“Que escuche quién quiera escuchar”

“Que escuche quién quiera escuchar”

Opinión
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El neoliberalismo ha mostrado su inmoralidad al favorecer la explotación de las personas para servir al capital.

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La 4aT está definida por dos pilares: un cambio del modelo socioeconómico y la lucha contra la corrupción.


Difícil no estar de acuerdo con AMLO con el eje de sus compromisos planteados en su discurso inaugural como Presidente de México: 1.- La necesidad de un cambio de modelo socioeconómico, y 2.- El combate a la corrupción.


El neoliberalismo ha mostrado su inmoralidad al favorecer la explotación de las personas para servir al capital, ha mostrado su inviabilidad al favorecer la depredación de bienes naturales y la contaminación del planeta con tal de obtener ganancias, ha mostrado que es caldo de cultivo de un modelo de esclavitud disfrazada bajo la figura de trabajo subordinado, al tiempo que atenta contra los estados soberanos al privilegiar el tránsito de capitales y de cosas, mientras restringe el tránsito de personas. Hoy, con el modelo neoliberal, vemos el drama de los hermanos latinoamericanos y de millones de mexicanos que se debaten en la pobreza mientras las empresas nacionales y transnacionales toman ventaja de las riquezas y bienes de las naciones y explotan a los ciudadanos con sueldos de hambre, cuando no les empujan al desempleo con la robotización de puestos de trabajo y la innovación tecnológica con el único objetivo de reducir costos y aumentar el consumo que depreda los recursos y contamina el medio ambiente; sin la corresponsabilidad de limpiar su cochinero, de reciclar lo que de la naturaleza toman (acabándose el planeta) y sin construir alternativas de vida para quienes, dadas sus limitaciones o carencias, se quedan sin la oportunidad de sobrevivir en una sociedad que cosifica a las personas y que privilegia el tener sobre el ser, las ganancias sobre las personas y la riqueza sobre la sustentabilidad de la vida, cimentado todo ello, como en el caso de México, salvo honrosas excepciones, en una clase política corrupta con gobernantes rateros que traicionan su juramento de servir a sus naciones, para beneficiarse de forma personal, familiar y grupal, sostenidos por la violencia institucional de policías y militares (ver Honduras y Venezuela), enmarcados por esas entelequias llamadas partidos políticos, que se nutren de las pandemias mencionadas: corrupción, compadrazgo, nepotismo y obviamente… ¡Complicidad!


Por lo descrito, imposible no estar de acuerdo con el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos: es urgente el combate a la corrupción, la raíz de todos los males nacionales, me explico:


Cuando un gobierno, para asignar puestos de trabajo privilegia la amistad, el parentesco o el compadrazgo sobre las capacidades y habilidades de los aspirantes: ¡Es corrupto!, y la consecuencia es ineficacia y falta de compromiso, ya que de manera natural el servidor público estará al servicio de quien lo contrató o recomendó y no de la ciudadanía que a través de sus impuestos le paga.


Cuando un gobierno para asignar puestos de trabajo privilegia la militancia partidista sobre las capacidades y habilidades de los aspirantes: ¡Es corrupto!, y la consecuencia es ineficacia y falta de compromiso, ya que de manera natural, el servidor público estará al servicio del partido político que lo cobija y su trabajo tendrá como trasfondo personal el interés electoral, ya que dadas sus limitaciones, sabe que solo conservará el trabajo si su partido, corrupto, sigue en el poder.


Lo sé, hay temas sobre la corrupción que tienen mayor impacto en las finanzas o el futuro de México que el de la calidad en la contratación de funcionarios; uno que viene a mi mente es la mentada Reforma Energética que hasta hoy ha dejado una gasolina más cara y una entrega de recursos naturales y riquezas nacionales a capitales nacionales y extranjeros con argumentos mentirosos como el agotamiento de petróleo en aguas someras o la incapacidad técnica de los excelentes técnicos mexicanos para explotar yacimientos en aguas profundas o peor aún, la incapacidad de Pemex para servir a la nación, después de haberla desmantelado conscientemente al no darle mantenimiento ni invertir en innovación y tecnología para mantenerla competitiva… Mientras la desangraban criminalmente con la corrupción sindical ahijada desde el partido en el poder y la mismísima presidencia de la república y con una tasa impositiva que le quitaba recursos que iban a parar a campañas políticas, a contratos de cuates, a empresas fantasmas (no te preocupes Rosario) y a los bolsillos de funcionarios, líderes políticos y gobernantes de los tres niveles de gobierno… El punto es que nada de esto hubiera sucedido si en los puestos de gobierno, desde la presidencia de la república hasta el más humilde servidor, hubieran estado a cargo mexicanos honestos, capaces y comprometidos con el servicio público, que al margen de compromisos partidarios y conscientes y seguros de sí, sabiendo que tenían las capacidades y el perfil para desempeñar eficientemente la tarea encomendada, hubieran honrado su compromiso republicano sirviendo a México.


Consecuentemente, en mi opinión, el primer paso para combatir la corrupción es tener a los mejores mexicanos y con los perfiles adecuados, trabajando en los gobiernos de los tres niveles; ¡sin compromisos con gobernantes ni partidos políticos! Solo el compromiso de cumplir y servir a México y a Guanajuato… ¡Así de sencillo!


Un saludo, una reflexión.