Gasolina a 30 pesos. Ataca el machete de nuevo

Gasolina a 30 pesos. Ataca el machete de nuevo

Opinión
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Guanajuato está a punto de detenerse si no se resuelve hoy el desabasto de gasolina y diésel.


Guanajuato está a punto de detenerse si no se resuelve hoy el desabasto de gasolina y diésel. El problema surge de nueva cuenta por decisiones atrabancadas, ninguna otra explicación puede justificar el sacrificio de decenas de miles de ciudadanos que hicieron colas de hasta tres horas para tratar de llenar el tanque. 


Héctor Aguilar Camín ejemplifica con sorna: si para acabar con el huachicol hay que cerrar los ductos, entonces para acabar con el robo a transeúntes, hay que acabar con los transeúntes. 


El asunto no tiene vuelta de hoja: o abrían los ductos y rápido o tendríamos un colapso en la economía regional. Por fortuna el director de Pemex, Octavio Romero, ya entendió la enorme bronca en la que estaba metido.


Hubo fenómenos inmediatos en la crisis. Ya el domingo la gasolina cobró otro valor, el equivalente a un gasolinazo que va del 20 al 50% de lo marcado en los expendios. No es que hayan subido el precio en la bomba, ante cualquier escasez, siempre hay ventaja de algunos que especulan con la urgente necesidad.


El primer sobrecosto es el precio del tiempo de espera. Cualquier persona debe saber cuánto vale su tiempo. Isaac Katz, maestro economista del ITAM, lo explica muy bien. Ante una demanda que supera con creces a la oferta, aunque se mantengan los precios por regla, las largas esperas representan un sobrecosto. Si se gastan mil pesos en llenar un tanque y se tarda tres horas, póngale precio a su tiempo y verá valor real de comprar 50 litros de gasolina.


Luego la naturaleza humana brinca como en todos los mercados. Algunos empleados de gasolineras vieron el filón y comenzaron a desviar producto en bidones para venderlo a 30 pesos el litro. Un familiar tenía urgencia de gasolina. Esperó varias horas y cuando faltaban siete autos para llegar a surtir, se terminó. Después le ofrecieron bidones de diez litros a 300 pesos. No tuvo más remedio que comprarlos.


Cuando falta la oferta de cualquier producto, llámese gasolina, dólares o tortillas, surge el mercado negro. Es automático y no hay poder que lo abata. Sucede en Cuba y en Venezuela, sucede en los teatros donde no son suficientes las butacas o en el futbol cuando viene el América a una final.


El desgaste de la “Cuarta Transformación” y sus errores de octubre, noviembre, diciembre y enero, sólo se comparan con la angustia de 1995, cuando perdimos el 6% de producto interno después de una enorme devaluación que llevó al peso de 3.5 a 8 por un dólar. En esos años Ernesto Zedillo sacó todas sus virtudes de buen administrador y terminó con el mejor sexenio en cinco décadas.


Hoy las intenciones fueron buenas: darle una enfriada a los huachicoleros y drenarles su negocio. Pero al tratar de extirpar el cáncer de un golpe, fastidiaron a ocho estados y el ánimo de millones de ciudadanos.


Vemos demasiados frentes abiertos: la tragedia absurda del NAIM; la sinrazón de la rebaja en los salarios y prestaciones en el sector público; los despidos sorpresivos en dependencias; los recortes unilaterales del Congreso a entidades autónomas y el ataque al Poder Judicial. Qué decir de la postura arcaica de mantener la “Doctrina Estrada” de no opinar nada sobre otros países (Venezuela), para que no se metan con nosotros. Es demasiado.