El México que quisiera

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Opinión
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Escribí el fin de semana sobre la soberanía y la obligación gubernamental de verificar a quién(es) le(s) permitimos entrar a México

Santiago Heyser Beltrán


Escribí el fin de semana sobre la soberanía y la obligación gubernamental de verificar a quién(es) le(s) permitimos entrar a México. 


R- Guarf, guarf, guarf. Ya me imagino la cantidad de “mentadas” que las “buenas conciencias” te recetaron, mi Santias.


S- No solo mentadas, mi Rufo, sino que me tacharon de falto de caridad y humanismo; como si el verificar quienes entran a nuestra casa fuera contrario al humanismo y estuviéramos, por un humanismo mal entendido, obligados a una política de puertas abiertas que a todas luces es una pendejez; me explico: para no meterme con los centroamericanos “tira piedras”, señalaré el problema que tienen en Europa con la mujeres que usan “Burka” (prenda femenina que cubre el rostro), porque sus costumbres y religión así lo prescriben, lo que es contrario a las leyes europeas y a los conceptos de igualdad entre hombres y mujeres occidentales. En otras palabras, los refugiados islámicos en Europa, en lugar de respetar cultura, leyes y costumbres y agradecer ser recibidos, pretenden imponer sus reglas con el natural conflicto que conlleva. Otro tema es de el respeto; los refugiados, aún en escuelas francesas, se niegan a respetar la bandera y el himno francés, lo que obviamente crea un conflicto cultural, divide, confronta y genera violencia, todo por recibir migrantes que huyeron de la pobreza y de la guerra, pero que no entiende lo que con sabiduría predicaba mi abuela: “Al lugar donde fueres, haced los que vieres.” En otras palabras, aceptar “migrantes” que por cultura, religión, formación o educación generan conflictos, es una tontería; como diría Juanga: “Pero qué necesidad…” Es por eso que el México que yo quisiera, viviría con un total respeto a sus vecinos, pero cuidaría la paz y tranquilidad nacionales, verificando quienes entran, para qué y por cuánto tiempo. Los que busquen asilo o residencia, deberán ser analizados minuciosamente para ver si cumplen con los requerimientos de México, que deberían empezar por el respeto cultural y nacional y una capacidad para aportar con su trabajo y no ser carga; venir a México diferenciándose de los mexicanos con sus banderitas y consignas, es de entrada, en mi opinión, causa de que se les rechace; ya que evidencian una intención de segregación que más temprano que tarde va a generar conflictos e insisto, ya lo anticipó el Divo de Juárez: “Pero qué necesidad…”


R- Guau, mi Santias. Lo que planteas es en verdad un conflicto humano, el migrante, por inercia y nostalgia, buscará preservar sus símbolos, cultura y tradiciones y ¡tienes razón!, eso genera segregación y conflicto.


S- No solo eso, mi Rufo, sino que el migrante, tratará de imponer su visión en el país anfitrión, lo que es una aberración que de manera natural alimenta la exclusión y el racismo; yo creo que institintivamente rechazamos a los “diferentes”, sea por color, raza, cultura o religión. Vuelvo a citar a mi sabia abuela: “Ve tu a saber que mañas o que educación tienen.” En adición, tenemos que redefinir el concepto de estado soberano y territorio, el que alguien tenga problemas no es argumento ni justificación para que nos traiga sus problemas y vuelvo a insistir en el concepto de justicia internacional: si un gobierno ineficaz, tranza o corrupto, lleva a su pueblo a niveles que generan problemas a los países vecinos (migración obligada), estos deberían estar en derecho de combatir ese mal gobierno que les genera problemas, es decir, cuando un gobernantes es rata, corrupto, arbitrario, pendejo o todo junto (¿me estás oyendo EPN?), debería ser derecho de las naciones vecinas afectadas, incidir en el cambio democrático de ese gobierno que genera problemas dentro y fuera de su territorio (ej. Venezuela, Honduras, etc.). No se vale que gobernantes sátrapas, corruptos, dictatoriales o ineficaces, se escuden en la soberanía de sus naciones para joder a su pueblo y a sus vecinos, y que además exijan respeto. 


Finalmente, mi Rufo, el México que quisiera, parte de la utopía del estado soberano; desconozco si es natural habernos conformado (organizado) como naciones; pero es lo que conozco y me parece funcional. La patria nos da identidad, territorio, nos lleva a compartir objetivos, construye cultura y une a las personas con intereses comunes a partir de tomar conciencia de que la unión hace la fuerza y que ser parte de un estado nacional genera lazos con quienes comparten esa identidad para protección y beneficio, conscientes de que solos o segregados pereceremos… ¡Así de sencillo!


Un saludo, una reflexión.
Escritor y soñador