Administración del tiempo

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Opinión
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Ayer trabajé 12 horas porque quise seguir los pasos del Presidente. El despertador a las 4:55, en la oficina a las 6:00.


Ayer trabajé 12 horas porque quise seguir los pasos del Presidente. El despertador a las 4:55, en la oficina a las 6:00. Tal como lo hace AMLO quien celebra su reunión de seguridad a esa hora. Él revisa cómo anda el país, mientras eso sucede leo los periódicos del Estado. Muchos muertos, desgracias indecibles y la insultante ley que da a los diputados el derecho de no pagar impuestos sobre el aguinaldo. 


Leo los editoriales y coincido con Sergio Sarmiento. Cuando lo leo pienso que dice todo con claridad y es rarísimo el día que no comparto sus  ideas liberales. Lo sigo por un sendero paralelo. Calderón es demoledor con su cartón del regreso al pasado. Es el mejor cartonista de México. 


Anoto errores, ideas y en una hora vuelvo al nuevo surrealismo populista. 


A las 7:00 enciendo la computadora y busco la transmisión de la segunda rueda de prensa en cámara lenta. El Presidente responde todo a todos, dura más de una hora en que sus palabras parecen ir retrasadas de sus ideas, o piensa mucho lo que va a decir, como para asegurarse de ser preciso, de no cometer errores. 


No, los doctores de Cuba que están en Brasil no vienen a México; los jueces tendrán que aguantarse la rebaja de salario y ser servidores públicos, no funcionarios públicos dice; los mercados responden bien a su llegada, presume; al rato se descomponen y el peso se vuelve a devaluar hasta 20.53. Paciente y educado habla sin tener razón en varios temas menores. La noticia misma es su rueda de prensa cotidiana y la descripción permanente de los valores democráticos. Los gobernadores pueden repelar pero no tienen razón, él también puede hacerlo con los tribunales. Poco cambia su postura centralista. 


Pasa más de una hora y a las 8:00 en punto comenzamos una reunión de trabajo hasta las 10:00, la junta se prolonga. Apuntamos tareas. La buena ejecución siempre depende del seguimiento. 


El resto del día pasa con pequeñas juntas, revisión de correos, contratos, acuerdos, comentarios e interrupciones que son terribles para llevar bien el hilo de las cosas. Un amigo nervioso quiere vender todo lo que pueda, imagina que el dólar va a llegar a 27 pesos en poco tiempo. Un vendedor me llama mientras rescato un correo que abre posibilidades para un proyecto nuevo. Hablo con otro amigo que es optimista; sigue adelante sin temores, creando, inventando nuevos negocios. Luego respondo WhatsApp, que se convierte en una fórmula extraordinaria para dar seguimiento a temas, para formular ideas. Paso la mayor parte de la mañana sentado y a las 14:40 parto a casa. 


Regreso a las 18:10 y la lista de tareas sigue. Una junta breve y sustanciosa con datos que trae nuestro Director Ejecutivo. Luego una charla más suelta de los hechos del día con el Director Editorial. Si siguen los asesinatos dolosos, este martes competirá por el campeonato del dolor. A las 21:00, a punto de terminar esta bitácora, van 21 muertos en el estado. Hay días que nada ni nadie puede parar la tragedia perpetua que vivimos. 


Estoy cansado. Escribía en mi cuaderno de apuntes el resumen del día, cuando pensé en compartir estas ideas. Un día desordenado, retador pero pleno. Trabajar más, llegar a las 16 horas como pretende AMLO sería absurdo. Reviso: son las 21:30. Mañana todo comenzará de nuevo a las 06:00. Buenas noches, buenos días.