El partido interminable

El partido interminable

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Boca no quiere jugar la vuelta de la final de la Libertadores, River no quiere hacerlo en el Bernabéu.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en la cumbre del G20 en Buenos Aires | FOTO: Daniel Jayo GETTY


En un partido que desde hace una semana se juega con abogados en vez de con futbolistas, Boca no quiere salir a la cancha y River no quiere hacerlo en Europa, pero los dos equipos viajarán a Madrid entre el martes y miércoles próximos para definir la Copa Libertadores el domingo 9 de diciembre en el Bernabéu. “La Conmebol cree que la única manera de seguir adelante es jugar en España”, explicó el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que estaba por segundo fin de semana seguido en Buenos Aires —el anterior por el fallido superclásico en el Monumental tras el 2-2 de La Bombonera y en el actual por la cumbre del G20—.

Si River y Boca suelen jugar a la vista de multitudes, a estas horas el enfrentamiento —no menos impulsivo— es subterráneo. Los dirigentes más optimistas hablan de una ruptura en los vínculos entre los dos clubes durante, al menos, 10 años y a los más crispados les gustaría romper para siempre. En contraste al silencio público que los presidentes, resto de dirigentes, futbolistas y entrenadores de los dos equipos más populares y ganadores de Argentina llevan en las últimas 72 horas, el superclásico ha pasado a jugarse en los comunicados de prensa sobre las reclamaciones legales.

River expresa su “total rechazo” a la sede, mientras el hasthag #LaFinalEsEnElMonumental se convertía en la mayor tendencia de Twitter en Argentina, y un grupo de hinchas se juntaba en el Monumental para oponerse a la cambio de sede. “El club entiende que la decisión desnaturaliza la competencia, perjudica a quienes adquirieron su tique y afecta la igualdad de condiciones a partir de la pérdida de la condición de local”, dijo la institución. A su vez, Boca insistió dos veces entre jueves y viernes en “agotar todas las vías y recursos tendentes a lograr que se haga justicia”. El club xeneize pretende que la Conmebol le dé como ganador al eliminar a River por los incidentes violentos que obligaron a la suspensión del encuentro del 24 de noviembre.

Que el presidente de la federación argentina (AFA), Claudio Tapia, no haya levantado la voz tras la inédita decisión de la Conmebol de trasladar el partido a España resultaría curioso si no fuera porque también es vicepresidente de la Conmebol. Boca tampoco se opuso públicamente a jugar en el exterior porque su único frente es pelear a fondo para que se repita el fallo de un incidente que el club interpreta similar, el de los octavos de final de la Libertadores de 2015, cuando un ataque con gas pimienta de sus hinchas a jugadores de River terminó con la descalificación de la entidad.


“Para Boca también es una locura jugar en el exterior, pero no es una pelea que daremos”, explicaron fuentes de la directiva de Boca a EL PAÍS. “Los abogados nos plantearon que si Boca habla de jugar el partido, en la sede que sea, invalida su línea. Y Boca apeló para que haya una sanción deportiva a River: nos basamos en 2015 y creemos que no hay que jugar”.


En este contexto de la final sin fin, incluso es posible que la vía legal continúe después del partido en el Bernabéu. En el caso de una derrota, Boca llevaría su reclamo de castigo deportivo a River al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), en Suiza, decisión que podría demorarse durante meses. La apuesta de Boca es triple: ganar el partido en la vía legal, poner en duda el sostenimiento jurídico de la Conmebol y terminar con la presidencia de Alejandro Domínguez.

Las relaciones están rotas porque algunos dirigentes de River creen a su vez que Boca se aprovecha de un fallo del operativo de seguridad. Sus preguntas son varias: ¿Por qué no había vallas para separar al público de River del colectivo de Boca? ¿Por qué el día anterior allanaron a la barra brava, y no hicieron lo mismo con la de Boca antes de la primera final? ¿Por qué, más de una semana después, no hay una imagen que detecte a quién tiró la piedra? Esas dudas se agigantan, en la interpretación de la directiva de River y destacados analistas políticos, porque el encargado del operativo —que fue despedido el lunes— era Martín Ocampo, ministro de seguridad de Buenos Aires y compadre de Daniel Angelici, presidente de Boca y hombre fuerte en los tejidos de la justicia porteña.

Ambos equipos juegan este domingo en la Superliga argentina: River recibirá a Gimnasia y Boca visitará a Independiente. Serán sus últimos partidos antes de viajar a Madrid para jugar una final que un club cree que no debe jugar y el otro lo hará a disgusto por la sede. “Para España es un honor albergar el superclásico. Todo el aparato de seguridad necesario será puesto al servicio de este partido. Que disfrute el pueblo argentino y el fútbol”, dijo el presidente español, Pedro Sánchez, en Buenos Aires. “Madrid es un poquito Sudamérica”, concluyó Infantino.