Guachicol: tiempo de suicidio

Guachicol: tiempo de suicidio

Opinión
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Ese día el gobierno de México tomó la decisión de frenar el robo de hidrocarburos a la empresa Pemex.

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El 6 de junio de 1958, nuestro querido Gabriel García Márquez realizó una crónica que tituló: Caracas sin agua, en unas cuantas páginas relata cómo después de 79 años la ciudad se enfrenta a la carencia de agua en medio de conductas absurdas e inexplicables de sus habitantes y de su gobierno:  La falta de agua, hacia que de todas las casas, “salieran animales enloquecidos por la sed…”


El martes 27 de diciembre, inició algo que recordando a Gabo, llamaría, Guanajuato sin guachicol. Ese día el gobierno de México tomó la decisión de frenar el robo de hidrocarburos a la empresa Pemex. En voz del Presidente se mencionó la cifra de más de 60 mil millones de pesos anuales como monto del saqueo, y a partir de ese momento se enfatizó en el daño económico. Un par de días después, en Jalisco, Estado de México, y en algunos municipios de Guanajuato como León, Irapuato, y Celaya los automovilistas empezaron a padecer la escasez de gasolina. Así empezamos a comprender la trascendencia de una acción que a simple vista se antojaba como un acto político de los miles a los que estábamos acostumbrados.


A partir de la declaración presidencial, los ductos que transportaban los hidrocarburos se cerraron. Ya no había nada que “ordeñar”, y las compras de pánico, los rumores fueron alimentando y acelerando la escasez de combustible. La distribución de gasolina, ahora, regresaba a la modalidad de transporte por pipas, retardando la entrega y aumentando por otro lado la sicosis de un desabasto eterno. La oportunidad de minar el gobierno le cayó como anillo al dedo a la oposición, y los expertos en manipular la opinión pública fueron sembrando mensajes de desestabilización política. La polarización entre los de abajo, ha sido épica, en cambio, los de arriba solo se han dedicado a observar y pensar cada acción que les permita arrinconar al gobierno en turno.


Haber dejado el asunto del robo de combustible en un tema económico que solo “dañaba a Pemex”, ha sido un error que generó los enfoques mas simplistas, dado que para los mexicanos, Pemex solo había sido una empresa ligada al bienestar de una elite mafiosa y depredadora, que al final del día, a ellos no les implicaba abandonar su modo, en algunos casos, precario de vida, pero seguro. Sin embargo, ahora la cotidianidad se rompía por un asunto guachicolero, por el que no valía la pena hacer fila por horas, o quizá por días para obtener unos litros de comodidad exprés.


Lo cierto es que el robo de combustible es un factor fundamental de violencia, crimen, impunidad, corrupción, quebranto de la Ley y sus instituciones. Y socialmente, ha sido un elemento de enriquecimiento de una elite, y en paralelo, una de las causas del empobrecimiento de millones de mexicanos, no solo por lo que deja de invertirse en desarrollo social, sino por lo que se paga para el sostenimiento de la empresa petrolera. Desde el gobierno de Vicente Fox, ya se calculaba una merma de 20 mil millones de pesos anuales. En el 2001, el periodista Raúl Gibb Guerrero, director del diario La Opinión de Poza Rica, documenta y denuncia el lucrativo negocio de los “chupaductos” en tierras jarochas. Por este trabajo es reconocido con el Premio Nacional de Periodismo, pero en el 2005 es ejecutado.


No es un asunto menor el robo de combustibles, porque ello ha creado un poder paralelo al gobierno oficial, apuntalado en la corrupción política y gubernamental. Solo para darnos una idea, en las entidades donde existen refinerías, y terminales de almacenamiento como Veracruz, Tamaulipas, Estado de México, Sinaloa, Puebla, y Guanajuato, son identificables por sus altos niveles de violencia y crimen. Y por donde pasan los ductos, y se realiza la ordeña menor, son sitios de alta peligrosidad y controlados por los grupos criminales en alianza con políticos locales.  De hecho los puertos, hoy es oficial, han sido los lugares de trasiego del combustible robado mediante barcos. La ordeña de los ductos en campo, no es comparable a la ordeña legal en las propias instalaciones de Pemex, que a decir de los especialistas es del 80%. Por eso, la actual custodia y vigilancia del ejército y la Marina se enfocó en las refinerías y terminales de almacenamiento.


En las entidades donde se desarrolló el mercado ilegal de la venta de combustible robado, también se generó una estructura de protección política, para nadie es desconocida la forma en que han sido asesinadas y desaparecidas más de 240 mil personas en nuestro país a las que se vincula con negocios ilícitos. Veracruz, Tamaulipas, son un ejemplo contundente de esta tragedia, y de la simbiosis entre crimen y política. No, el guachicol va mas allá de un simple tiket de compra.


Las pérdidas económicas por el robo de transporte, de mercancías, de negocios, de bienes personales, de autos, la violencia, tiene la marca de un emporio que está por encima de la Ley y las instituciones. Coincido con la periodista Ana Lilia Pérez Mendoza, quien señala, que este asunto es de seguridad nacional, pero no por el carácter económico, sino porque es un factor de poder político, y una herramienta para terminar por destruir lo que queda de las instituciones. La estrategia de los opositores es muy básica, se trata de aprovechar esta crisis de credibilidad para borrar toda huella que vincule a los gobernantes de los últimos 30 años con la estela de impunidad y crimen que dejaron sembrada.


Como usted se dará cuenta, estamos viviendo y pisando sobre un asunto que va mas allá de dinero, que bien pudiéramos decir nunca hemos visto pasar por nuestras manos, pero lo grave es que detrás de ello, está una lucha a muerte por el poder político de quienes lo perdieron. Lo cual significa, que un paso atrás, nos llevaría a seguir inmersos en esta pesadilla de crimen, violencia y pobreza.  Yo no creo en el suicidio colectivo, pero no niego que los hay.


 


Revolcadero


 


La crisis del agua en Caracas de 1958, no la solucionó el gobierno, ni la gente. Gabriel García Márquez relata el final con una línea: “Necesitó varios segundos para darse cuenta de lo que pasaba: llovía a chorros”. A veces ocurren milagros, solo a veces.