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‘Yo sí sé escribir, yo sí fui a la escuela’

DISEÑO: Grupo AM


Ocioso, antes de dormir, me encontré un tuit (lamento no recordar el nombre de su autor) que parafraseo: un lingüista no es a quien le preguntas cómo se dice tal cosa… es quien te pregunta cómo lo dices tú y se interesa.

“¿Qué no sabes hablar?” Leí en una publicación de Facebook en la que criticaban a un hombre por escribir un comentario con faltas de ortografía. Seguramente el atacado desconoce las normas de escritura elementales, pero… ¿no saber hablar?

La discriminación encuentra siempre manifestaciones varias; por ejemplo, a través del lenguaje y su uso. No hablaré aquí del empleo de la palabra como herramienta para denostar, sino como categoría de estatus a partir de la que se construyen distingos sociales. Quién vale más, o menos, con base en su manejo del lenguaje, pues.

Considero que los numerosos mensajes con faltas ortográficas que nos topamos todos los días son un reflejo del fracaso educativo (en el que están involucrados autoridades, maestros, padres y estudiantes) en este país, y no una característica de personas flojas, tontas o desconsideradas, como suelen ser calificadas en redes sociales.

Las normas tienen una razón de ser, por supuesto. Evitan dificultades y ambigüedades de comunicación (no es lo mismo: la pérdida de la secretaría, que su similar sin tildes). Sin embargo, incumplir las reglas pocas veces tiene un efecto palpable en la comunicación de las personas en escenarios comunes.

Somos capaces de entender textos mal redactados en plataformas de internet, anuncios de comercios, incluso, en documentos de oficina (donde menudean). En esos contextos, la función comunicativa se cumple aun sin exquisitez en la pluma.

Por otra parte, en cuanto al habla, la interacción posible entre distintos tipos de personas con diferentes circunstancias a cuestas, brinda al lenguaje una riqueza fantástica que, de a poco, transforma su uso. No existe tal cosa como “destrucción del lenguaje”, al contrario, lo construimos y reconstruimos todos los todos los días, desde todos los frentes.

Existe, sin embargo, una policía ortográfica y gramatical, especialmente en redes sociales, que permanece en cruzada constante contra las incorrecciones y que se vanagloria de identificar y señalar gazapos a conocidos y desconocidos. Siempre con la mirada hacia abajo: “yo sí sé escribir, yo sí sé hablar, yo sí fui a la escuela”.

La gran mayoría de quienes utilizamos plataformas sociales de internet pasamos por la educación básica, donde supuestamente nos enseñan las formas y normas del lenguaje en distintas formas de expresión. No obstante, esta instrucción base no es igual para todos. Menos aun lo son las circunstancias que la enmarcan.

Existen numerosos factores que modifican los procesos de enseñanza y aprendizaje. Ya el lugar: zonas urbanas y rurales, ya el nivel socioeconómico, ya las condiciones familiares. Muchos elementos intervienen en la posibilidad de las personas para asimilar lo que les enseñan en la escuela, incluso temas que consideramos básicos como aritmética y, en este caso, ortografía y gramática.
Por supuesto, también interviene el interés personal por pulir la escritura, mas no es la única condición que explica las habilidades que una persona tiene para escribir.

Existen competencias indispensables para actividades específicas. Contextos en los que habrá poca o nula tolerancia para equivocaciones en textos: publicidad, periodismo, educación, cultura, entre muchos otros. Además, habrá otros rubros profesionales en los que, sin ser sujetos de pena capital, se agradece la claridad y el apego a las normas.

Lo que considero importante por reconocer es que el lenguaje no es un ente fijo, inmutable ni susceptible de apropiación. No es ‘nuestro’ lenguaje ni lo poseemos y no hay una forma inequívoca de utilizarlo. Se transforma, modifica y es tan diverso como las personas que lo usan.

Aquellas muestras de erudición que corrigen las faltas en las reglas, considero que obedecen más a un afán elitista que a una intención de enseñanza. Son, pues, una manifestación discriminatoria que refleja el profundo carácter clasista de la sociedad en que vivimos. Una oportunidad más para mirar al otro hacia abajo.



LA DEL ESTRIBO


Sea este un espacio para compartir una perspectiva de tan variados temas como se le ocurran a este servidor. Dejemos fuera complacencias y condescendencia en el pensamiento. Opiniones claras y libres que confronten, para construir. Bienvenidos.