Tres centímetros más, por favor

Tres centímetros más, por favor

Opinión
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Crónicas viajeras

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Hace dos años me encontraba en una tienda de ropa mientras “A” desfilaba eligiendo entre una variedad incalculable de trajes de vestir. Mi retina dejó de distinguir la diferencia entre el azul marino y el negro, culpando a todo el grupo Inditex de engañarnos, diciéndonos que existe una diferencia entre dos trajes aparentemente iguales. 



Él no tenía idea de cuál le quedaba mejor y yo no era de mucha ayuda. Hasta que llegó Jordi, el encargado de esclarecerle la cabeza a todos los incautos que pasaban por su tienda. En un plis plas, le dijo la altura a la que tenía que llegar el pantalón, los beneficios de un corte entallado, la combinación de zapatos y demás artes desconocidos de la moda masculina.



Rodeado de alfileres en los tobillos y con una cara de no saber dónde meterse. “A” volteó y me dijo: “¿No es demasiado? Seguro nadie va tan arreglado a la oficina. No estoy seguro…” Y yo, sacándome de la manga una frase que acababa de leer, dije con mucha firmeza: “vístete para el puesto al que quieres llegar”. 



En ese momento éramos unos niños recién salidos de la universidad, sin ninguna idea de lo que nos esperaba. Seguimos siendo pequeños, y ciertamente seguimos sin tener idea de lo que nos depara la vida. 



“A” compró esos pantalones y se quedaron colgados en su closet una temporada más. Hasta hace poco más de un año. El primer día de su nuevo trabajo los llevó. Los volvió a llevar cuando consiguió sus primeros objetivos, y los siguientes, y los que le siguieron a esos. 



Y creo que ese recuerdo, de él con cara de “no me veo”, es la descripción gráfica de los comienzos. Cuando tienes que apostar por algo que todavía no ves totalmente claro. Cuando tienes que construir antes de planear. Cuando te sientes fuera. Cuando no tienes ni idea. 



Y ciertamente, esos nuevos pantalones (o el nuevo trabajo, o el inicio de tu empresa, o irte a otra ciudad, o ese nuevo puesto, o decir que no a algo que no te hace feliz) no entrarán perfectamente a la primera. Hay que hacerlos tuyos. Hay que gastarlos. Hay que usarlos… Para que después de mucho esfuerzo, un día, te despiertes y tengas que volver a la tienda por unos pantalones nuevos. Un sueño más. Una meta más difícil. 



Ese día, habrá otro Jordi que te diga que tu sueño puede medir tres centímetros más. Que a ese proyecto le falta tela. Que a esa meta le falta estilo. Pero que todo eso se arregla con un buen sastre y mucho esfuerzo. Y como bonus: otra persona, sentada en la silla, diciéndote que te ves guapo de todas formas.