ‘pero’, el ‘pero’ de siempre -y espero ser claro en mi apreciación-, es en razón de que, uno, se distorsiona el mensaje que, dese hace cientos de años, nos dejaron nuestras culturas anteriores sobre el homenaje a los muertos, su reverencia y respeto; dos y finalmente, se le pierde el respeto y diría yo, el ‘natural temor y/o respeto a la muerte’, sabiendo que es lo único que tenemos seguro los mortales, el paso al más allá a través de la muerte. Una anécdota sobre esta noche del paso del ‘día de todos santos’ al ‘día de muertos’ de las muchas que existen, y que viví hace algunos años: realicé un viaje a la ciudad de México con varios amigos del día uno al dos de noviembre; nos alojamos en el ‘Hotel Ciudad de México’, en la esquina de la avenida 16 de septiembre con el Zócalo. La noche del día uno fuimos al zócalo para ver el espectáculo que se había colocado en el mencionado zócalo para conmemorar a los muertos; era Jefe de Gobierno de la ciudad de México, Manuel López Obrador el que, responsable, presentaron ‘un gran cementerio’, a lo largo y ancho del mencionado zócalo; todo él cubierto con cientos de tumbas hechas con tierra traída de lejanas tierras; túmulos cubiertos con flores de cempasúchil, velas encendidas y plañideras en su orillas lamentando a los muertos y vivos esa noche. Macro espectáculo pues son entierros no representativos de las creencias como homenaje a los muertos en las culturas mesoamericanas. Con esto, se dio un mensaje-enseñanza falso a la nación puesto que, con ello, ‘universalizaron’ un rito-espectáculo no general, deseducando por lo mismo (y espero que esto no suceda durante el próximo sexenio, al cual temo y pido a Dios que suceda algo, como una encuesta popular en la que los mexicanos votemos, a través de las redes sociales, si aceptamos o no al gobierno que los mismo mexicanos le otorgaron el poder, y los mismos mexicanos, si ven que no se responde a la confianza otorgada a través de esos votos emitidos, exista un modo legal para deshacer el arribo al poder del y los elegidos.


Termino comentando lo que conocemos pero que no sobra lo recordemos siempre: la violencia, engendra violencia. La violencia es contagiosa. La vemos en la televisión y las redes sociales. La leemos en los Diarios impresos o digitales. Nos violentamos al ver la violencia. La sufrimos con faltas a las palabras de nuestras autoridades, inclusive y muy grave, en nuestra calles, casas y colonias. Trabajemos por eliminar la violencia eliminando sus causas: exigiendo y trabajando por más seguridad; siendo más justos y comprensivos; reforzarnos como entes colectivos sabiendo que de la unión nace la fuerza. Existen otros modos y medios; espero que cada lector de este trabajo añada otros, y si le parece este articulo lo comente y lo envíe a sus contactos. Como siempre, acepto críticas constructivas para este trabajo.


 


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