‘Esclavos de la consigna’

‘Esclavos de la consigna’

Opinión
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El periódico español El País publica en su edición de ayer una entrevista con el literato, pensador y diplomático chileno Jorge Edwards.


El periódico español El País publica en su edición de ayer una entrevista con el literato, pensador y diplomático chileno Jorge Edwards. A pregunta y respuesta, el liberal chileno de 87 años, explica al periodista Juan Cruz cómo rompió con el pensamiento de la Revolución Cubana de Fidel Castro. 


Edwards, en su juventud pensador de izquierda, se da cuenta que las libertades en Cuba no existen y que la vida política era un remedo del estalinismo ruso. El caso Heberto Padilla, poeta disidente encarcelado por Fidel, dio las primeras señales de represión para los intelectuales que quisieron escucharlas. Edwards, Vargas Llosa y Octavio Paz fueron algunos de ellos. 


Entonces publica un libro llamado “Persona non grata”, en 1973 donde rompe con los intelectuales latinoamericanos que defendían la Revolución como Pablo Neruda que le recomendó no publicarlo o Julio Cortazar que prefirió alejarse de él. 


Edwards, galardonado con el Premio Cervantes y con múltiples distinciones vuelve al tema de la evolución de su pensamiento con su segundo libro de memorias llamado “Esclavos de la consigna”. 


El libro es reciente pero el título de una historia que proviene desde los sesentas y todo el mundo intelectual de la época, brinca de nuevo al México de hoy.  Recuerdo las consignas que, como verdades absolutas, coreábamos los estudiantes de la Federación de Estudiantes de León. O las consignas del propio gobierno de Luis Echeverría con su lealtad a Chile y a Cuba, con su demagógico tercermundismo. Éramos esclavos de consignas antiimperialistas, anticapitalistas. 


En Chile Salvador Allende reventó la economía con un estatismo que ahogó todo y rompió todo. Dice Edwards al periodista Juan Cruz: “Allende no sabía de economía. Fue su drama”. 


No, la historia no se repite pero cómo se parece. El Dr. Allende era un gran orador que creía en la democracia hasta que no pudo con ella. Su ingenuidad lo llevó a su muerte de mártir en 1973. El pueblo chileno no pudo soportar la ruptura de la economía, una de las más estables antes de su llegada al poder. Augusto Pinochet lo traicionó pero rescató la economía.


En pocos días vemos que en el país hay una masa de políticos que se pliegan a los dogmas económicos de AMLO. Basado en recuerdos anteriores a la apertura, el nuevo Gobierno quiere ser autosuficiente en casi todo: energía, maíz amarillo, gasolinas, petroquímicos. Desdeña la apertura y la conectividad del mundo destruyendo a gran costo el NAIM y predica una contención y reducción salarial del Poder Judicial con un empeño que vulnera su independencia. 


Son consignas irracionales que trastocan ya la certidumbre en el futuro. Quienes pensamos en un país plural y de libertades, tenemos temor fundado de que la consigna se quiera extender a todos los ámbitos. Como decían en la Revolución Cubana: “Todo con la Revolución, nada contra la Revolución”,  ahora será “Todo con la Cuarta Transformación, nada contra la Cuarta Transformación”. 


Los jueces y magistrados se manifiestan en libertad para no perder sus ingresos, que de ninguna forma son deshonestos. Además acusan al Ejecutivo y al Legislativo de querer socavar el libre acceso a la justicia de las minorías. Ricardo Monreal, líder del Senado y Mario Delgado, líder de los diputados vuelven a arremeter. Los quieren someter, no cabe duda.


Quieren que el Poder Judicial sea esclavo de sus consignas. Nuestros personajes de Morena, que ya rondan la tercera y la cuarta edad, siguen esclavos de su adolescencia ideológica. Y tienen el poder.