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Lo bueno también cuenta.

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Hasta el cansancio Peña Nieto y su departamento de comunicación se empeñaron en decirnos que “lo bueno también cuenta”. Comenzamos el primer día de Andrés Manuel revisando lo bueno que también cuenta.

El tesón del tabasqueño lo impulsa a trabajar desde temprano. La reunión de seguridad pública, literalmente con todos sus generales, inicia a las 6 de la mañana. Aún no sale el sol y el Gobierno se pone en marcha. Luego informa a la nación pasadas las siete. Con su voz, en cámara lenta, nos cuenta lo que hizo el domingo y lo que hará el lunes. Una fórmula que usaba cuando era Jefe del entonces Distrito Federal.

Si “Dios le ayuda” por madrugar, será un buen comienzo, sobre todo porque dará la cara a los medios, que también deberán madrugar. Al marcar la agenda temprano, el país estará al tanto de su trabajo y no habrá los largos silencios que tuvimos en el sexenio pasado. Silencios que parecían de ausencia, de indolencia más que de prudencia. Es probable que algunos gobernadores sintonicen su horario con el del Presidente. Muy temprano tendríamos un mapa de la seguridad nacional. Podríamos llevar las estadísticas en tiempo real e identificar las zonas de mayor criminalidad.

Trabajar mucho no es símbolo de productividad. Andrés Manuel dice que trabajará 16 horas y hasta hoy lo ha demostrado. Los académicos que estudian el trabajo, establecen que si se dedican más de diez horas al día, el rendimiento disminuye. El cerebro tiene ciertos límites que se pueden rebasar en tiempos extraordinarios como en una guerra o en desastres naturales. Cuentan que el general Dwight D. Eisenhower dormía sólo 4 horas cuando comandaba los ejércitos aliados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Pero era una guerra. Si nuestro presidente mantiene un ritmo de 16 horas diarias, siete días a la semana, pronto lo resentiría su salud. Quienes ya pasamos las seis décadas como él, sabemos que el cuerpo ya no resiste tanto. Personajes como Winston Churchill, tenían mañas especiales para resistir incluso durante los bombardeos de Londres. Churchill se levantaba tarde, tomaba un baño de tina y, después del desayuno, comenzaba su ritual con copa de champán, seguido de una botella de whisky durante el día. Sólo así resistía los embates de Hitler y de sus adversarios políticos. Además fumaba puro como chacuaco.

El tiempo nos dirá si nuestro Presidente soportará el ritmo de trabajo con el que comenzó. Se ve raro en el aeropuerto esperando un avión comercial. Hizo muy bien en desprenderse del Boeing 787 porque era demasiado para llevar a un presidente en destinos nacionales. Peña Nieto tomaba tremendo avión para viajar de la CDMX a León. Un absurdo. Pero también es improductivo tener dos Grumman 550 de 14 pasajeros estacionados en el hangar sin uso. El tiempo de un ejecutivo de una empresa de 1.2 billones de dólares (México) es demasiado valioso para ajustarse a los vuelos comerciales y sus desgraciados retrasos.

Y si decidieron ya desprenderse de los aviones y helicópteros, bien podría la oficina de la presidencia rentar horas. Eso hicieron en Guanajuato y resulto económico y conveniente.