Modelando el desabasto

Modelando el desabasto

Opinión
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La gente usuaria de vehículos, ese 45% de los abajeños (oriundos del Bajío) y occidente, padece estos días de desabasto de gasolina


La gente usuaria de vehículos, ese 45% de los abajeños (oriundos del Bajío) y occidente, padece estos días de desabasto de gasolina, tan necesaria para la vida cotidiana como el alimento, el agua y la energía eléctrica. Para explicarlo (proponiendo ideas para resolverlo), es necesario recurrir a los modelos que utiliza la llamada teoría general de los sistemas (disciplina por cierto que es parte de la formación de los ingenieros) y que este artículo resumiré como TGS.


No los aburro con este intento de clase, pero sí les comparto que esta teoría (la TGS) trata de describir la complejidad de los sistemas sociales y que aplicaré en este caso, al desabasto de combustible. Esta teoría recurre a modelos matemáticos ya probados como el “simplex” y el “método del transporte” que nos ayuda a comprender la complejidad de la logística. 


El problema general del transporte se refiere a la distribución de mercancía desde cualquier conjunto de centro de suministro, denominados orígenes (fuentes, en nuestro caso, las refinerías de Pemex, hasta cualquier conjunto de centros de recepción, llamados destinos (en nuestro caso, TAR o terminales de almacenamiento y reparto de Pemex), de tal forma que se minimicen los costos totales de distribución (en nuestro caso, el transporte de combustible por los ductos de Pemex).


Cada origen (refinerías) tiene que distribuir ciertas unidades a los destinos (TAR) y cada destino tiene cierta demanda de unidades (litros de gasolina) que deben recibir de los orígenes.


Bien. Para modelar el problema -que se traduce que en el Bajío no tengamos gasolina-, definamos como variable “y” (o dependiente) al abasto (en este caso desabasto).


Las variables independientes o explicativas son: x1 la tasa de “mermas” (para llamar elegantemente al robo que hacen los “huachicoleros”), x2 es el precio (elasticidad al precio o cambios en el consumo por cambios en el precio), x3 el ocultamiento provocado por los distribuidores al almacenar combustible comprado barato para venderlo caro, x4 la política de distribución de Pemex (en nuestro caso, los cortes del flujo que hacen los funcionarios cuando se detecta el robo por parte de los huiachicoleros), como variable x5 el incremento en la demanda por parte de los “apanicados” consumidores que temen quedarse sin gasolina para sus actividades cotidianas. 


Podría incluirse (x6) que es la toma de las instalaciones de Pemex por parte del Ejército y que inhibe a los ladrones a extraer el líquido y por último podemos incluir una “variable de holgura” (x7) que es el uso de medios alternos de transporte (en este caso, pipas). 


No es tan difícil modelar un sistema como el de ductos de Pemex (seguramente sus sistemas de control de tuberías tienen algoritmos como estos, donde las “restricciones” del modelo son los ductos disponibles y la demanda en diferentes TAR. 


Así que esta semana se dieron las siguientes condiciones: se incrementaba el robo (x1) por el incentivo de la impunidad; se mantiene el mismo precio (x2), lo que hizo aumentar la demanda), se oculta el combustible como hace dos años para que los distribuidores le ganen unos centavitos extra (x3), Pemex tiene nuevas estrategias de distribución al ser supervisados ya por el Ejército (x4) y si como se dice, los leoneses al saber que no hay gasolina, cargaron al máximo sus tanques (incremento al menos al doble de la demanda x5), pues se explica rápidamente el desabasto que sufrimos. 


El asunto es que todas las variables independientes (x) provocan que la variable dependiente (y) caiga a valores de hasta la tercera parte del gasto en m3 que abastece a la zona y no llegue combustible a las TAR y menos a las gasolineras. 


Sabemos que en esto no tiene nada qué ver el gobierno municipal ni el estatal, es un asunto federal. Sondeando al público en las estaciones de servicio de León y de San Pancho, el 85% de los 100 encuestados haciendo filas en las gasolineras, identifica “que se debe al Gobierno Federal el problema”. 


Sólo el 28% ha percibido “un aumento en el precio de la gasolina” y el 81% considera que “esto ha impactado en sus actividades económicas y sociales”. El 79% considera que el Gobierno Federal “no está haciendo algo para solucionarlo”. La causa que identifican mayoritariamente el 69% es el “robo de combustible”.


El desabasto de gasolina, decía, es junto con el desabasto de alimentos, agua y electricidad, clave para detonar descontento social y crear una percepción de desorden económico y, por tanto, de insatisfacción con el Gobierno. 


El asunto es que en un país con un modelo económico abierto, exógeno, neoliberal, como el que tiene México desde hace veintitantos años, el mercado funciona ya en ámbitos de la economía como al combustible y el Estado mexicano ya no tiene la capacidad de actuar como monopolio u oligopolio. 


Las crisis políticas inician cuando no funciona la economía. Lo constaté cuando asesoré al gobierno de Venezuela en la época chavista; las expropiaciones, las nacionalizaciones y la entrega de las empresas a los trabajadores no funcionan cuando éstas no son eficientes, cuando la productividad decrece y desde luego, cuando no opera el mercado que incentive a los productores. 


Específicamente en México, con el nuevo Gobierno, las decisiones de detener el precio de la gasolina y de controlar el abasto para reducir el robo, tiene ya en esta primera crisis, su primera alerta. El crimen organizado ha encontrado en el huachicoleo un negocio rentable que antes estaba en la extorsión, el narcotráfico y el secuestro y no quiere dejarlo.


Enorme desafío tenemos como sociedad, empresas y gobierno local, para trabajar junto con el Gobierno Federal para combatir este negocio criminal del robo de combustible; ya denunciando, ya evitando comprar lo robado, ya racionalizando el consumo, ya utilizando medios alternos de transporte, ya interesándonos por las energías alternas, ya transformando hoy el enojo en actitud. 


Fuimos un país petrolero y hoy somos importador de gasolinas y devorador de energías fósiles. Ya llegó el tiempo de la crisis de combustibles, ahora a preocuparnos y ocuparnos.


*Director de la Universidad Meridiano, A.C.