30 centímetros menos

30 centímetros menos

Opinión
|

Crónicas viajeras

.


Hace unas semanas, me armé de valor y fui a un salón de belleza. Me hicieron una larga trenza con una liga muy pegada a mi cuello. La mujer acercó una máquina de afeitar y cortó de un solo movimiento muchos centímetros de mi melena. Y así sin más, comenzó una conversación bastante interesante. 
Quien no le cuente su vida entera a la persona que le corta el pelo no ha vivido la experiencia completa. Manolo, el que me cortaba el pelo desde que tenía 15 años, sabe más de mi vida que mi propia cuenta de Instagram. Debido a la obvia distancia que me separa de Manolo, fui en la búsqueda de alguien que me ayudara a recuperar ese ritual. Me encontré a Laura y durante dos horas me explicó dónde estaba el secreto de sentirte guapa. 
Por alguna razón, durante un tiempo, pensé que la mejor manera en la que me podía ver era con el pelo muy largo. Muchas tonterías me pasan por la cabeza, lo sé. Pero Laura, después de haberme quitado kilos de la cabeza, me contó que en su larga experiencia, le seguía sorprendiendo lo fácil que es para la mujer dudar de su propio atractivo personal. 
El entorno que nos rodea nos dice que tenemos que correr maratones, lograr la posición de yoga más difícil, tener un alto rendimiento laboral, no descuidar las relaciones con la familia y amigos, ser seguras los 365 días del año y llevar una sonrisa pegada a la mandíbula hasta cuando dormimos. Ser un maniquí sin sentimientos, básicamente. 
Y continuaba: Cuando una mujer va a comprarse unos pantalones y no le quedan, ¿de quién es la culpa? De ella, claro. Sus piernas no son lo suficientemente largas, sus caderas son anchas, sus muslos son grandes, etc. Da igual que la mujer sea una belleza. Da igual que los pantalones estén diseñados para un cuerpo inexistente, es la mujer la que tiene que cambiar para entrar en los pantalones. Cambia pantalones por otras expectativas inalcanzables, quítale espacio y añade más presión ambiental y entenderás la campaña contra la seguridad personal que respiramos cada día. 
Pero, según Laura, ella había entendido algo. Todo es vencible. “Sentirte guapa, cariño, es una cuestión tuya. Es como el olor, no lo ves, pero lo sientes”, me dijo con un acento italiano. “Han pasado por aquí muchas mujeres que con un cambio de look, se han dado cuenta que son guapas y el pelo no tiene nada que ver con la ecuación. Es con el cambio de percepción.” 
Salí de allí con una trenza en la bolsa y con muchas dudas en la cabeza. Estaba buscando en el sitio equivocado. Así que ahora estoy recuperando hobbies que tenía olvidados. Hablo más con la gente que quiero. Alargo las sobremesas con los amigos. Leo sobre mujeres que hablan más de sus sueños que de su apariencia. Voy los lunes por la mañana a la oficina sin arrastrar los pies. El otro día me probé unos pantalones, no me quedaron. ¿De quién será la culpa? Mía no. Lo que cunden dos horas de corte de pelo, eh…