Refinería en ruinas

Refinería en ruinas

Opinión
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La refinería Antonio M. Amor, ubicada en Salamanca, se encuentra en terapia intensiva.

Son varias las plantas paradas en la refinería de Salamanca, de las al menos 51 que funcionan en el complejo Antonio M. Amor. Foto: Cortesía / Karina Urbina.


La refinería Antonio M. Amor, ubicada en Salamanca, se encuentra en terapia intensiva. O tal vez en estado de coma.


Más allá de la apertura o no del ducto que facilite la distribución de la gasolina que tiene a los habitantes de Guanajuato y los estados vecinos en una situación precaria por el abasto de combustible, existen elementos que no deben ser obviados en una coyuntura que al interior del complejo de Pemex se vive como una crisis, según fuentes consultadas por quien esto escribe.


La mañana de este martes el presidente López Obrador señaló que fue descubierta una “instalación clandestina de los tanques de gasolina hacia un depósito fuera de la refinería, con una manguera de 3 kilómetros, esto fue ya descubierto por el Ejército”, dijo, tras presumir que las acciones tomadas hasta ahora han significado un ahorro de 2 mil 500 millones de pesos.


Mientras, el gobernador Diego Sinhue se reunió en la capital del país con el director de Pemex, Octavio Romero, quien se comprometió a enviar más combustible al estado, y al mismo tiempo, los ciudadanos multiplicaban las filas en las gasolineras para intentar abastecer sus vehículos.


Pero las cosas al interior de la refinería echan más humo que lo que se ve desde Salamanca o cualquier punto cercano a esa ciudad.


Un dato clave, según reportes confirmados, es la ausencia del químico MTBE, indispensable para “endulzar” las gasolinas en la planta conocida como Hidro II o Hidro 2. Sin esa materia prima, el combustible no puede ser terminado y en consecuencia, la gasolina no se puede considerar como un producto finiquitado, para ser empleado por los vehículos.


Ese químico, aseguran, no sólo tiene parada esa planta, cuya tarea consiste, repito, en “endulzar” la gasolina -ese es el término que utilizan en la planta- sino varias más.


El faltante de ese químico clave, confirman, existe, al menos desde el 31 de diciembre, y los trabajadores no tienen notificación alguna sobre la fecha de abasto del mismo para reactivar labores. Repito: son varias las plantas paradas en la refinería de Salamanca, de las al menos 51 que funcionan en el complejo Antonio M. Amor.


Estoy en posición de confirmar que las revisiones de los elementos de las Fuerzas Armadas al personal de Pemex han sido más exhaustivas en los accesos del área de Mantenimiento a Talleres -por donde acceden unas dos mil personas- que por donde ingresa el personal de Operaciones. “Nos revisan como cuando entras a un concierto, no es nada del otro mundo”, me contó un trabajador, quien solicitó no revelar su identidad.


Otro funcionario me dijo que lo que es conocido en la refinería es el robo de los camiones que salen de la refinería, pero no con gasolina, sino con asfalto, así como el robo hormiga de cables de acero y cobre, particularmente de este último. “Pero eso todo mundo lo sabe”, dijo con resignación y hartazgo.


Más allá de la vigilancia de las fuerzas federales dentro y fuera de la refinería, así como el deslinde de las responsabilidades por la toma localizada por el Ejército, anunciada por AMLO, resulta clave dimensionar el estado precario en el que opera, si así se le puede llamar, a lo que ocurre en el complejo de Salamanca.


De forma paralela a la construcción de la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, urge rehabilitar las refinerías ya existentes. Por lo descrito, reina el desorden y no existe fiscalización alguna. Y ante todo esto, yo me pregunto, ¿en dónde está el líder del sindicato?, sí, usted, señor Romero Deschamps.


 


El autor es Director Editorial de Quinto Poder y colaborador de AM en la Ciudad de México.


Twitter: @memocrois


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