Las palabras sin sentido

Las palabras sin sentido

Opinión
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Sin lugar a dudas a veces la voluntad no basta para administrar o gobernar. Los hechos son más necios y persistentes

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La semana pasada me refería a la soledad política que acompaña la toma de decisiones de la ciudadana Elvira Paniagua, y el nulo o equivocado apoyo que tiene de su primer círculo de colaboradores. Está claro que todos aquellos personajes que han hecho de la política un modus vivendi, buscan las fracturas o los momentos clave para sacar provecho personal en nombre de una grey o gremio, e incluso de la “fama” o imagen pública que suelen tener.  Alejarla de esos temas parecía saludable, pero en estos primeros meses del  nuevo gobierno y de la toma de las riendas de la administración municipal, la pusieron en un cerco donde la selección de sus colaboradores fue reducida y de poco peso.


Sin lugar a dudas a veces la voluntad no basta para administrar o gobernar. Los hechos son más necios y persistentes que la sola invocación de solucionarlos. En estos días el tema de la venta de pirotecnia y uso indiscriminado de los famosos cohetes, sacó a una tercia de colaboradores municipales a declarar a la prensa que estarían vigilando la venta ilegal. Pusieron como muestra no más de 190 kilos decomisados, entre ellos 15 kilos decomisados en el “Becerro”.


El 12 de diciembre Celaya amaneció irrespirable. La costumbre y la impunidad se impusieron. El 29 de octubre la ciudadana Paniagua, refería sobre el uso de la pirotecnia: “La realidad es que nunca se ha eliminado, en ningún lado, ni en las comunidades ni colonias, y creo que es momento de un replanteanteamiento, ver que es lo que vamos a hacer, inclusive con la propia ciudadanía porque mucho se da en fiestas de comunidades y con los “padres” habrá que platicar”.


Las recomendaciones oficiales por la contaminación ambiental fue muy tajante: “se recomienda evitar actividades al aire libre”. Fiscalización, Protección civil y Seguridad pública poco pudieron hacer para controlar la venta indiscriminada y el uso de la pirotecnia y quema de llantas. El cielo amaneció gris y ennegrecido.


El poder publicó, representado por la Presidente municipal, prácticamente fue ignorado por el obispo Benjamín Castillo Plascencia, con el que había dialogado la ciudadana Paniagua para inhibir el uso de la pólvora en las celebraciones religiosas, a pesar de que es uno de los gremios más favorecidos por todas las administraciones poca respuesta dio.  Recordemos el piso de cuatro millones de pesos que se construye en el corredor de la Iglesia de San Francisco y la constante y millonaria ayuda que se les brinda.


Se dice que gana la tradición, pero deberíamos preguntarnos si es la tradición o la omisión. Los lugares de venta son los mercados, los tianguis, las calles tradicionales de comercio navideño. Si la venta es pública, obviamente “fiscalización” tiene la responsabilidad de evitar la venta y realizar el decomiso con el apoyo de los elementos de seguridad pública. Pero los datos del decomiso son de risa.


Ahora los sitios donde se realizaba el uso o quema de pirotecnia son públicos, y la evidencia era por demás audible y visible, pero no hubo ningún reporte público de detención, inhibición o persuasión para que se limitara o se dejara de hacerlo. En el caso de los sitios de culto, no se notó ni la mínima intención de persuadir o exhortar a la gente a dejar de hacer uso de los artefactos explosivos. La voz del Obispo no les llegó, no la hubo, o bien se la brincaron los pastores de las ovejas descarriadas.


Hay una omisión muy clara de los encargados de dar cumplimiento a la veda de venta y uso de pirotecnia. En voz del trio de encargados de esta encomienda, se escuchó cuando citaron que “el año pasado, debido al uso de pirotecnia, tres viviendas fueron siniestradas resultando lesionados un menor y un adulto, a éste último se le amputó una mano”. Como usted sabe, argumento sin acción, no obtiene resultados.


Recordemos que en Celaya quedó prohibida la venta y quema de pólvora desde 1999, año en el que ocurrió el ‘Domingo Negro’, donde más de 70 personas perdieron la vida tras la explosión de un comercio ilegal de pirotecnia. En diversos sitios de esa zona trágica, los peritajes señalaron que había más de 11 toneladas de pólvora acumulada, mucha de ella no explotó, pero la que sí lo hizo provocó la tragedia.


En unos días más vienen las fiestas de navidad y fin de año. La lógica absurda: “si hay demanda de pirotecnia habrá venta”, probablemente se imponga. Desde luego, eso no debería de ocurrir, dada la experiencia trágica que hemos tenido en la ciudad. Pero si aquellos que tienen la responsabilidad moral de evitarlo, así como aquellos que tienen la obligación legal  de evitar la venta y uso, hacen caso omiso por corrupción o conveniencia pondrán la chispa para repetir la tragedia.


En su función de primer responsable de lo que ocurra en nuestra ciudad, la ciudadana Paniagua, requiere que su voluntad de poner orden y seguridad sea escuchada y atendida por su gabinete. La negligencia, la omisión de sus funcionarios o servidores públicos hasta el día de hoy la han colocado en la cuerda floja. Hay asuntos que por su propio peso rebasan ya la medianía o mediocre respuesta de algunos encargados de la administración municipal, no ayudan y se están convirtiendo en un lastre que sin lugar a dudas, hundirán este gobierno. Una cadena de complicidades se nota nuevamente en el comercio ilegal de pirotecnia,  y puede explotarles en las manos.


Revolcadero


“Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores”. Eso decían en las monarquías, ahora se dice de otro modo.