Incertidumbre

Incertidumbre

Opinión
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Un buen gobierno es aquel que tiene la capacidad de sumar a todos, no de fragmentarlos y enfrentarlos con decisiones autoritarias.


Tenemos una tendencia a polarizar las cosas que suceden en el país y quizás esa es la explicación que podemos dar, no sólo comportamiento ejemplar del pueblo de México cuando hemos sufrido catástrofes, sino también en la elección de julio pasado. Nos gusta ir a los extremos y funcionamos como un campo fértil para la polarización en lo político y lo social.


Esta última, con la contribución de muchos malos gobiernos que hemos tenido, con desapego a la ley, con crisis y devaluaciones recurrentes. Ellos son responsables de la coyuntura en la que nos encontramos, ellos provocaron con su actuación la fragilidad y falta de respeto a nuestras instituciones, el hartazgo ciudadano, el encono y la división. Es justo decir que no todos los temores que hoy señalamos acontecen por primera ocasión, esto no es un evento espontáneo.


Pero eso no significa que lo que se haga mal hoy sea justificable como un sino maldito, un destino ineludible.


La moneda está en el aire, comienza una nueva etapa en la vida de México, de este país maravilloso pese a que ha soportado años de enriquecimiento de sus gobernantes y funcionarios públicos, años de corrupción y de políticas equivocadas.


La moneda está en el aire y la incertidumbre también, sin saber si caerá en suelo firme o en terreno fangoso. Desafortunadamente las evidencias son malas, la proclividad a mandar señales alarmistas, a tomar decisiones equivocadas parecen la forma de actuar del nuevo gobierno.


El mal uso de mayorías en las Cámaras, las amenazas y estupideces tales como desaparecer los Poderes de los Estados, ó retirar la fuerza pública de aquellas entidades que no voten a favor las iniciativas de la cuarta transformación, y el manejo faccioso de reformas constitucionales, no presagian nada halagüeño a la vida institucional del país.


Lejos del entusiasmo y la esperanza ante el cambio de gobierno, lo que permanece es la inseguridad y la división que se ahonda entre los mexicanos. Las expresiones de Morena revelan un profundo resentimiento, una violencia implícita y un gran revanchismo. Los fifís, las encuestas para simplemente satisfacer a “los conservadores”, las dobladas y muchas cosas más lo demuestran.


Desde campaña se radicalizaron las ideas, fue imposible que hubiera un intercambio de propuestas; en automático quienes aceptaban los enunciados de López Obrador, desechaban los de Anaya y Meade, y visceversa.


La maquinaria en redes para impulsar el proyecto de Morena con mucho dinero y cibernautas pagados no dejaba pasar ningún comentario o crítica a su candidato, respondiendo masivamente con un repertorio de insultos y descalificaciones, casi nunca con respuestas argumentadas. Por supuesto que eso ayudó a tener votos, pero acrecentó las rencillas. Y esto es un grave problema que el gobierno entrante debería solucionar, pero lejos de ello, parece abonarle a la división y los enconos en la sociedad.


El argumento de los 30 millones de votos obtenidos es muy endeble para sustentar un proyecto de gobierno para casi 130 millones de mexicanos, y muy poco seguro para augurarle estabilidad cuando surjan los problemas reales, más allá de las formulas mágicas prometidas.


Muchos de esos votos, más que el apoyo a una persona o a un proyecto, fueron un ataque a lo establecido, a la corrupción y a la impunidad; un afán de que alguien pagara todas las afrentas imaginables y frustraciones acumulables.


Hoy que son gobierno, no recuerdan su insistencia de pluralidad y de presidencias rotativas en las mesas directivas de Cámara de Diputados y Senadores, hoy se cobijan en el número de votos y de espacios legislativos para perder la memoria de lo que alguna vez plantearon como democrático y legal. El Poder los cambia y apenas empiezan.


Un 62% de aprobación ciudadana al arranque no revela nada, Peña Nieto inició con 60% y vemos cómo terminó. La suma de 30 millones de votos obtenidos como universo definitorio debería ser un mandato para considerar al resto de los mexicanos que somos muchos más. Ese es el término estricto de legalidad y legitimación.


Un buen gobierno es aquel que tiene la capacidad de sumar a todos, no de fragmentarlos y enfrentarlos con decisiones autoritarias. Por eso estamos alarmados, por la falta de certezas en el gobierno del ahora Presidente Constitucional de México, Andrés Manuel López Obrador.