Con doce años de edad, perdió a su mejor amigo. Siempre lo recordará

Con doce años de edad, perdió a su mejor amigo. Siempre lo recordará

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Doce años fueron suficiente para que fueran amigos por siempre.

Kaleb Klakulak y Kenneth Gross Jr, amigos por siempre. FOTO: Internet

Kaleb Klakulak tenía grandes planes para Kenneth Gross Jr, mejor conocido como "KJ", su mejor amigo. Para él, jamás fue una cuestión de saber si KJ saldría del hospital; sino cuándo lo haría.
KJ tenía todo un historial de batallar con un cuerpo que lo traicionaba: una vacuna para la gripa lo enfermó cuando tenía 13 meses; poco después se enteró de que tenía leucemia; lo que causó que tuviera dos trasplantes de médula ósea. Pero KJ rara vez se quejaba.


“Era feliz aunque pasaba por todas esas cosas”, observó Kaleb Klakulak, un chico de 12 años y de pocas palabras.


 



Los años de quimioterapia y radiación desgastaron el órgano más importante de KJ, desarrollando a los 9 años, insuficiencia cardiaca congestiva y el 7 de enero de 2018, faltando unos cuantos días después de cumplir 12 años lo internaron en el hospital, pues necesitaba un trasplante de corazón.


Kaleb no perdía el ánimo. Cuando KJ saliera, él y su madre se mudarían al norte desde Warren, Michigan, a Romeo, Michigan, donde viven Kaleb y su familia. Ambos vivirían a unas cuantas cuadras, como lo habían hecho cuando se conocieron en segundo grado.
El 1 de mayo, Kristy Hall, la madre de Kaleb, contestó una llamada de la madre de KJ; le dio un mal presentimiento, y su intuición estaba en lo cierto.


“Recuerdo que de regreso a casa pensé: ‘¿Cómo se lo voy a decir mi hijo?’”, dijo Hall.

Kaleb y KJ se conocieron hace cinco años, no podían dejar de hablar el uno del otro e insistían en pasar horas en la casa del otro. 
Ambos eran inusualmente callados y los habían criado madres solteras en ese entonces. Incluso se parecían físicamente, de acuerdo con LaSondra Singleton, la madre de KJ.


“Mejillas regordetas”, dijo Singleton. “Yo digo que son hermanos de raza distinta”.

En ocasiones los niños dejaban los videojuegos y pasaban todo el día en Greenfield Village —un conjunto de edificios históricos— o veían una película. Kaleb invitó a KJ a su iglesia, y KJ se volvió asiduo del lugar, pues le encantaba cantar.
Todo terminó a principios de este año, cuando KJ fue hospitalizado por última vez. Necesitaba un nuevo corazón y lo internaron en la unidad de terapia intensiva, con un tubo en la garganta que le impedía hablar. Se deprimió y los médicos recurrieron a Kaleb para que lo ayudara.


Todos los martes, por meses, Kaleb y su madre visitaban a KJ. Los niños jugaban un videojuego de luchas y también pintaban. No tenían que comunicarse verbalmente, dijeron sus madres. Kaleb elegía los colores de KJ, pues al parecer sabía qué quería.
Cuando daban las tres de la tarde, KJ extendía las manos para orar. Los miércoles, Hall usaba FaceTime para comunicarse con KJ desde la iglesia. Hall dijo que la canción de alabanza favorita de KJ era “10.000 razones”, cuya letra tiene un verso profético.


Y ese día
Cuando mi fuerza flaquee
El final se acerque
Y mi hora haya llegado
Mi alma seguirá cantando
Tu alabanza sin fin
Diez mil años más
Y después para siempre
Por toda la eternidad

Singleton, de 46 años, siempre supo que su hijo estaría esperando mucho tiempo en el hospital. KJ había estado expuesto a muchos anticuerpos, así que necesitaría el corazón adecuado. Mientras tanto, los médicos le colocaron un dispositivo en el ventrículo izquierdo esperando que le diera una mejor calidad de vida.

“Pero no funcionó como esperaban”, comentó Singleton.


Constantemente le preguntaba a su hijo “si quería un corazón”. Durante un tiempo, su respuesta escrita en un pizarrón blanco fue: “Sí, mamá”.


En abril, después de más altibajos, Singleton preguntó de nuevo.


“No me respondió”, dijo con lágrimas en los ojos. “Tan solo me vio fijamente”.


El 1 de mayo fue martes, y Kaleb se estaba preparando para ir a visitar a su amigo.
Pero cuando Hall le envió un mensaje de texto a Singleton para preguntarle si KJ estaba de humor, Singleton la llamó, una señal, dijo Hall, de que “algo estaba mal”.
KJ había empeorado. Su madre le quitaría el soporte vital. Esa visita sería una despedida.
Hall le explicó la situación a su hijo lo mejor que pudo. Pero “él seguía viéndome”, recordó. “Fue un trayecto en auto extremadamente silencioso”.
Ese día, mientras KJ aún estaba vivo pero inconsciente, Kaleb lloró y tocó el brazo de su amigo. Había otras personas en la sala del hospital, así que no dijo gran cosa.


KJ murió ese día. Singleton, había dejado de trabajar cuando internaron a su hijo por última vez en el hospital, y siguió desempleada durante los primeros meses después de su muerte por lo que no podía pagar una lápida.
Kaleb escuchó que su madre hablaba de eso y sintió curiosidad. 
Su primera idea fue hacer camisetas de KJ y enviarlas a celebridades de YouTube para pedir donaciones. Hall sugirió algo más: una donación en un sitio de PayPal. Juntos, decidieron no pedir dinero simplemente; Kaleb trabajaría para obtenerlo.
Recolectó suficientes botellas y barrió suficientes hojas. Subieron la publicación de PayPal a la red después del Día de Acción de Gracias. En días, Hall y su hijo llegaron a la casa de Singleton con flores, un pastel de manzana y 900 dólares. Esperaban que el dinero de PayPal sumara 2500 dólares, lo suficiente para comprar la lápida.


“Eso me sorprendió sobremanera”, dijo Singleton.


 The Detroit News, la semana pasada, publicó un artículo sobre el esfuerzo de Kaleb y las cifras de la campaña de recaudación de fondos se dispararon. Hasta el 17 de diciembre, la página de donaciones señalaba que se habían recibido más de 3300 contribuciones.
Hall dijo que solo le revelaría la cantidad a Singleton. Kaleb dijo que estaba feliz de que la gente fuera tan generosa.


“Honestamente, estoy orgullosa de él por llevar a cabo su deber, lo que todos deberían hacer”, comentó Hall. “Debemos ayudar a la gente que amamos”.


El 9 de diciembre, en entrevista telefónica, Singleton dijo que no estaba segura de qué quería que dijera la lápida de su hijo.

“Lo he dejado pasar porque siento que es la última etapa”, comentó.


Cuando le preguntaron el 11 de diciembre si había decidido cuál sería el mensaje, Singleton lo leyó:
KJ Gross
Amado hermano, hijo y amigo